El discurso teórico sobre la gestión de personas en la oficina moderna gira, hoy en día, alrededor de una serie de conceptos más o menos etéreos y que se alinean con la corrección política más fatua. Oímos hablar, por ejemplo, de empoderamiento (moderno e innecesario palabro que pretende trasladar a nuestra lengua el hoy omnipresente "empowerment"). diversidad y conciliación de las vidas profesional y personal. Nos referimos a estas, significativamente, como dos vidas distintas, restándonos así sólo cinco para alcanzar las del gato.
En la práctica, sin embargo, los usos laborales siguen caracterizados por comportamientos mucho menos sofisticados y alineados, más bien, con el más básico instinto de supervivencia que ya hemos tratado en otras entradas. Las personas responsables de la gestión de un equipo deben, por ejemplo, cuidarse muy mucho de que sus subordinados (o colaboradores, como se dice ahora) no se adornen ni se excedan en sus funciones, poniendo así en peligro el frágil ecosistema laboral. En particular, debe evitarse a toda cosa aquello a los que hemos dado en llamar "confundir la libertad con el libertinaje".
Solemos decir en estas ocasiones que debemos "atar corto" a esas personas díscolas que amenazan con causar problemas. El Diccionario de la Real Academia Española hace equivaler esta locución verbal simplemente a "reprimirle, sujetarle", sin aportar ningún matiz adicional. El Diccionario de Uso del Español de María Moliner es, por el contrario, quizá demasiado específico al definir la expresión como "obligarle con severidad a hacer lo que debe".
En todo caso, la imagen que subyace a la expresión está en las antípodas de la corrección política denostada más arriba, al evocar el sino de las bestias de carga y otros animales domésticos. No en vano es expresión muy empleada a la hora de referirse precisamente al régimen doméstico en el que viven muchos varones, aspecto en el que nos detuvimos en nuestra entrada específica dedicada a los calzonazos. Un ejemplar muy notable de esta especie citaba hace poco en una cena a Lope de Vega quien, al parecer, observó que "no quiso la lengua castellana que de casado a cansado hubiese más de una letra de diferencia".
Por su relevancia para la actividad humana desde el desarrollo de los cazadores-recolectores prehistóricos, la imagen del animal atado parece tener alcance universal. No sorprende por ello que el inglés no se aleje, en este caso, mucho del castellano a la hora de expresar la misma idea. Efectivamente, podemos emplear la locución verbal to keep/have on a short/tight leash que sólo difiere de la expresión española en la referencia explícita a la correa con la que alguien va atado corto. El Cambridge Dictionary of Idioms la define como "to have a lot of control over someone's behaviour and allow them very little freedom to do what they want" ("mantener muy controlado el comportamiento de alguien, permitiéndole muy poca libertad para hacer lo que quiere").
Ejemplos prácticos:
- El acuerdo constituye una muestra más de los intentos de la Unión Europea por atar corto al gobierno italiano. The agreement proves yet again that the European Union is endeavouring to keep the Italian government on a short leash.
- El nuevo vendedor parece muy ambicioso; espero que su jefe le ate corto. The new salesman seems to be very ambitious; I hope his boss will keep on a short leash.
- Ahora ya no sale tanto porque su novia le tiene atado corto. He doesn't go out that much anymore because his girlfriend has him on a tight leash.
