En no pocos casos, tras la disfunción del motor no había más que un sobrecalentamiento del mismo debido a haberse revolucionado en exceso o empleado de manera prolongada. En tiempos relativamente recientes, la estampa de ciudadanos de origen moruno refrigerando sus coches en las cuestas de nuestros puertos de montaña era uno de los clásicos del período estival. En esa época, los emigrantes magrebíes se embarcaban en largos viejes desde Francia, Bélgica y Holanda hacia sus lugares de origen en el norte de África, generalmente en vehículos anticuados y cargados hasta los topes. Según algunos observadores, llevaban todo lo que habían comprado durante el año para enseñárselo a sus parientes en prueba de su progreso económico.
Como apuntábamos arriba, los tiempos avanzan que es una barbaridad y hoy es infrecuente que los coches se recalienten, hasta el punto de que la mayoría de los conductores ignoran la utilidad de un extraño termómetro que adorna la mayor parte de los salpicaderos y cuya temperatura nada tiene que ver generalmente con la exterior.
Sin embargo, el exceso de calor que provoca el mal funcionamiento de un sistema pervive en nuestro lenguaje común para referirse, curiosamente, a comportamientos humanos. Si bien no es infrecuente su uso para referirse también a recalentamientos de índole sexual, cuando empleamos la palabra "calentón" en la oficina moderna nos referimos a un súbito enfado, generalmente de naturaleza excesiva y pasajera.
No encontramos explícitamente este valor de "calentón" en el Diccionario de la Real Academia Española, que sí se refiere al sentido del que trae causa de manera figurada ("acto de calentar o calentarse de prisa o fugazmente"). Este mismo significado genérico ("calentamiento brusco e intenso") aparece recogido en el Diccionario de Uso del Español.
En cuanto a su uso, señalemos que generalmente se emplea con los verbos cogerse, pillarse o agarrarse. Podemos encontrar estos verbos también con el objeto "un globo" (por ejemplo, "se pilló un globo tremendo cuando se enteró de que no le habían ascendido"), empleado con el valor de "enfado", que recoge el Diccionario de Uso del Español. En todo caso, este enfado no tiene necesariamente el carácter pasajero que sí es consustancial al "calentón".
Las referencias calóricas se extienden en nuestro lenguaje coloquial, alcanzando desde luego al omnipresente verbo "calentarse", definido de manera algo barroca por el DRAE como "enfervorizarse en la disputa o porfía". En este sentido, la expresión "no te calientes", a las que nos referimos hace tiempo en otra entrada, es ya casi un lugar común en nuestras oficinas.
Si bien de una forma muy diferente, el calor también aparece en la expresión inglesa que podemos emplear en este contexto. Se trata de to get hot under the collar, que podría traducirse como "calentarse debajo del cuello (de la camisa)". El valor de la expresión es, sencillamente, estar enfadado pero puede utilizarse con el sentido específico que buscamos.
Ejemplos prácticos:
- Alberto se cogió un buen calentón pero reconoce que David parecía que le estaba tocando los cojones adrede. Albert got quite hot under the collar but you must admit that David seemed to be winding him up on purpose.
- Creo que el jefe se agarró un calentón de la leche cuando volvió de comer y se encontró la mesa de contratación vacia. I heard the boss was really hot under the collar when he came back from lunch and found no-one at the dealing desk.
- No te calientes, sólo proponen unos pequeños cambios en uno de los anexos. Don't get all hot under the collar, they're only suggesting some minor changes to one of the annexes !
