viernes, 27 de diciembre de 2013

Sonar la flauta


A pesar de la generalizada ignorancia sobre su origen y sentido preciso, lo cierto es que las referencias al burro flautista y al sonido de su instrumento siguen siendo muy habituales en nuestras empresas.  No sorprende este hecho dada la tendencia de los modernos profesionales a criticar y menospreciar los méritos o logros ajenos con el propósito, apenas velado, de hacer así aumentar el valor de los propios.

La imagen del burro flautista se incorpora a nuestro acervo cultural a raíz de su aparición en una breve composición rimada del mismo título, publicada por Tomás de Iriarte en 1780 dentro de sus "Fabulas Literarias".  Se nos narra allí como un pollino encuentra una flauta abandonada en un prado y, resoplando junto a ella, consigue que la misma suene de forma melódica.  El borrico se jacta de lo bien que toca y se permite ponderar la calidad de lo que denomina "música asnal".  Ilustra así Iriarte la estulticia de los que se vanaglorian de logros que, en realidad, han conseguido "por casualidad", frase con la que termina cada uno de los párrafos para subrayar el mensaje.  No deja lugar a dudas el propósito de la fábula la moraleja con la que la remata:

"Sin regla del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad".

Por extensión, decimos que a alguien "le sonó la flauta" para, según el Diccionario de la Real Academia Española, "indicar que un acierto ha sido casual".  Se trata, pues, de quitar merito a ese acierto atribuyéndolo, no a la habilidad, capacidad o esfuerzo de su autor, sino más bien al azar o la suerte.  Se comprenderá, así, la utilidad de esta expresión en nuestras oficinas, en contextos competitivos que demandan que, además de exagerar nuestros propios méritos, dediquemos nuestros afanes a desprestigiar los de nuestros semejantes.

Es significativo, por otra parte, que nuestra cultura haya incorporado también una locución relacionada como es "por si suena la flauta".  Mª Leonisa Casado Conde la define en "¡ Se Dice Pronto !" como "por si acaso, por azar o por suerte, se cumplen nuestros deseos".   Sería extenso el catálogo de actuaciones con escasa probabilidad de éxito que se emprenden precisamente en la confianza de que sea la suerte las que nos saque del atolladero.  Casi podría decirse que, en el mundo interior de muchas personas, se ha roto el vínculo directo entre esfuerzo y consecución, dando paso a una azarosa relación donde la suerte y el voluntarismo van ganando protagonismo al tiempo que desaparece toda responsabilidad personal.

Para expresar tan idiomático concepto en inglés, no tenemos muchas opciones más allá de recurrir precisamente a la suerte y traducir "sonar la flauta" como to get lucky.  Dado que, generalmente, queremos subrayar no sólo el azar que ha contribuido al sonido de la flauta sino también la manifiesta inutilidad del agente podemos calificar la suerte y decir dumb luck, algo así como "suerte tonta" o, mejor, "la suerte del tonto".

Existe en los Estados Unidos una curiosa expresión que también puede resultarnos útil en este contexto.  Se trata de to catch lightning in a bottle, que podría traducirse como "meter un rayo en una botella".  El Merriam-Webster Dictionary define esta expresión, de aparición relativamente reciente, como "to succeed in a way that is very lucky or unlikely" ("tener éxito de manera muy afortunada o improbable").  Conviene notar que, generalmente, la expresión se emplea para subrayar más lo improbable o milagroso del logro alcanzado que el indudable papel que la fortuna ha tenido en su consecución.

Ejemplos prácticos:
  • No había estudiado mucho para el examen pero le sonó la flauta y se las apañó para aprobar.  He had hardly prepared the test but he got lucky and managed to pass.
  • La policia llevaba meses buscándola y, al final, la encontraron viva en una granja. No se sabe bien si fue un soplo o que les sonó la flauta.   The cops had been looking for her for months and, in the end, found her still alive in a farmhouse.  Nobody knows whether it was a tip-off or dumb luck.
  • A los Yankees les sonó la flauta en 2011 con los fichajes de dos lanzadores veteranos como Colón y García.  ¿ Les sonará otra vez este año ?  In 2011, the Yankees caught lightning in a bottle by signing veteran pitchers Colon and Garcia.  Can they do it again this year?

martes, 24 de diciembre de 2013

Pasarse por el forro

Dada la extensión con la que ayer nos explayamos en la entrada dedicada a "me la suda" y algunas expresiones similares, quizá no esté de más que complementemos la misma tratando hoy, de manera más sucinta, otras construcciones españolas muy relacionadas con aquellas.  Se trata de locuciones que expresan también desprecio y desdén por las opiniones o propuestas ajenas y que, si bien han caído en cierto desuso, nunca han abandonado el repertorio esencial de la oficina moderna.  Dado su sentido, muy similar al de "me la suda", pueden trasladarse también al inglés recurriendo a las expresiones que tratábamos ayer, tal y como ilustramos más abajo.

Empecemos con la que da título a nuestra entrada de hoy, quizá la más elegante al recurrir a un elemento elíptico, como en seguida veremos.  Efectivamente, decimos que alguien se pasó algo por el forro para indicar que no le prestó la mínima atención, despreciando totalmente la cuestión.  La expresión se refiere implícitamente a un elemento, el "forro de los cojones", que, si bien tiene un probable equivalente anatómico en el escroto, aporta aquí sobre todo el valor de su malsonancia.  De hecho, cuando queremos incrementar la contundencia de la expresión eliminamos toda elipsis ("se lo pasó por el forro de los cojones") o, directamente, la referencia al forro ("sus recomendaciones me las paso por los cojones").

Conviene señalar, para evitar confusiones, que nada tiene que ver este forro genital con el de la expresión "ni por el forro" que, más bien, hace referencia genérica a la parte exterior de alguna cosa.  Según el Diccionario de la Real Academia Española, la construcción equivale a "ni por asomo, ni lo más mínimo" y puede emplearse coloquialmente "para denotar que alguien desconoce completamente una ciencia o los libros que de ella tratan".

También resulta interesante otra construcción que, para expresar la misma idea, recurre a una imagen inesperada pero de connotaciones evidentes.  Se trata de "pasarse por el Arco del Triunfo" que evoca el amplio espacio que dibujan estas construcciones para referirse a las zonas a las que llamamos eufemísticamente "la entrepierna" y que, a efectos de esta expresión, tanto pueden referirse a las zonas genitales como al culo propiamente dicho.  Nótese, en este sentido, que también podemos encontrar la construcción "pasarse por la entrepierna" que, de hecho, aparece recogida en el DRAE con el valor de "expresar indiferencia".  Apuntemos, finalmente, que la construcción "pasarse por el culo", si bien puede emplearse, resulta algo pueril y es poco recomendable en ambientes profesionales.

Ya que transitamos por estos terrenos, es apropiado que nos refiramos también a la expresión "importar tres cojones" que se emplea igualmente para expresar indiferencia.  Ya nos hemos referido en alguna ocasión a la enorme complejidad semántica que rodea las referencias a los testículos en sus diversas formas (pelotas, huevos, cojones, por orden de malsonancia).  En su ya clásico artículo al respecto, Pérez Reverte observaba lo siguiente sobre el uso de la palabra cojones:

La unidad significa algo caro o costoso ("eso vale un cojón"), dos pueden sugerir arrojo o valentía ("con dos cojones"), tres significar desprecio ("me importa tres cojones"), y un número elevado suele apuntar dificultad extrema ("conseguirlo me costó veinte pares de cojones").

Ejemplos prácticos:

  • Le mandé varios correos sobre el tema pero se los pasó por el forro.  I sent him several e-mails on the issue but he couldn't care less.
  • Se pasa los procedimientos por el forro de los cojones cuando tiene que cerrar una operación complicada.  He doesn't give a fuck about procedures when he needs to close a complex deal.
  • Tenía instrucciones claras de no subir la oferta pero se pasó por el Arco del Triunfo lo que le dijimos y terminamos sobrepagando.   Espero que esta vez no se vaya de rositas. He had clear instructions not to raise the bid but he wouldn't give a toss about what we had to say and we ended up overpaying.  I hope this time he doesn't get away with it.
  • Ya sé que es la hija del dueño pero me importa tres cojones su opinión.  No tiene ni puta idea.  I know she's the owner's daughter but I couldn't give two hoots about her opinion.  She doesn't know what the fuck she's talking about.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Me la suda +

Como modesto y quizá inesperado regalo navideño a nuestros sufridos lectores, revisaremos hoy una expresión cuyo conocimiento preciso y empleo profuso resultan imprescindibles en nuestros días.

Efectivamente, nos encontramos ante una de las expresiones coloquiales más empleadas en la oficina moderna y, nos atrevemos a apuntar de forma más genérica, en la vida moderna.  Su popularidad deriva de la importancia de expresar de manera contundente nuestra indiferencia, real o fingida, frente a los muchos despropósitos a los que asistimos en el desempeño profesional y en nuestro devenir cotidiano.

Obsérvese que, al emplear esta construcción, queremos denotar no sólo que la cuestión nos resulta indiferente sino que la despreciamos intensamente, desprecio que se extiende hacia todo lo que tenga que ver con ella. Por ello, en el ambiente profesional no solemos utilizarla directamente ante el autor o generador de la misma, ante el que optaremos todo lo más por un más neutro "me da igual" o por "me importa un bledo/pimiento/pito".

Su recurrencia ha derivado en una amplia pluralidad formal ("me la sopla", "me la refanfinfla", "me la pica", "me la trae floja", "me la pela") aunque su variante más clásica y popular sigue siendo la que da título a nuestra entrada. Se hace necesario, en todo caso, explicitar, para instrucción de nuestros lectores extranjeros, que el objeto directo en todas las expresiones citadas no es otro que "la polla", el término vulgar con que habitualmente nos referimos al pene en España.  De hecho, podemos escuchar la expresión sin ningún tipo de elipsis ("me suda la polla") cuando se busca el énfasis añadido que siempre proporcionan las palabras malsonantes, especialmente cuando se emplean de manera innecesaria.  Tampoco es infrecuente subrayar nuestro desdén con construcciones chulescas del tenor de "estoy entre que me la suda y que me la pela".

Conviene notar que, a pesar de lo habitual del uso de estas construcciones, nuestros diccionarios guardan un remilgado silencio sobre las mismas.  La excepción es la entrada que a "refanfinflar" dedica el Diccionario de Uso del Español, que se limita a indicar que, efectivamente, la expresión "refanfinflársela algo a alguien" se emplea con el sentido de "dejarle totalemente indiferente, no importarle".  Este singular verbo conoce variantes formales que han merecido recientemente un detallado análisis en un muy recomendable artículo del académico de la Lengua Pedro Álvarez de Miranda en el Centro Virtual Cervantes.

Con carácter general, recomendamos trasponer este concepto al inglés mediante el uso de la elegante expresión británica I couldn't care less, que resulta sutil y, sin embargo, transmite un desprecio muy parecido al apuntado por las expresiones españolas. Pese a su apariencia formal, la expresión es bastante agresiva en inglés, matiz que pasa desapercibido cuando utilizamos esta lengua con otros no nativos, contexto en el que podemos emplearla con cierta alegría.   En los Estados Unidos, no es infrecuente, aunque sí gramaticalmente sorprendente, encontrar la expresión en su forma positiva (I could care less) pero con el mismo sentido.

Ejemplos prácticos:
  • A mi su opinión la verdad es que me la suda. To be honest, I couldn't care less about her opinion.
  • Me di cuenta de que lo que le estaba contando se la sudaba. I realized that he couldn't care less about what I was talking about.

Es necesario, sin embargo, ampliar nuestra paleta con otras expresiones más zafías y que incorporan vocablos más sonoros para aquellas ocasiones en las que el "me la suda" quiera ser más contundente y menos cargado de displicencia.

Todas ellas tienen en común utilizar el verbo to give en construcciones negativas con diferentes objetos directos que aumentan o disminuyen su contundencia.  La mayor parte de estas construcciones pueden emplearse con distintas variantes verbales (I don't give; I couldn't give; I wouldn't give) de forma más o menos indistinta.

En la zona más suave (muy próxima a nuestros "me importa un bledo" o "me importa un comino") está el I don't give a damn, hecho célebre por Rhett Butler en "Lo que el viento se llevó".




En esta línea, existe también un gran número de construcciones que incorporan, para ilustrar nuestra indiferencia, elementos a los que se atribuye poco valor o importancia.  Entre ellas, podemos destacar la muy habitual e idiomática I don't give a toss, la variante que incorpora hoot (en singular y también en pareja, two hoots) y otras más pintorescas y hoy algo anticuadas que se refieren al culo de una rata (a rat's arse) o la maldición de un vagabundo (a tinker's cuss y también a tinker's dam).  Muy curiosa resulta también la expresión I don't give a monkey's, cuyo origen se explora en este enlace que ilustra lo dinámico del lenguaje y que quizá no siempre hay que ponerse en lo peor.


La utilización de elementos malsonantes no es exclusiva, en todo caso, de nuestra lengua aunque la misma sea especialmente generosa en su empleo.  Así, en inglés también encontramos construcciones como I don't give a shit, I don't give a fuck o la muy curiosa I don't give a flying fuck.

Ejemplos prácticos:
  • Me la suda que no se lo hayan comunicado todavía. Es su problema. I don't give a toss if they haven't been told yet. It's their problem.
  • Me la suda que venga o no. I don't give a shit whether he comes or not.
  • El tema me la trae floja. I don't give a fuck about it.
  • En este momento al mercado se la sudan las revisiones de beneficios. At this point the markets wouldn't give a monkey's about earnings revisions.

Mención aparte merece una singular expresión británica que ha ganado popularidad en los últimos años, hasta el punto de que fue nombrada Word of the Year en 2006.  Se trata de la construcción Am I bovvered, cuyas sorprendentes dos uves ridiculizan la pronunciación de bothered y dotan a la expresión de una sonoridad incomparable.  La frase fue popularizada por la actriz Catherine Tate e incorporada al repertorio de su personaje Lauren Cooper, a quien podéis ver en acción en este extraordinario video que ilustra el empleo de la frase.


martes, 22 de octubre de 2013

Andarse con rodeos +

La comunicación dentro de la empresa ha debido de conocer tiempos mejores pues, de otro modo, es inexplicable que el capitalismo haya podido sobrevivir tanto tiempo con el éxito parcial que conocemos. Claro que también puede ser que, como sostiene una conocida del autor, el único lenguaje que, en realidad, se habla en la empresa y todos entienden es el dinero. Parece, pues, que es sobre esta premisa sobre la que se sustenta la oficina moderna, dado que la utilización de otros medios más eficaces y personales de comunicación se realiza de tal manera que su inutilidad es manifiesta para todos los protagonistas.

Dejaremos hoy a un lado la comunicación más o menos institucional o corporativa, dado que los mensajes, por llamarlos de alguna manera, que en la misma se transmiten suelen resultar inanes y presuponen generalmente un retraso mental severo del receptor. Las conversaciones entre jefes y subordinados, por el contrario, presentan mayor interés dado que suelen ofrecer ejemplos de todas las actitudes que hacen imposible cualquier comunicación eficaz, empezando generalmente por la falta de sinceridad y continuando por la nula preparación por las partes de los encuentros, formales o informales, en los que tienen lugar.

Uno de los vicios patológicos de la mayor parte de los españoles, que afecta por igual a directivos y empleados, es "andarse con rodeos", especialmente en aquellos casos en los que el tema de conversación es espinoso pero, a la vez, no puede obviarse. Se tratan temas laterales, cuando no se deriva directamente hacia el chascarrillo, en la esperanza de que sea el otro el que aborde la cuestión o pregunte por la misma. En realidad, casi parece una ordinariez referirse de manera directa a la cuestión sin interminables rodeos previos.

El Diccionario de Uso del Español de María Moliner nos recuerda el sentido literal de la palabra "rodeo" ("camino más largo que el directo utilizable para ir de un sitio a otro") sobre el que pivota el valor figurado que hoy nos interesa.  Este es definido, de forma genérica pero precisa, como "manera de hablar o decir una cosa cuando no se dice con claridad o se trata de eludir el decir la verdad o toda la verdad".

Entre los muchos valores que, por su parte, incorpora el Diccionario de la Real Academia Española para la palabra "rodeo", hay, al menos, dos útiles en el contexto que nos ocupa.  Se trata de "manera de decir algo, valiéndose de términos o expresiones que no lo den a entender sino indirectamente" y "escape o efugio para disimular la verdad, para eludir la instancia que se hace sobre un asunto".  Se recogen aquí dos tipologías del "andarse con rodeos" que nos ocupa hoy.  De un lado, una versión que podemos considerar "activa", en la que pretendemos transmitir nuestro mensaje recurriendo a circunloquios o perífrasis.  De otro, una versión "pasiva" en la que, requeridos para dar explicaciones sobre un asunto, nos escudamos en medias verdades o en abiertas falsedades, generalmente para eludir nuestra responsabilidad.

La expresión equivalente en inglés, to beat about the bush o, más frecuentemente hoy día sobre todo fuera del Reino Unido, to beat around the bush, equivale según el Cambridge Advanced Learner's Dictionary a "evitar hablar de lo que es importante" ("to avoid talking about what is important").

El concepto tiene su origen en una práctica cinegética destinada a hacer salir a las presas de su escondite, golpeando los arbustos en los que se ocultan, que todavía se utiliza en nuestros días, aunque casi ya sólo por los bushmen africanos de nuestra ilustración.  La connotación es clara: los que golpean la maleza (es decir, se dedican a transitar alrededor de la cuestión) no abaten los pájaros.

Cuando empleamos la expresión en sentido negativo ("no se anduvo con rodeos") podemos recurrir en inglés a otras expresiones, más similares a nuestro hoy desusado "no tener pelos en la lengua", como not to mince one's words o to make no bones about something, a las que ya dedicamos nuestra atención en una entrada específica.

Ejemplos prácticos:
  • Se anduvo con rodeos hasta que le pregunté directamente si la financiación de mi proyecto se había aprobado. He kept beating around the bush until I asked him directly whether the funding for my project had been approved.
  • No te andes con rodeos.  ¿ Cuánto va a caer el bonus este año?  Ya deberías saberlo.  No point in beating about the bush.  How much will the bonus pool be cut this year ?  You should know by now.
  • No me anduve con rodeos y le dije que su comportamiento en la fiesta de Navidad había sido impresentable. I didn't mince my words and told him that his behaviour at the Christmas party had been unacceptable.

viernes, 18 de octubre de 2013

Merienda de negros +

obra de Marta (mecaideunguindo.blogspot.com)
La oficina moderna ofrece con demasiada frecuencia escenas dantescas que requieren de toda nuestra imaginación para describirlas con algo más que un "esto es la polla" o "esto es acojonante" que poco aportan más alla de su sonoridad al resultar, generalmente, vagas e imprecisas.  En la entrada que dedicamos en su día a la segunda construcción, por ejemplo, tratábamos los múltiples valores que la misma puede adoptar y que aportan connotaciones muy diferentes.

En este sentido, el autor siempre ha encontrado extraordinariamente evocador, aunque quizá políticamente incorrecto en estos tiempos, el concepto de "merienda de negros", que el Diccionario de la Real Academia Española describe simplemente como "confusión y desorden en que nadie se entiende". El Diccionario de Uso del Español de María Moliner además de esta definición aporta otra con connotaciones más siniestras: "arreglo o reparto hecho caprichosa o desaprensivamente entre varias personas".

Estas precisas definiciones sitúan la "merienda de negros" en un terreno próximo a lo que conocemos, a nivel laboral claro está, como "casa de putas". Esta expresión, además de su valor literal con toda su rica sinonimia (burdel, lupanar, mancebía, prostíbulo, casa de lenocinio), adopta según María Moliner el valor de "lugar donde cada uno hace lo que le da gana sin respetar ninguna norma". Parecería pues que ambas expresiones pueden utilizarse casi de manera intercambiable para describir el desorden de algún lugar o situación. Sin embargo consideramos que, en su uso habitual, en la segunda expresión, además de la confusión concurren intenciones al menos turbias y generalmente se trapichea o se pretende mercadear. Es claramente distinto decir de la reunión de un comité "aquello era una merienda de negros", donde se enfatiza el desorden y el caos, que "aquello era una casa de putas", que denota la falta de respeto a cualquier norma y apunta así directamente a las aviesas intenciones de los participantes.

Quien quiera indagar en el origen y contexto de la expresión en castellano puede consultar este interesante artículo de Justo Fernández López.  Curiosamente, se refiere allí su autor también a la expresión "boda de negros", recogida en el DRAE con el valor de "función en que hay mucha bulla, confusión, grita (sic) y algazara" pero hoy ciertamente en desuso, al menos en España.

Se menciona también en el artículo la novela cómica de Evelyn Waugh Black Mischief (título que se tradujo, de forma bastante aventurera, precisamente como "Merienda de Negros"), cuya lectura recomendamos vivamente, al igual que la de otra de las divertidas obras de juventud de Waugh, Scoop ("Noticia Bomba" en castellano, de forma quizá menos arbitraria).

Señalemos finalmente que, si bien la incorrección política de la expresión que nos ocupa es notable, en el Cono Sur, especialmente en la Argentina, nos dejan atrás con su equivalente local, "quilombo". El DRAE lo define como "lío, barullo, gresga, desorden" luego de hacerlo equivaler curiosamente a prostíbulo. Los quilombos eran originalmente los asentamientos que hacían en lugares apartados los esclavos huídos y donde revertían a sus usos africanos. Hoy la expresión se utiliza en aquellas latitudes con un valor parecido al de "merienda de negros".

Volviendo a centrar nuestra atención en esta última expresión, apuntemos que lo más cercano que tenemos en inglés para expresar el concepto es recurrir a la palabra bedlam, definida en el American Heritage Dictionary of the English Language como "lugar o situación con gran ruido y confusión"  ("a place or situation of noisy uproar and confusion").  El vocablo se originó a partir de la contracción del nombre del antiguo manicomio londinense de St. Mary of Bethlehem y, quizá por ello, resulta más apropiado y preciso que otros términos más genéricos como chaos o el alambicado pandemonium.

Ejemplos prácticos.
  • Después de la intervención del representante sindical, la reunión se convirtió en una merienda de negros. After the union representative spoke, the meeting turned into bedlam.
  • Tienen ocho hijos y por las tardes su casa es una merienda de negros. They have eight children and their flat is bedlam in the evening.

martes, 15 de octubre de 2013

Echarse al barro

El desempeño profesional en la oficina moderna exige controlar bien los tiempos y tener un repertorio amplio que permita adaptar nuestra actuación a lo que resulte más aconsejable en cada momento para avanzar nuestros intereses o, al menos, sobrevivir un día más.  La prudencia y el mal llamado sentido común aconsejan comportamientos muy diferentes en función de múltiples variables, lo que nos demanda un aquilatado análisis de personalidades complejas y circunstancias tan cambiantes como el clima otoñal británico.

En general, un cabal entendimiento de los intrincados mecanismos de las grandes organizaciones suele aconsejar decantarse por líneas de actuación caracterizadas por contemporizar y hacer lo que, en términos taurinos, se conoce como faenas de aliño.   Sin embargo, en ocasiones nos vemos exigidos a conducirnos de manera muy diferente, abordando con decisión y aun agresividad a aquellos que nos importunan con sus pretensiones o sus actitudes.  Las más de las veces, nos vemos obligados a entrar en esta fase por sentirnos amenazados por nuestros interlocutores, aunque no faltan actuaciones de esta naturaleza que nacen impulsadas más bien por un desusado "ataque de dignidad", cuyo carácter tardío suele acentuar su ridículo.

Decimos entonces que "nos echamos al barro" con el sentido de abandonar toda pretensión de decoro y entrar en una fase en la que todo está permitido.  Subyace en esta construcción la idea de que se ha intentado evitar precisamente mancharse con el barro hasta un punto en el que ello se hace inevitable y nos obliga a rebozarnos en la suciedad de la que prentendíamos escapar.  Esta inevitabilidad no obsta, sin embargo, para que sintamos una cierta liberación al poder abandonar el decoro y el disimulo para defender sin reservas nuestra posición.

El concepto puede trasladarse al inglés de manera bastante precisa empleando la locución verbal to take the gloves off, literalmente "quitarse los guantes".  El McGraw-Hill Dictionary of American Idioms and Phrasal Verbs asigna a esta expresión el valor de "to stop being calm or civil and show an intention of winning a dispute by any means" ("dejar de conducirse de manera calmada o educada y mostrar la intención de ganar una disputa por cualquier medio").

La referencia es aquí, obviamente, a los guantes de boxeo que amortiguan la potencia de los golpes y minoran así el daño en el rostro del adversario.  Las reglas del boxeo moderno, codificadas en 1866 por John Graham, fueron después esponsorizadas por el Marqués de Queensberry, a cuyo nombre quedaron para siempre unidas, dignificando así una existencia bastante poco edificante.  Aunque en estos tiempos el boxeo nos sitúa inevitablemente en registros abiertamente sórdidos, en su día sus reglas se asociaban con los más altos estándares de la caballerosidad y el fair play.  De ahí que la acción de quitarse los guantes se identifique con situar la disputa en terrenos donde la bajeza y la abyección son los elementos dominantes.

Ejemplos prácticos:
  • Una vez que nos amenazaron con demandarnos, nos echamos el barro y comenzamos a sacar todos los correos electrónicos que nos habían mandado reconociendo que los retrasos eran culpa suya.  Once they threatened to sue us, we took our gloves off and started to produce all the e-mails they had sent to us admitting their responsibility in the delays.
  • Después de que no me ascendieran este año, la verdad es que no tengo ya nada que perder.  Me voy a echar al barro.  After they didn't promote me this year, I have nothing to lose.  The gloves are off.

viernes, 11 de octubre de 2013

Como un toro de los toriles

Muchos meses llevamos sin pisar la arena de los cosos taurinos por la que tantas veces nos hemos paseado figuradamente en estas páginas.  Ingenuamente pensaba incluso el autor que había dado por concluida la larga y variopinta serie de entradas dedicadas a los términos relacionados con la tauromaquia, recogida en un blog específico.

Sin embargo, una entrada reciente en English Idioms, una excelente página de facebook dedicada a ilustrar el uso de expresiones inglesas, nos ha ofrecido la oportunidad de prolongar nuestra serie con una singular y colorista expresión que podemos escuchar en la oficina moderna con cierta frecuencia y que, pese a ello,  había escapado hasta ahora nuestra atención.

Efectivamente, decimos que alguien "salió como un toro de los toriles" cuando queremos indicar que abordó alguna tarea de forma desabrida, atacando a diestro y siniestro sin demasiado criterio e impulsado por una rabia descontrolada.  Evocamos la imagen del astado que, después de haber pasado unas horas en los toriles (las dependencias de la plaza donde permanece en los momentos previos a la lidia), sale finalmente al ruedo, haciendo gala de la bravura y la furia que pronto se verán domeñadas en el ruedo.

La construcción por la que opta el inglés para expresar la idea no es muy diferente conceptualmente aunque, como cabría esperar, nada tiene que ver con el mundo taurino, tan propiamente hispano.  La locución verbal to come out swinging (que podríamos traducir en este contexto como "salir arreando") procede del mundo boxístico y dibuja la imagen del púgil que comienza la pelea lanzando puñetazos de forma agresiva y desaforada.  La definición que nos ofrece el Wiktionary ilustra su uso figurado de forma singularmente precisa: "to initiate an encounter or interaction by behaving in an unrestrainedly aggressive, confrontational, or accusatory manner" ("comenzar un encuentro comportándose de manera desatadamente agresiva, beligerante o inquisititoria").

Ejemplos prácticos:
  • Una cosa es ir a la reunión de presupuestos a dar batalla; otra diferente es salir como un toro de los toriles y poner a todo el mundo en nuestra contra.  It is one thing to put up a fight in the budget meeting; it is quite another to come out swinging and turn everyone against us.
  • Pensé que era un tema olvidado pero, en cuanto dije que Ana podía ser una buena candidata para el puesto, se puso como un toro saliendo de los toriles.  I thought it was water under the bridge but as soon as I mentioned Ana as a possible candidate for the job, he came out swinging.