viernes, 7 de marzo de 2014

Más se perdió en Cuba



Después de volver, por un día, a los terrenos taurinos para analizar la pintoresca construcción "en peores plazas hemos toreao", revisitamos hoy una construcción muy similar en su uso y estructura.  Como veremos, la relativización de las desgracias y la resignación ante los contratiempos encuentran en nuestra lengua variadas referencias para expresarse.

La fase final de la llamada Guerra de Cuba comenzó en 1898 con la explosión que destruyó el acorazado norteamericano Maine en el puerto de La Habana, perdiendo la vida 250 de sus tripulantes. Esta matanza, en la que la participación española es al menos improbable, desató una fuerte reacción en la opinión pública americana, azuzada por los periódicos del magnate Hearst. La subsiguiente y desigual confrontación con el gigante norteamericano duró apenas cuatro meses y terminó con la pérdida de las últimas colonias españolas, Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico.

La sensación de derrota y el final definitivo del Imperio Español, en el que en tiempos de Felipe II nunca se ponía el sol, provocaron una enorme crisis en la conciencia nacional, reflejada especialmente por la Generación del 98 y el Regeneracionismo.

También surgió en aquel momento histórico la expresión que hoy nos ocupa. La referencia a las pérdidas de la guerra contra los Estados Unidos relativizan cualquier otro evento negativo que nos pueda acontecer. Cualquier mal parece menor comparado con la pérdida de las últimas colonias, el final definitivo de siglos de esplendor patrio.

No hay, en realidad, pesimismo en la frase sino, más bien, un sentido de aceptación práctica de la realidad basada en una cierta distancia de las cosas, alcanzada por elevación. Este tono, que puede bordear incluso lo chulesco, se hace más evidente cuando se termina la frase con lo que puede ser su segunda parte, "y volvieron cantando".

Podría pensarse que, por su origen histórico, esta frase refleja una idea intrínsecamente hispánica pero existe en inglés una expresión de sentido casi idéntico: worse things happen at sea (literalmente, "cosas peores pasan en el mar").  La expresión se emplea en inglés para indicar a alguien que no se preocupe por algún problema o situación, restándole importancia.

 Efectivamente esta construcción es una de las múltiples expresiones británicas originadas en el mundo de la navegación, reflejo de su secular tradición marítima, tanto militar como mercantil y aún pirata, si las dos últimas no son, en realidad, la misma cosa.  El punto de referencia para la comporación consoladora o resignada lo constituyen aquí los muchos contratiempos y peligros de la vida en alta mar, ante los que palidece cualquier contratiempo que podamos tener en tierra firme.

En todo caso, resulta llamativo, dada la amplia historia imperial británica, llena de grandes victorias pero también notables reveses e ignominiosas derrotas, que la expresión no tenga que ver con pérdida territorial alguna, algo así como "más se perdió en América" o "más se perdió en la India".  Pero parece que algunos pueblos prefieren enfatizar el lustre de sus logros en lugar de autocompadecerse por sus desdichas.  Otros no.

Ejemplo práctico:
  • Perder el contrato ha sido un palo pero más se perdió en Cuba. Losing the contract was a blow but worse things happen at sea.
  • No te preocupes por haber suspendido el examen.  Más se perdió en Cuba.  Don't worry about failing the test.  Worse things happen at sea, you know.

miércoles, 5 de marzo de 2014

En peores plazas hemos toreao

SUELTA DE VAQUILLAS EN UNA PLAZA DE TOROS PORTATIL DE HERNANI. (Foto 5/10)

La resignación, entendida como la conformidad y la paciencia casi ilimitada ante la adversidad, es actitud que adorna a muchas personas de éxito en la oficina moderna.  Y no nos referimos, lógicamente, al llamado éxito profesional, ese etéreo y fugaz concepto tras el que se afanan muchos incautos, cegados por una combinación letal de ambición e insensatez.  Nos referimos, más bien, al éxito que supone acometer el desempeño laboral cotidiano sin comprometer la propia integridad, entendida en su sentido más amplio y, a la vez, más íntimo.

Esa sufrida aceptación cotidiana de la adversidad laboral se cimenta sobre dos raras habilidades que, si bien resultan ciertamente complementarias, conviene diferenciar para su mejor comprensión.

Nos referimos, por una parte, a lo que, con cierta pedantería que bordea el tecnicismo, se ha dado en llamar "gestión de las expectativas".   El moderno ejercicio profesional está lleno de situaciones caracterizadas por la incertidumbre, con la consiguiente inquietud para las personas implicadas.   En estos casos, se trata de abandonar, casi desde el momento inicial, toda esperanza de resultados positivos, especialmente en aquellos asuntos que no dependan de forma directa de nuestro esfuerzo o habilidad y en los que, inevitablemente, el arbitrio y aún el azar se erigen en elementos decisivos.  De esta manera, la decepción ante un resultado adverso (la perdida de un contrato, la subida salarial aplazada por enésima vez, el rechazo de nuestra propuesta, etc.) quedará mitigada por una indiferencia que, si en un principio pudiera ser fingida, terminará por convertirse, con un poco de entrenamiento, en una actitud vital.

Distinta es la actitud de quien resta importancia a la adversidad que afronta, poniéndola en relación con otras realidades aún peores.  En ocasiones, este ejercicio de relativización (término que, quizá como signo de los tiempos que vivimos, el Diccionario de la Real Academia Española incorporará por primera vez en su vigésima tercera edición) pivota sobre la situación de otras personas, que juzgamos, o quizá adivinamos, peor que la nuestra.  Así, nos comparamos con otros compañeros, departamentos, empresas o incluso países que consideramos que abordan situaciones menos deseables que la nuestra.  El refranero castellano observa, con acierto, que el que no se consuela es porque no quiere.

Una variante de esta estrategia es la que utiliza como término de comparación y consuelo, no la situación de otros, sino circunstancias similares en las que nos hemos visto envueltos nosotros mismos en el pasado.  Nuestra situación presente parece menos grave y, consiguientemente, más aceptable y llevadera si la ponemos en relación con otras que nos resultaron particularmente desagradables o cuyo recuerdo nos sigue desazonando.  Recurrimos en estos casos a la castiza expresión "en peores plazas hemos toreao", pronunciada casi siempre con esa forma incorrecta del participio que subraya su carácter popular, para "quitar hierro" a la penosa circunstancia en que nos encontramos.

La expresión es, obviamente, de origen taurino y hace referencia a la categoría del coso taurino donde se sustancia la lidia.  Si se nos permite ponernos técnicos, indiquemos que en España las plazas de toros se dividen en tres categorías, según el vigente Reglamento de Espectáculos Taurinos.  Tenemos, en primer lugar, las plazas de toros permanentes, recintos específica o preferentemente construidos para la celebración de espectáculos taurinos.  Existen también plazas no permanentes, edificios o recintos que, no teniendo como fin principal la celebración de espectáculos taurinos, son habilitados y autorizados para ellos de forma singular o temporal.  Finalmente, las más pintorescas son, sin duda, las plazas de toros portátiles, como la de nuestra ilustración.  Se trata de cosos construidos con elementos desmontables y trasladables que, generalmente, se instalan de manera temporal en los pueblos durante sus fiestas patronales y cobijan toda suerte de festejos taurinos.

Entre las plazas permanentes existe también una jerarquía que distingue entre plazas "de primera" (las de capitales de provincia donde se celebren al menos diez corridas de toro al año), "de segunda" (el resto de capitales de provincia y algunas otras localidades de gran tradición taurina como El Puerto de Santa María) y "de tercera" (todas las demás).  La categoría de la plaza determina el peso mínimo de los toros y un número mínimo de sobreros y caballos, además de afectar al precio de las entradas, los seguros y los profesionales que deben estar presentes durante la corrida.

Compensemos esta larga digresión indicando que, para los reacios a emplear expresiones con connotaciones taurinas, existe también una variante muy similar de resonancias militares.  Se trata de la construcción "en peores garitas hemos hecho guardia" que emplea la misma estructura pero que opta por evocar los exiguos habitáculos desde donde los soldados cumplen sus tareas de vigilancia.  La connotación es, en todo caso, la misma: hemos estado en situaciones peores que la actual por lo que no tiene sentido quejarnos o compadecernos de nuestras circunstancias.

Aunque las dos expresiones referidas son ciertamente idiomáticas, podemos recurrir en inglés a una construcción sencilla con un sentido muy similar.  Se trata de "I've seen worse" que podría traducirse literalmente como "he visto cosas peores".

Ejemplos prácticos:
  • Cuando hace malo, es bastante desagradable cruzar la calle para llegar al parking pero en peores plazas hemos toreao.  In bad weather, crossing the street to get to the car park is rather unpleasant but I have been worse.
  • Nuestras nuevas oficinas están en el quinto coño pero en peores garitas hemos hecho guardia.  Aquí al menos tenemos más luz y un montón de salas de reuniones.  Our new premises are in the back of beyond but we've seen worse.  Here at least we've got much more light and plenty of meeting rooms.
  • Se mosqueó bastante con el hotel en que nos quedamos en Lima pero la verdad es que en peores plazas hemos toreao.  He was really upset about the hotel we stayed at in Lima but the truth is I've seen much worse.

jueves, 27 de febrero de 2014

El Perro del Hortelano


No son, por desgracia, escasos en la oficina moderna los individuos que no sólo no aprovechan las oportunidades que se les presentan sino que tampoco permiten que otros lo hagan. Para referirnos a esta actitud de no hacer y tampoco dejar hacer, en castellano solemos utilizar la evocadora expresión "ser como el perro del hortelano", obviando generalmente la más explícita segunda parte de la misma "que ni come ni deja comer".

En el Diccionario de Uso del Español, María Moliner nos indica que "el perro del hortelano" se aplica como "expresión calificativa o como término de comparación a la persona que no toma o aprovecha una cosa para sí misma y tampoco consiente que la tomen o aprovechen otros".

La expresión es de origen muy antiguo, como más abajo se explicará, y su uso en nuestra lengua se consolidó cuando Félix Lope de Vega la utilizó como título de una de sus comedias en 1618.  La cineasta Pilar Miró, que Dios la haya perdonado, la adaptó al cine en 1996 con notables resultados, obteniendo siete premios Goya en 1997.  En la obra de Lope, Diana se afana en romper con su coqueteos la relación entre Teodoro y Marcela, pero sin acceder del todo a los requiebros de Teodoro de forma que "ni come ni deja comer".  Al final, sin embargo, Diana y Teodoro terminan casándose.

El inglés también utiliza a los perros para expresar esta idea, aunque de manera algo distinta. Efectivamente, en inglés decimos like a dog in the manger (literalmente, "como el perro en el pesebre") para referirnos a la actitud que nos ocupa.  En su excelente Dictionary of Idioms and Their Origins, Linda y Roger Flavell asignan a esta expresión el valor de "no estar dispuesto a dejar que otros se beneficien de cosas que uno no puede usar" ("to be unwilling to let others benefit from things one cannot use oneself").

Ambas expresiones tienen su origen en una fábula de Esopo que algunos consideran apócrifa y originada en alguna edición medieval de las mismas.  De hecho, aparece por primera vez en 1479, en la primera impresión del Corpus Esópico, traducido al alemán por Heinrich Steinhowel.

En la fábula, nos encontramos un perro tumbado efectivamente en en un pesebre que pretende evitar con su presencia y sus gruñidos que unos bueyes puedan alimentarse con su contenido.  La argumentación de los bovinos pone en evidencia la actitud del perro: "pues no es de tu linaje comer heno y paja, ¿ por qué impides que lo comamos nosotros, cuando es nuestro alimento natural ?

Nuestra lengua ofrece también un refrán que resulta útil para oponernos a las pretensiones de quien pretende ser "como el perro del hortelano": "agua que no has de beber, déjala correr".  La conveniencia de no inmiscuirnos en cosas que no nos incumben es, en todo caso, una observación tan relevante en la oficina moderna que difícilmente podríamos encontrar una mejor manera de cerrar nuestra entrada de hoy.

Ejemplos prácticos:
  • Arturo no podía ir al seminario en Estambul pero no dejó que nadie del departamento fuera en su lugar, como el perro del hortelano. Arturo couln't go to Istambul for the seminar but didn't let anyone from the department take his place, like a dog in the manger.
  • Algunas compañías aéreas hacen como el perro del hortelano y prefieren no usar sus slots a vendérselos a las low-cost. Some airlines are like the dog in the manger and would rather not use their slots than sell them to low-cost carriers.

jueves, 20 de febrero de 2014

Salir rana

Gestionar bien las expectativas es, sin duda, una de las habilidades más importantes de cualquier hombre moderno que aspire, no ya al éxito siempre efímero o a la escurridiza felicidad, sino meramente a un mínimo de paz interior.  No nos referimos únicamente a algunos terrenos profesionales donde esta habilidad resulta crítica para evitar sofocos y frustraciones, como los relativos a la retribución variable.   Cuando se trata de prever la evolución de la misma, son muchos los que, ignorando la terca realidad, pasan sus inviernos instalados en el cuento de la lechera, prólogo de una inevitable primavera de frustración.

En general, es aconsejable mantener un prudente escepticismo antes de hacernos ilusiones sobre cualquier asunto.  Incluso en ese caso, es casi ley de vida que las más de las veces terminemos decepcionados o defraudados por situaciones y personas.  Cabe preguntarse cuánto de esta decepción es producto de los defectos o carencias de éstas y cuánto de nuestras desproporcionadas expectativas sobre unas y otras.

Tanto el Diccionario de la Real Academia Española como el Diccionario de Uso del Español hacen equivaler la locución verbal "salir rana alguien o algo" a "defraudar", verbo que es definido en otro lugar como "frustrar, desvanecer la confianza o la esperanza que se ponía en alguien o en algo".  El sentido habitual de la expresión es que algo no ha salido como esperábamos y que, consiguientemente, estamos decepcionados por ello.

El origen de este uso parece estar en una antigua práctica infantil, procedente de tiempos en los que la interacción de los niños con la naturaleza era mucho mayor.  Los niños capturaban renacuajos (larvas de ranas) en charcos o pequeñas lagunas, en esa fase en la que pueden confundirse con pequeños peces, al tener cola, carecer todavía de patas y respirar incluso por branquias.  Al crecer y desarrollar sus características de rana, los niños se sorprendían al creer que habían cogido un pez.

Alternativamente, Alberto Buitrago, en su "Diccionario de Dichos y Frases Hechas", sitúa el origen de la expresión en el ámbito de la pesca con caña, con peces y ranas nuevamente como protagonistas.  Según esta teoría, la expresión sería originalmente "salga pez o salga rana", reflejando una incertidumbre que desaparece en la forma abreviada que hoy empleamos en la que nos centramos en que las cosas han salido mal o, al menos, no de acuerdo a nuestras expectativas.

Tenemos varias opciones para intentar trasladar esta idea al inglés.  Podemos recurrir sencillamente a sustantivos que genéricamente se refieren precisamente a la decepción (disappointment) o al fracaso (failure).  Igualmente, podemos emplear la palabra flop, tanto como sustantivo como como verbo, con un sentido muy próximo a nuestro "fiasco".  Podemos también recurrir a un phrasal verb tan sencillo como to let someone down, que también podemos encontrar en forma nominal (a letdown o a let-down).

Ejemplos prácticos:
  • Ficharon a un nuevo director en Dubai que se suponía que conocía a las personas relevantes allí pero les salió rana y no aumentaron nada la cifra de negocio.  They hired a new director in Dubai who was supposed to know all the right people there but he was a real disappointment and they didn't increase their business at all.
  • Es cierto que muchos de los jugadores franceses que ha traído Wenger al Arsenal han sido buenos fichajes, pero también hay bastantes que le han salido rana.  It is true that many of the French players Wenger has brought to Arsenal have been good signings, but there is also a good number of flops.
  • Aquel hotel de Nueva York tenía muy buenas críticas pero, como quizá te podías esperar con ese precio, nos salió rana.  That hotel in New York had very good reviews but, as perhaps one should expect for that price, it turned out to be a let-down.

lunes, 17 de febrero de 2014

Pagar un pastizal

Asistimos en las últimas semanas a un interesante debate en los medios económicos sobre los riesgos de deflación en la economía europea.  La reciente experiencia del Japón, sumido durante dos décadas en una espiral de deflación y bajo crecimiento, alerta sobre los peligros de las bajadas de precios.

Sin embargo, para la mayor parte de las personas lo que verdaderamente es un riesgo es el alza de los precios y su inexorable impacto en el poder adquisitivo de sueldos y pensiones.  Sin llegar a los extremos de las hiperinflaciones que experimentaron Alemania en los años treinta del siglo pasado o muchas economías latinoamericanas en tiempos más recientes, lo cierto es que los precios tienden a subir más de lo deseable para los sufridos asalariados consumidores.

Si en nuestra anterior entrada nos referíamos a algunas expresiones habituales en nuestra lengua para indicar el elevado coste de algo, abordamos hoy la expresión "pagar un pastizal", de incorporación relativamente reciente a nuestro habla pero de uso muy frecuente en los últimos tiempos.

De hecho, y quizá debido a los muchos excesos de la hoy casi olvidada expansión económica española, esta construcción resulta casi un lugar común al enfrentarse a la cuenta en restaurantes que no parecen haberse enterado de la crisis o, muy especialmente, al recordar las cantidades pagadas no hace tiempo por propiedades costeras hoy depreciadas.

El uso en España de la palabra pasta para referirse al dinero es antiguo y aparece recogido en el Diccionario de la Real Academia Española (que también incluye la hoy algo trasnochada expresión "pasta gansa", que define como "cantidad de dinero que se gana con facilidad"). Conviene notar que el uso de pasta con este significado es casi exclusivo de España y que existen numerosas formas alternativas para referirse al dinero en los diferentes países hispanohablantes, destacando plata (la más utilizada en Argentina) y lana (en México).

La derivación de pasta hacia pastizal (cuyo significado original es simplemente "terreno de abundante pasto") es reciente y se origina probablemente a partir de su asociación con la palabra dineral (definida simplemente como "cantidad grande de dinero").  Decimos que alguien pagó un pastizal por algo cuando el importe de la transacción fue muy alto y además claramente excesivo en relación con el valor de lo adquirido.

En inglés, existe una curiosa expresión que incorpora el mismo significado: to pay through the nose (literalmente, "pagar por o a través de la nariz").  El Cambridge Idioms Dictionary la define simplemente como "pagar demasiado por algo" (to pay too much for something).

El origen de la expresión se ha perdido en la noche de los tiempos (la expresión aparece por primera vez escrita a finales del siglo XVII) y ninguna de las explicaciones existentes es enteramente convincente. En todo caso, apuntemos que el probable origen de la expresión se sitúa en la costumbre de los daneses durante su ocupación de Irlanda en el siglo IX (o alternativamente de los vikingos durante sus ataques en todas las Islas Británicas) de cortar la nariz de los desdichados que no pagaban los impuestos requeridos. Cuando se habla de los bárbaros es por algo.

Existe también otra expresión menos pintoresca en ingles (to pay top dollar) con un significado parecido aunque más centrado en lo elevado del importe y carente generalmente de la connotación de que el precio pagado es excesivo, algo más parecido a nuestro "dineral". Por ello, se usa con frecuencia a la hora de referirse a lo abultado de la retribución ofrecida o percibida.

Ejemplos prácticos:
  • El Barça pagó un pastizal por Ibrahimovic para acabar vendiéndole un año después por la mitad. Barça paid through the nose for Ibrahimovic only to sell him a year later for half the money.
  • No reservaron con antelación y al final tuvieron que pagar un pastizal por el avión y el hotel. They didn't book in advance and ended up having to pay through the nose for the plane tickets and the hotel.
  • El internado de su hija en Inglaterra les cuesta un dineral. They pay top dollar for their daughter's boarding school in England.
  • Le tuvieron que pagar un pastizal para que aceptara irse a Hong Kong. They had to pay him top dollar before he agreed to be transferred to Hong Kong.

sábado, 15 de febrero de 2014

Costar un huevo


Está muy extendido en nuestro idioma el empleo de referencias a distintas partes del cuerpo humano para subrayar lo elevado del coste de alguna cosa o servicio.  Así, el Diccionario de la Real Academia Española recoge las expresiones coloquiales "costar algo un riñón" y "costar algo un ojo de la cara" (también la hoy poco habitual "costar los ojos de la cara") y las hace equivaler a "ser excesivo su precio, o mucho el gasto que se ha tenido en ello".

Sin embargo, y como suele suceder, es una expresión más colorista y malsonante la que normalmente se escucha en nuestras oficinas en este contexto.  Efectivamente, habitualmente decimos de algo que nos resultó caro que "nos costó un huevo", empleando este término con el sentido de "testículo" que recoge el propio DRAE.  En este caso, no es intercambiable este vocablo con los otros dos ("pelota" y "cojón") que solemos emplear de manera casi indistinta, y casi siempre en plural, en muchas otras expresiones.

Conviene subrayar, en todo caso, que la expresión "un huevo" se emplea de manera mucho más genérica en España con el valor de "mucho".  Así lo recoge, por ejemplo, el Diccionario de Uso del Español de María Moliner, indicando que suele utilizarse con verbos como costar, valer, saber, etc.

Podemos decir, por ejemplo, que "Pepe sabe un huevo de informática" o que "nos duele un huevo la espalda", con ese extraño uso yuxtapuesto de dos aparentes objetos directos.  También que algo "nos extraña un huevo" o "nos jode un huevo".  Incluso con el verbo costar podemos encontrar construcciones donde "un huevo" se utiliza con este valor general ("me ha costado un huevo encontrar una farmacia abierta a estas horas") y no con el específico que hoy nos ocupa ("la medicina me costó un huevo").

Como hemos notado en alguna otra ocasión, las referencias testiculares de nuestro idioma son tan ricas y variadas que, en ocasiones, pueden confundir incluso a los nativos.  Por ejemplo, si decimos que algo "nos importa un huevo" queremos indicar, generalmente, que el tema nos interesa mucho pero si, por el contrario, indicamos que "nos importa tres cojones", la connotación es exactamente la contraria.  El legendario artículo de Arturo Pérez-Reverte al respecto es siempre una socorrida referencia.

En inglés también recurrimos a una referencia corporal para indicar lo alto o exorbitado del precio de alguna cosa.  Efectivamente, si decimos que algo en inglés nos costó "un brazo y una pierna" (to cost an arm and a leg) queremos indicar, según el Cambridge Advanced Learner's Dictionary que es "extremadamene caro" ("extremely expensive").  A pesar de posibles etimologías más antiguas, lo cierto es que la expresión es de aparición relativamente reciente y su uso se generalizó en los Estados Unidos a partir de los años cuarenta del pasado siglo.

Disponemos también de otras alternativas menos coloristas para expresar la misma idea.  Así, podemos decir to cost a small fortune con el mismo sentido o recurrir como objeto directo a una pluralidad de palabras (a bomb, a packet, the Earth) que habitualmente vienen a equivaler en inglés a una gran suma de dinero.  Quizá a packet sea la que resulte más idiomática hoy en día en inglés británico.

Mención especial hoy, para terminar, al extraordinario diseño de Emery Greer que ilustra nuestra entrada y que está disponible en camiseta para los interesados.

Ejemplos prácticos:
  • A todos nos encantaría hacer el viaje a Buenos Aires en business pero cuesta un huevo.  We'd all love to fly business class to Buenos Aires but the tickets cost an arm and a leg.
  • No sé si los nuevos iphones son la leche o no pero cuestan un huevo.  The new iphones may be the best thing since bread came sliced but they cost a packet.
  • Acabamos de comprar baratísimo el mismo software que a nuestros competidores les costó un riñón hace sólo dos años.  We have just bought for a song the very same software that cost our competitors an arm and a leg only two years ago.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Ir a su bola

En la historia del fútbol, han sido muchos los jugadores que se han distinguido por el individualismo en su juego y el egoismo con el balón en los pies. En la época actual, donde prevalece el carácter eminentemente asociativo del juego, sólo puede calificarse como "chupones" a jugadores como Messi o Ronaldo desde posiciones irracionales basadas en el odio a sus respectivos equipos o a sus personas.

Uno de los grandes regateadores españoles de las últimas decadas fue, sin duda, Onésimo Sánchez, actualmente entrenador y comentarista futbolístico de muy atinado criterio. Onésimo, como se le conocía futbolísticamente, tuvo una carrera fulgurante en equipos modestos como el Valladolid y el Cádiz que le condujo a fichar por el F.C. Barcelona en 1989, al principio de la primera época dorada del club catalán con Johann Cruyff de entrenador. Después de una sola temporada en el equipo blaugrana, volvió al Valladolid, pasando después por el Rayo Vallecano, el Sevilla y el Burgos, para terminar su carrera en el Palencia.

Como buen regateador, Onésimo era propenso a ensimismarse en su jugada y a adornarse en exceso, olvidando la presencia de sus compañeros e incluso la finalidad última del juego. Fue un ejemplo de esos jugadores que, como suele decirse, necesitan un balón para ellos solos.

No está acreditado el origen balompédico de la expresión "ir a su bola", que hoy nos ocupa, pero el mismo parece más que probable. El Diccionario de la Real Academia Española recoge la locución y la hace equivaler con la más formal "ir a lo suyo" que, a su vez, define como "despreocuparse de los demás, y pensar solo en los asuntos o intereses propios". El Diccionario de Uso del Español de María Moliner, por su parte, se refiere más genéricamente a la construcción "a su bola", pues es bien cierto que también solemos emplear con ella otros verbos como estar, y la define como "atendiendo a su propia conveniencia sin preocuparse de los demás".

Podemos decir, sin temor a exagerar, que la mayor parte de las personas en la oficina moderna "van a su bola", ya sea animados por sus ambiciones profesionales o, más generalmente, por un mal disimulado desprecio por todo lo que allí ocurre excepto, por supuesto, el muy noble acto de cobrar a final de mes. En la oficina moderna, a diferencia del fútbol, los componentes asociativos de la organización han sido, en la práctica, arrinconados al tiempo que se ensalzan sin medida las bondades del trabajo en equipo, en una de esas paradojas tan frecuentes en estos tiempos.

Resulta curioso, por ello, que la expresión siga manteniendo una cierta connotación negativa aunque es cierto que la misma está remitiendo. Algo parecido ocurrió hace no muchos años con la expresión "pasar de todo" que evolucionó desde algo criticable ("Carlos es la leche, pasa de todo") hasta convertirse en una actitud casi existencial ("¿ Sabes lo que te digo ? Que paso de todo"). Quizá por ello, si queremos mantener el reproche incorporado a nuestra expresión debemos recurrir, como casi siempre en castellano, a enfatizarla con alguna de nuestras habituales coletillas malsonantes para decir cosas como "siempre va a su puta bola".

En inglés, podemos expresar la idea de ir a su bola o a lo suyo con la expresión to do one's own thing que tiene un significado muy parecido aunque es cierto que no incorpora plenamente las connotaciones negativas que la frase española solía tener.  El Cambridge Advanced Learner's Dictionary recoge esta locución verbal con el sentido de "hacer lo que quieras sin preocuparte de lo que piensen de ti los demás" ("to do what you want without worrying about what anyone else thinks of you").

Ejemplos prácticos.
  • Ahora que por fin me han echado, probablemente estaré un año por ahí a mi bola y a la vuelta pienso montar mi propio negocio. Now that I finally got sacked, I'd probably fuck off for a year and do my own thing and then come back and start my own business.
  • No era fácil trabajar con él porque siempre quería ir a su bola. He wasn't an easy chap to work with because he always wanted to do his own thing.