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viernes, 23 de octubre de 2015

Echar la bronca

La oficina moderna, como casi cualquier organización jerárquica, esta basada en un concepto de la autoridad que, al carecer por lo general de otros sustentos, forzosamente deriva en el autoritarismo.  Este adopta formas diversas pero, en estos tiempos. se caracteriza principalmente por el papel central que pasan a desempeñar en nuestras organizaciones las decisiones arbitrarias (o incluso aleatorias, en no pocas ocasiones).  Se refleja así el desprecio por los subordinados que también se traduce en la ausencia total de transparencia y en una comunicación de las decisiones cuando menos parca.

Existen otras muchas manifestaciones autoritarias que, con mayor o menor intensidad, siguen caracterizando la difícil convivencia entre jefes y subordinados.  Entre ellas se cuenta la tendencia de algunos superiores jerárquicos a "echar la bronca" a sus colaboradores por los motivos más nimios y, generalmente, de manera extemporánea y desproporcionada.

En todo caso, conviene notar que las modernas tendencias en la gestión de recursos humanos han hecho retroceder estas bárbaras prácticas, que llevaban aparejada la humillación pública del empleado abroncado y afectaban innecesariamente la tensión arterial de todos los implicados y de no pocos espectadores.  Su lugar ha sido ocupado por técnicas más refinadas, que se apalancan en las posibilidades de las nuevas tecnologías, muy en particular en las funciones de "copia" y "reenvío" de las aplicaciones de correo electrónico.

La palabra "bronca" ofrece variados valores en el mundo hispanohablante, muy diferentes a uno y otro lado del charco.  El Diccionario de la Real Academia Española recoge nada menos que diez acepciones para el término.  Nos interesan especialmente las dos de uso más común en España: "riña o disputa ruidosa" ("a la salida del partido, se montó una bronca entre los padres de las jugadoras") y "reprensión áspera", que es la que hoy nos ocupa.  En Hispanoamérica son más frecuentes los usos vinculados al enfado ("me da bronca", muy escuchado en la Argentina) o a la inquina ("le tiene bronca al nuevo becario").

Cuando decimos que a alguien "le han echado una bronca" hacemos referencia, efectivamente, a que ha sido reprendido de forma severa, con una intensidad o duración notables, quedando por ello en una situación desairada, especialmente si la bronca se ha administrado con publicidad.  Las broncas privadas son infrecuentes a pesar de que su motivación suele ser más sana y, por ello, resultan más efectivas a la hora de cambiar la actitud o el desempeño del abroncado.

El inglés nos ofrece varias formas de expresar la misma idea.  Tenemos, por ejemplo, la construcción to give someone a ticking-off, que también podemos encontrar con telling-off (ambas expresiones pueden escribirse sin guión).  Los phrasal verbs to tick someone off y to tell someone off tienen el valor de dirigirse a alguien con severidad para reprenderle por algo que ha hecho mal ("to speak severely to and criticize someone who has done something wrong", según el Cambridge Advanced Learner's Dictionary).

La misma estructura presenta otra expresión con el mismo sentido: to give someone a dressing-down.  Igualmente disponemos del verbo to scold y el sustantivo scolding que ofrecen valores similares a nuestros abroncar y bronca o regañina.

Más colorista y evocadora resulta la expresión a tongue-lashing, que podríamos traducir como "un azote con la lengua", y que encontramos con lo verbos to give (en sentido activo) o to get (pasivo).  El CALD la hace equivaler a "hablar a alguien de forma airada por algo que ha hecho mal" ("you ​speak angrily to that ​person about something that they have done ​wrong").   En la misma línea pintoresca se inscribe el concepto the hairdryer treatment, para siempre asociado a Alex Ferguson, quien fuera durante muchos años entrenador del Manchester United.  La idea es que la bronca es de tal calibre que se asemeja al efecto del secador de pelo.

Si la bronca se adereza con amenazas podemos recurrir a una curiosa expresión inglesa: to read someone the riot act (que podría traducirse como "leer a alguien la ley de motines").  La frase tiene su origen, al parecer, en los motines jacobitas de principios del siglo XVIII, y tiene, según el CALD, el significado de hablar de forma airada con alguien sobre algo que ha hecho y advertirle de que será castigado si lo vuelve a hacer ("to speak angrily to someone about something they have done and warn them that they will be punished if they do it again").

Ejemplos prácticos:
  • Envíamos tarde la información y, aunque el cliente no se quejó, nos llevamos una buena bronca.  We sent the information out late and, although the client didn't complain, we got a telling off for it.
  • Le tuve que echar una bronca por la mala calidad de sus informes.  I had to tick him off for the poor quality of his reports.
  • Me sorprendió que me echara tal bronca sólo por llegar cinco minutos tarde a la reunión del departamento.  Yo creo que me tenía ganas.  I was surprised she gave me such a dressing-down just for being five minutes late to the department meeting.  I think she had it in for me.
  • Había tenido que tragarle ya muchas cosas y creí que era el momento de echarle una buena bronca.  I'd already put up with a lot from him and thought it was time to read him the riot act.
  • El dueño de la tienda le echó una buena bronca al empleado después de que el cliente se quejara.  The owner of the store gave his employee a tongue-lashing after the complaint of the client.