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martes, 17 de noviembre de 2015

Más chulo que un ocho

La chulería es concepto difícil de aprehender como demuestra que el habitualmente preciso Diccionario de la Real Academia Española sólo sea capaz de proponernos estas dos definiciones desvaídas; "cierto aire o gracia en las palabras o ademanes" y "dicho o hecho jactancioso".

Además, el concepto también está unido íntimamente a lo madrileño pues por chulo (o chulapo) se conocía también a un individuo de las clases populares capitalinas.  En estos tiempos en que la llamada globalización ha uniformado las tradiciones locales y nacionales, el concepto ha quedado ya reducido al ámbito de lo pintoresco o algo peor, especialmente después de que Esperanza Aguirre adoptara la costumbre de vestirse de chulapa en algunas verbenas.

Sin embargo, no es menos cierto que, como ocurre con otros conceptos inefables (la gilipollez, por ejemplo), resulta más sencillo identificar la chulería cuando nos encontramos frente a la misma lo cual facilita notablemente nuestra labor.

La actualidad del concepto no ofrece discusión pues con mucha frecuencia en estos tiempos nos enfrentamos a la jactancia y la falta de consideración hacia los demás que caracterizan el comportamiento chulesco. No es sólo en la carretera o en cualquier tipo de cola, contextos en los que la falta de educación hispana alcanza excelsa expresión, sino que la oficina moderna es también ocasionalmente escenario de actuaciones abominables caracterizadas por la chulería de alguno de sus protagonistas, generalmente los de mayor rango jerárquico.

Cuando alguien se consagra en esta suerte, bien por la habitualidad de su conducta chulesca o por la escala o intensidad de la jactancia demostrada, se dice que es "más chulo que un ocho". La locución aparece recogida en el DRAE con el valor de ser "muy arrogante, desenvuelto o presumido". Como puede inferirse de la definición, la misma puede utilizarse en varios registros, desde el abiertamente denigratorio (cuando hacemos hincapié en la arrogancia) hasta el encomiástico (pues ser desenvuelto tiene una connotación claramente positiva).

La expresión parece tener su origen en una antigua línea de tranvía de Madrid que unía la Puerta del Sol con San Antonio de la Florida, a orillas del Manzanares. Esa zona era y es uno de los últimos reductos del casticismo madrileño y por ello entre los viajeros de esa línea se contaban hasta tiempos relativamente recientes muchos chulos y chulas, lo que dio lugar a la asociación.

Se deducirá fácilmente de todo lo anterior que no resulta sencillo expresar en inglés una idea tan escurridiza y llena de matices. Es cierto que disponemos de una palabra (cocky) que incorpora a su significación la petulancia del chulo y que podemos utilizar en general para trasladar al inglés al mismo. Nótese además que la expresión inglesa utiliza la imagen del gallo (cock) que también está presente en nuestra lengua en la forma "ponerse gallito", de parecido significado.

Sin embargo, si buscamos algo más idiomático y próximo a la expresión que hoy nos ocupa sólo encontramos la pintoresca pero raramente usada locución comparativa as cocky as the king of spades (que podemos traducir libremente como "más chulo que el rey de picas").  El McGraw-Hill Dictionary of American Idioms and Phrasal Verbs define esta locución como "jactancioso, excesivamente orgulloso" ("boastful; overly proud")

Ejemplo práctico:
  • Se presentó en su despacho y le pidió explicaciones, más chulo que un ocho. He went straight to his office and demanded an explanation, as cocky as the king of spades.