jueves, 26 de noviembre de 2015

Tirar a pichón parado

En nuestra serie de entradas dedicadas a la facilidad de determinadas tareas, hoy dedicaremos nuestra atención a la expresión "tirar a pichón parado", de evidente origen cinegético y de significación transparente en ese contexto. Nada puede ser más fácil que abatir un pichón cuando éste está posado y evitamos la complicación de acertarle en movimiento.

En este sentido, conviene notar que no son pocos quienes utilizan una versión degenerada de esta expresión ("tirar a balón parado"), quizá por la ubicua presencia del balompié en nuestras vidas. La imagen futbolística es manifiestamente errónea, al menos en el sentido en que habitualmente se emplea. Efectivamente, ni siquiera para los jugadores más técnicos es sencillo marcar a balón parado, especialmente en estos tiempos en que los árbitros permiten a los jugadores que forman la barrera colocarse donde mejor les parece.

El mundo futbolístico sí nos aporta, sin embargo, una expresión útil en el campo semántico en que nos movemos esta semana, el de la sencillez de alguna actividad.  Nos referimos a decir que algo estaba "para empujarla", refiriéndonos, claro está, a la pelota dentro de la portería, una vez vencida la resistencia de defensas y portero.

En todo caso, y dado que la caza es actividad extendida en todas las culturas desde tiempo inmemorial, no sorprende que la lengua inglesa ofrezca una expresión de origen y formulación muy similares a los de la construcción que hoy nos ocupa. Para connotar la facilidad con la que algo puede conseguirse, en inglés podemos decir que es a sitting duck (que podría traducirse como "un pato posado").  Conviene advertir, sin embargo, que la expresión inglesa subraya sobre todo la indefensión de quien es atacado o criticado mientras que la construcción española se centra más bien en la situación de ventaja de quien precisamente ataca o critica.

Ejemplos prácticos:
  • Teniendo en cuenta la baja popularidad de Obama en 2010, los republicanos tiraron a pichón parado en muchos escaños demócratas. Given how unpopular Obama was in 2010, many Democrats became sitting ducks for the Republicans.
  • Después de que su cotización se desplomara por los problemas de financiación, comprar la compañía era tirar a pichón parado para los tiburones financieros.  After its share price collapsed because of refinancing problems, the company became a sitting duck for corporate raiders.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Estar a huevo

La constante presencia de los huevos en nuestro lenguaje no tiene, como es sabido, origen ornitológico ni gastronómico sino que es consecuencia de la acepción que los relaciona con los testículos.  Efectivamente, un sinnúmero de expresiones en nuestra lengua pueden emplearse de forma indistinta con las tres palabras (pelotas, huevas, cojones) con las que, en orden creciente de zafiedad, nos referimos a las gónadas masculinas

En todo caso, nada tiene que ver con esta acepción la expresión que hoy nos ocupa, "estar a huevo".  Esta construcción trae causa más bien en el hecho de que, en el pasado, las gallinas eran tan abundantes y producían tantos huevos que el valor de estos era muy reducido.

Así, el Diccionario de la Real Academia Española recoge la expresión y la define en su primera acepción como "dicho de vender o costar, muy barato". Más relevante para nuestros intereses hoy es la segunda acepción, en la que haciendo equivaler esta locución con "a tiro", le asigna el significado de "al alcance de los deseos o intentos".  El Diccionario de Uso del Español, por su parte, ofrece las equivalencias a "asequible, posible".  Recuerda el María Moliner también que en México la expresión tiene un sentido muy distinto pues allí se emplea para indicar que algo se hace "a la fuerza, no voluntariamene".

En todo aso, el uso moderno de "a huevo" en España se refiere más bien a poder obtenerse con facilidad, sin necesidad de realizar un gran esfuerzo. Generalmente, además, se trata de algún asunto o tarea que antes no tenía esta condición y que, por causas sobrevenidas o por el mero paso del tiempo, se ha "puesto a huevo" o se ha "quedado a huevo".

Esta misma idea puede expresarse en inglés con la locución to be there for the taking (algo así como "estar ahí para que lo cojan") y la más infrecuente to be yours for the taking.  El Cambridge Idioms Dictionary nos indica que las empleamos para referirnos a algo que es muy fácil de hacer o de conseguir.

Ejemplos prácticos:
  • Con el euro como estaba, conseguir el contrato estaba a huevo. Given where the euro was trading, the contract was there for the taking.
  • Con los equipos que han caído eliminados en la primera eliminatoria, la Copa se ha puesto a huevo este año. If you look at the teams that are out after the first round, this year the Cup is there for the taking.
  • No niego que él estuviera capacitado pero cuando Pedro y Alberto se fueron, el puesto se puso a huevo.  I am not saying he was unqualified but when Peter and Albert left, the job was there for the taking.

martes, 24 de noviembre de 2015

Estar chupado


El lector habitual de estas páginas podría llegar a pensar que todas las tareas que se ejecutan en la oficina moderna requieren un esfuerzo hercúleo para ser completadas, inscribiéndose las más de las veces el desempeño profesional en la categoría de lo heroico.  Sin embargo, como observábamos hace unas fechas al referirnos a la expresión "blanco y en botella", la realidad es que nuestros quehaceres también incluyen tareas mucho más sencillas, a las que vamos a dedicar nuestra atención prioritaria esta semana.

Iniciamos nuestro recorrido en la expresión "estar chupado" que, aunque resulta algo pueril, sigue escuchándose en nuestras oficinas con alguna frecuencia.  Nos referimos aquí, lógicamente, a la segunda acepción que recoge el Diccionario de la Real Academia Española, es decir, la asociada con la facilidad de una tarea o actividad.

Señalemos, antes de seguir adelante, que la primera acepción de "chupado", que hace referencia a la extremada delgadez o extenuación de una persona, puede expresarse precisamente en ingles con el adjetivo skinny (algo así como "pellejudo"), más idiomático que thin. Los periplos del autor por Hispanoamérica le obligan también a alertar al lector de que "estar chupado" equivale para muchos hispanohablantes a nuestro "estar cocido", dado que chupar tiene allí en general un significado equivalente a beber, con el alcohol como objeto omitido en todo caso.

Si bien no es muy frecuente que encontremos labores extremadamente sencillas o fáciles en nuestro desempeño profesional, puede que ocasionalmente se nos encomienden, en un intento de demostrar nuestra inutilidad. Estemos, en todo caso, atentos ante encargos que puedan parecer "chupados" a primera vista pues no es infrecuente que tras esa apariencia inocua se encuentre, en realidad, un marrón de dimensiones apocalípticas.

Disponemos de numerosas opciones para incorporar al inglés este idea, que además de "estar chupado", podemos expresar en castellano con la muy similar construcción "estar tirado" o, más desusadamente hoy, "ser pan comido" ("ser muy fácil de conseguir", según el DRAE).

En primer lugar, tenemos dos expresiones de origen norteamericano con referencias a los pasteles.  Efectivamente podemos equiparar alguna tarea o labor a un cakewalk, una especie de paseo acompañado por música, cuyos pasos más meritorios recibían el premio de un pastel.  La expresión tiene hoy el valor de "algo fácil de conseguir" ("something easily accomplished", según The American Heritage Dictionary of the English Language).

Igualmente, podemos emplear a piece of cake ("un trozo de pastel", literalmente) en este contexto para referirnos a algo muy fácil de hacer.  Con parecida estructura, pero en un registro sensiblemente más zafio aunque aceptable, tenemos la construcción a piece of piss, más común en las oficinas británicas.  Para el no nativo, la expresión requiere además una cierta concentración en la pronunciación correcta y diferenciada de sus dos elementos principales.

En una línea más convencional podemos utilizar child's play (el equivalente literal de nuestro "juego de niños") o la británica doddle.  También podemos hacer referencia a la sopa de pato (duck soup), inmortalizada en el título de la película de los Hermanos Marx que conocemos en nuestro idioma como "Sopa de Ganso".

La opción más idiomática y evocadora, y probablemente la más aconsejable especialmente si la utilizamos en sentido negativo (como en nuestro ejemplo), es a walk in the park. Las connotaciones idilícas de un relajado paseo por el parque reflejan a la percepción lo que pretendemos expresar. Es además frase que se presta al lucimiento personal en la pronunciación, al incorporar dos palabras como walk y park, que pese a su aparente sencillez marcan la diferencia cuando los hispanohablantes se aventuran en el inglés.  Por extensión, también podemos decir con el mismo sentido que algo no va a ser un picnic.

Ejemplos prácticos:
  • Después de conseguir que el jefe de riesgos lo aprobara el resto del proceso fue pan comido. Once we got it approved by the risk manager, the rest of the process was a cakewalk.
  • Me dijo que el examen del CFA III estaba chupado. Menudo gilipollas. He told me the CFA III examination was a piece of piss. He's such a wanker.
  • Convencerles para que acepten el nuevo calendario no va a ser nada fácil. Getting their approval for the new timetable will be no walk in the park.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Vender la moto


De forma improvisada y algo caótica, hemos dedicado a lo largo del tiempo varias entradas a expresiones relacionadas con los muchos engaños, consumados o tentativos, que tienen lugar cada día en la oficina moderna.  La serie nos acerca hoy a una expresión de indudables relevancia e interés y que nos resulta esquiva desde hace tiempo.  Hoy, gracias a una sugerencia de uno de nuestros más ilustres comentaristas, creemos estar en disposición de acometer definitivamente su análisis y ensayar su traslado a la lengua inglesa.

Nos referimos, claro está, a "vender la moto", locución verbal de uso frecuente en nuestras oficinas pues, como se verá, viene a describir un conjunto de conductas muy extendidas en el ambiente laboral y aún fuera de él.   No resulta, en todo caso, evidente la razón por la que recurrimos precisamente a la moto en este caso aunque es cierto que también podemos escuchar la variante "vender la burra".

Para esclarecer el sentido preciso de la expresión, partamos de la definición que nos ofrece el Diccionario Akal del Español Coloquial: "engañar a alguien, intentar convencerle de que se le ofrece lo mejor".  Efectivamente, en muchas ocasiones es el engaño el elemento principal que subyace cuando usamos esta expresión.  Podemos, así, decir de alguien que "le vendieron la moto" con un sentido muy parecido al de otras expresiones que hemos tratado aquí como "le dieron gato por liebre" o "se la metieron doblada".  Nótese que, en este contexto, el reproche va más bien dirigido al comprador (que "se dejó" vender la moto) que al artero vendedor.

Disponemos en inglés británico de una expresión que también se refiere a la venta y que podemos emplear con un sentido muy parecido al descrito.  Se trata de to sell a pup, que podríamos traducir como "vender un cachorro".  El Cambridge Advanced Learner's Dictionary define esta locución como "engañar a alguien para que compre algo que no tiene valor" ("to deceive someone into buying something which has no value").  Una vez más nos encontramos con la antigua práctica mercantil de intentar hacer pasar un animal (el gato) dentro de una bolsa por otro (la liebre).

En el mismo diccionario encontramos también una referencia a otra expresión parecida, to sell someone a bill of goods, algo así como "vender una lista de mercancias".  El McGraw-Hill Dictionary of American Idioms la define como "hacer creer a alguien algo que no es cierto; engañar a alguien" ("to get someone to believe something that isn't true; to deceive someone").

Volviendo a la definición que ofrecíamos más arriba para la locución española, debemos hacer notar que la misma puede emplearse en ocasiones con un sentido algo distinto, que subraya más bien la insistencia para convencer a alguien de la bondad de alguna cosa o propuesta.  Nótese que decimos "convencerle de que se le ofrece lo mejor", sin entrar en si lo es o no.  No se incide aquí, por ello, tanto en que las cosas no sean en realidad como se presentan sino más bien en las artes y los esfuerzos empleados precisamente en doblegar la voluntad ajena.

Connotaciones parecidas tiene la construcción inglesa to talk someone into something, cuyo significado principal es simplemente convencer a alguien para que haga algo pero que puede emplearse en este contexto.  Igualmente podemos recurrir a la construcción to sell someone on something, de sentido parecido.

Señalemos finalmente que existen en la oficina moderna personas que han hecho de la actividad que hoy nos ocupa su seña de identidad.  Son los llamados "vendemotos", auténticos profesionales de doblegar voluntades ajenas, con técnicas muy depuradas y propósitos casi siempre oscuros que han dado lugar incluso a cierta literatura teórica.  Aunque estamos seguros que no son una especie endémica de nuestro país o cultura, reconocemos nuestro fracaso a la hora de encontrar un equivalente en inglés.  Ahí dejamos el guante.

Ejemplos prácticos:
  • Cuando se incorporó a su nuevo trabajo, se dió cuenta de que le habían vendido la moto porque la empresa casi no tenía ingresos recurrentes.  When he started at his new job, he realized he had been sold a pup because the company hardly had any recurring income.
  • Los políticos intentan vendernos la moto de que los bajos tipos de interés harán que la economía se recupere por sí sola pese al programa de austeridad.  Politicians are trying to sell all of us a bill of goods, that low interest rates will allow the economy to strengthen on its own in spite of the austerity programme.
  • Se las apañó para vender al jefe la moto de contratar dos becarios pese a que se suponía que las contrataciones estaban congeladas.  She managed to talk the boss into hiring two interns even though hiring was supposed to be frozen.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Dar una cabezada

Entre las muchas desgracias que la modernidad ha traído a nuestro país, ninguna quizá ha sido más lamentable que la práctica extinción de la siesta, especialmente necesaria en el período estival donde se duerme generalmente poco y mal por la noche. Esta inveterada costumbre española, que en otros tiempos nos hizo la envidia de Europa, ha quedado hoy reducida en el mejor de los casos a los fines de semana, e incluso entonces se practica de manera vergonzante.

Lejos quedan los días de aquellas legendarias siestas de "pijama, padrenuestro y orinal" a las que se refiría Camilo José Cela. También se atribuye al escritor gallego la definición de la siesta como el "yoga ibérico", singularmente afortunada aún cuando nuestros vecinos portugueses son a nuestro lado sólo meritorios aficionados en esta suerte.

El valor universal de la siesta queda acreditado en las recomendaciones que nuestro admiradísimo Winston Churchill ofrecía al respecto:

"Hay que dormir en algún momento entre el almuerzo y la cena, y hay que hacerlo a pierna suelta: quitándose la ropa y tumbándose en la cama. Es lo que yo siempre hago. Es de ingenuos pensar que porque uno duerme durante el día trabaja menos. Después de la siesta, se rinde mucho más. Es como disfrutar de dos días en uno, o al menos de un día y medio".

Desgraciadamente tan sabias palabras no han tenido en los últimos tiempos el necesario eco en nuestra sociedad y así nos luce el pelo en la oficina moderna: ojeras, déficit de atención, consumo compulsivo de cafeína que deriva en transtornos del sueño, cuando no directamente de la personalidad, etc.

En este contexto, no es de extrañar que algunos, especialmente los que gozan del privilegio del despacho, en ocasiones se den alguna cabezada furtiva en la oficina. Tampoco que nuestros autobuses y vagones de metro sean escenario de espectaculares giros de cabeza que ponen a prueba la flexibilidad de las vértebras cervicales de los "cabeceadores".

Conviene subrayar que el elemento determinante de la cabezada es precisamente que la misma se produce cuando uno no está en la posición natural de dormir (acostado, tumbado o, en expresión vulgar muy descriptiva, echado).

Efectivamente, el Diccionario de la Real Academia Española define esta cabezada como "movimiento o inclinación que hace con la cabeza quien, sin estar acostado, se va durmiendo". Así pues, podemos decir que nos vamos a "echar una cabezada" en el sofá pero no cuando nos dirigimos con una sonrisa en los labios hacía la cama y, menos aún, cuando bajamos la persiana.

En inglés tenemos varias expresiones para referirnos a las cabezadas. La más tosca es simplemente short nap (siesta corta), donde no queda claro en todo caso si nos acostamos o no. Nuestra segunda propuesta, a cat-nap (una siesta de gato; también escrito separado), sí que connota que la cabezada no se da en la cama y por lo tanto es más próxima al concepto que buscamos.  Es sabido que los gatos, además de tener siete vidas, duermen de pie, lo que da una idea de lo breve de su sueño.

Finalmente, la más evocativa es, sin duda, to take forty winks (algo así como dar cuarenta parpadeos o guiños) que incorpora directamente lo breve del sueño.  La expresión es más utilizada en los Estados Unidos y puede emplearse también con los verbos to catch (quizá el más frecuente), to have e incluso to grab.

Ejemplos prácticos:
  • Me eché una cabezada después de comer y volví a la oficina fresco como una lechuga. I took a cat-nap after lunch and went back to the office as fresh as a daisy.
  • Cuando estaba en la universidad, me echaba una cabezadita hacia las 9 y me bastaba para estar levantado toda la noche. When I was in college, I used to catch forty winks around 9 and that was enough to keep me up all night.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Quemar las naves

Resulta significativo que muchas de las expresiones de origen bélico que se han incorporado al vocabulario de la oficina moderna estén más enfocadas en la destrucción generada por los combates que en el propio fragor de los mismos.  Quizá tenga que ver con el hecho de que muchos de los directivos de la oficina moderna, si bien no descienden precisamente de la pata del Cid, sí parecen compartir suficiente ADN con Atila como para que no vuelva a crecer la hierba allá por donde pasan.

Nos ocupa hoy la expresión "quemar las naves", también centrada en la destrucción pero, en este caso, con un alcance más limitado y una finalidad muy distinta de la que normalmente asociamos con los estragos propios de la guerra.

El valor táctico de quemar o hundir las propias naves ha sido conocido y empleado por todas las culturas que han hecho de la navegación parte esencial de su expansión geográfica o, al menos, de su desarrollo económico a través del comercio.  Las finalidades perseguidas son variadas e incluyen impedir que los barcos caigan en poder enemigo (una variante marinera de la política de tierra quemada) o bloquear puertos o rutas.

El objetivo que hoy nos interesa es, sin embargo, otro bien distinto.  Se trata de destruir las propias naves para eliminar la posibilidad de retroceder, indicando el compromiso con la consecución de los propósitos que animaron nuestro viaje.

El referente histórico que encontramos de forma recurrente en las fuentes aconteció en Yucatán en 1519.  Allí, recién iniciada su campaña mexicana, Hernán Cortés ordenó hundir (no quemar) su pequeña flota para terminar con las intrigas dentro de su expedición y eliminar toda tentación de embarcarse de vuelta a Cuba.  Poco de heroico había en el comportamiento de Cortés, cuyas acciones previas ya hacían imposible su retorno a Santiago sin ser acusado de haber traicionado la confianza del gobernador de la isla.  En todo caso, el hundimiento de sus naves hizo de la conquista del territorio azteca y del establecimiento allí de una nueva colonia española la única estrategia posible para sus hombres.

El Diccionario de la Real Academia Española hace precisamente referencia a este suceso (al que se refiere de forma precisa como "destrucción" pues, como hemos visto, no hubo incendio) antes de definir la expresión "quemar las naves" como "tomar una determinación extrema", sin hacer mención alguna al objeto perseguido con tal acción.  Mucho más esclarecedora resulta, en este sentido, la definición ofrecida por el Diccionario de Uso del Español: "privarse en algún asunto de la posibilidad de retroceder o desistir".

Existe en inglés una expresión casi idéntica (to burn one's boats, más infrecuentemente podemos encontrarla con ships) que viene a transmitir la misma idea.  El Cambridge Idioms' Dictionary nos ofrece para esta locución verbal el siguiente valor:  "to do something that makes it impossible for you to change your plans and go back to the situation you were in before" ("hacer algo que convierte en imposible cambiar los planes y retornar a la situación inicial").

Quizá por su menor tradición marinera, en los Estados Unidos es más común encontrar una variante de tierra adentro de esta expresión: to burn one's bridges.

Ejemplos prácticos:
  • Quemé mis naves al negarme a trabajar en su equipo de investigación en 2009 así que, cuando la nombraron jefa de la división, no tuve otra opción que marcharme.  I had burned my boats by refusing to join her research team back in 2009 so when she was appointed head of the division, I had no option but to resign.
  • No quería quemar las naves demandándoles por despido improcedente antes de saber si estaban dispuestos a negociar mi indemnización.  I didn't want to burn my bridges by filing for unfair dismissal before finding out whether they were open to negociate my compensation.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Andarse con paños calientes

Cabría pensar que la selección natural conduciría a que encontráramos en los puestos más elevados de nuestras organizaciones empresariales a profesionales con muy desarrolladas capacidades en lo tocante a tomar decisiones e implementarlas.  No en vano nos referimos precisamente a estos directivos con el término "ejecutivo", que el Diccionario de la Real Academia Española hace equivaler, en este contexto, a "persona que desempeña un cargo de alta dirección en una empresa", por extensión de su sencillo significado primario, "que ejecuta o hace algo".

Sin embargo, por razones que merecerían un estudio sociológico de cierta ambición intelectual, es más frecuente encontrar en los despachos de las empresas españolas personas proclives a dilatar al máximo la toma de decisiones, hasta el punto de evitar esta actividad en la medida de lo posible.

La marcada tendencia de muchos jefes, más mediocres que malvados, a primar la lealtad sobre la capacidad a la hora de seleccionar a sus colaboradores está, sin duda, detrás de esta singular situación.  Más importante aún resulta, sin embargo, la comodidad con la que se puede sobrevivir en una empresa española sin tomar decisiones y los peligros que, por el contrario, entraña adoptarlas.  No puede afirmar el autor que esta patología sea estrictamente española pero sí que la misma es inconcebible en el mundo empresarial que llamamos anglosajón.

Este orden de cosas hace que, con frecuencia, sea necesario intentar resolver situaciones críticas que se han enconado precisamente por no haberlas abordado antes.  La incapacidad para adoptar las decisiones necesarias para resolver, de una vez por todas, las cuestiones conducen a que, en realidad, nos encontremos más bien ante lo que llamamos "andarse con paños calientes".

El Diccionario de la Real Academia Española contiene para "paños calientes" una primera acepción más infrecuente ("diligencias y buenos oficios que se aplican para templar el rigor o aspereza con que se ha de proceder en una materia") para después ofrecernos la que hoy nos resulta relevante, "remedios paliativos o ineficaces".  Ambas expresiones evocan la imagen de cuidados médicos superficiales que alivian temporalmente pero no curan la dolencia del paciente.

Disponemos de varias alternativas en inglés para referirnos a estas medidas que resultan ineficaces por insuficientes.  Podemos emplear la muy descriptiva palabra half-measures (con o sin guión pero siempre en plural) que incorpora de manera muy precisa y sencilla todos los elementos que intentamos expresar.   El Cambridge Advanced Learner's Dictionary la define como "actions which only achieve part of what they are intended to achieve" ("acciones que sólo consiguen parte de lo que intentan alcanzar").  Más compleja resulta la construcción half-hearted measures pues aquí se pone abiertamente en duda la convicción y el esfuerzo puestos en las mismas.

Muy cercana conceptualmente a nuestra expresión, aunque ciertamente más moderna, resulta la construcción band-aid measures (que podría traducirse por "medidas tirita").  Nótese además que esta imagen también esta presente en nuestras expresiones "poner parches" o "parchear" que en muchas ocasiones empleamos coloquialmente con parecido sentido a "andarse con paños calientes".

Ejemplos prácticos:
  • La magnitud de las desviaciones de gasto en la primera fase hace que quizá sea demasiado tarde para andarse con paños calientes y que la única solución sea cancelar el proyecto.  The size of the cost leakage in the first phase may make it too late for half-measures, leaving cancelling the project the only option.
  • La crisis de la zona euro no se va a arreglar con paños calientes; se necesitan reformas estructurales.  The Eurozone crisis requires more than just band-aid measures; structural reforms are called for.