domingo, 8 de noviembre de 2015

El quinto coño

Dedicamos hoy nuestra atención a un concepto tan singular como "el quinto coño" y sus posibles equivalencias en inglés.

No cabe duda de que la expresión tiene su origen en la menos malsonante "el quinto pino", a la que el Diccionario de la Real Academia Española define sencillamente como "lugar muy lejano". La misma fuente recoge también "el quinto infierno", con los significados de "lugar muy profundo o muy lejano".

La expresión “el quinto pino” es relativamente reciente pues tiene, al parecer, su origen en el Madrid decimonónico. En la larga avenida que hoy configura los paseos del Prado y de Recoletos y el inicio del de la Castellana existían cinco pinos de gran tamaño, el último de los cuales cercano a la zona donde hoy se ubican los Nuevos Ministerios. Esta localización, hoy céntrica, se encontraba verdaderamente alejada en aquel entonces y de ahí surgió la expresión, que se extendió por España por su uso por parte de los periodistas y escritores que residían en la Villa y Corte.

Abandonemos la historia capitalina y volvamos a nuestra sonora expresión. Cuando para referirnos a un lugar alejado utilizamos "el quinto coño" en lugar de expresiones más neutras como las apuntadas, incorporamos a la propia lejanía la connotación de que no nos resulta agradable ir a ese lugar o estar en él. Y lo hacemos, como es frecuente en castellano, recurriendo a "coño" o "cojones" para incorporar esa significación al tiempo que dotamos a nuestra locución de una sonoridad contundente.

Paralelamente, en inglés tenemos también expresiones más o menos neutras como the middle of nowhere, que el Cambridge Advanced Learner's Dictionary define simplemente como un lugar "alejado de pueblos y ciudades y donde vive poca gente" ("far away from any ​towns and ​cities and where few ​people ​live"), aunque sí indica su uso reprobatorio.  Más interesante resulta the back of beyond, utilizada especialmente en el Reino Unido para referirse también a "un lugar alejado de cualquier ciudad grande" ("a ​place ​far away from any ​big ​town", según el CALD).

También disponemos de the arse end of nowhere, eminentemente británica en su uso, que incorpora plenamente las connotaciones negativas y malsonantes de "el quinto coño" y que se asemeja mucho formalmente a otra expresión de uso también frecuente en nuestra lengua, "el culo del mundo".

Ejemplos prácticos:
  • Tuve que ir hasta el quinto pino para encontrar mi disfraz para la fiesta. I had to go to the back of beyond to find my costume for the party.
  • Antes trabajaba cerca de Cibeles pero nuestra nueva oficina está en el culo del mundo. I used to work near Cibeles but our new offices are in the arse end of nowhere.
  • Tuve que llevar a mi hija a un cumpleaños en el quinto coño y al final me pasé la tarde en el coche. I had to drive my daughter to a birthday party in the arse end of nowhere and I ended up spending the afternoon in the car.

sábado, 7 de noviembre de 2015

No te calientes

Los calentones en la oficina son muy desaconsejables.  Y no nos referimos aquí a los de naturaleza lúbrica, que también, como bien observan algunos conocidos refranes de dudoso gusto pero probada sabiduría.  Nuestro comentario va más bien dirigido a los súbitos enfados o, más en general, a cualquier reacción irreflexiva ante los eventos que nos acontecen en el desempeño de nuestro trabajo.

El Diccionario de la Real Academia Española contiene entre sus definiciones para "calentar" la siguiente: "excitar, exaltar, enardecer".  Además, contempla el uso pronominal del verbo ("calentarse") con el valor de "enfervorizarse en la disputa o porfía".  El propio calentón, por cierto, aparece recogido en el Diccionario de Uso del Español de María Moliner como "calentamiento brusco e intenso", definición que resulta bastante genérica.

Es, en todo caso, útil para describir esos momentos en los que, debido a la gravedad o la reiteración de los despropósitos a los que asistimos o de los que somos víctimas, se nos sube la sangre a la cabeza en la oficina y corremos el riesgo de perder el autocontrol.  En esa circunstancia, lo peligroso no es tanto llegar a cometer alguna barbaridad, salvo que la misma lleve aparejada el derramamiento de sangre, sino más bien llegar a decir en un momento de enajenación lo que verdaderamente pensamos.  Esta actuación resulta de todo punto inexcusable pues habitualmente supone verter sobre nuestros superiores o nuestros compañeros juicios de valor críticos, cuando no abiertamente ofensivos.

Es, por ello, recomendable en la oficina moderna mantener siempre la calma e intentar que nuestros compañeros hagan lo propio.  Para ello, empleamos expresiones como las que nos ocupa, que animan al oyente a reconsiderar su enfado o excitación, de manera que los mismos no vayan a más y puedan conducir a excesos verbales de los que luego deba arrepentirse.

A la hora de pedir esa calma de una forma más o menos coloquial, el inglés nos ofrece varias expresiones de sentido muy similar a la española. Además de la más elemental (calm down), podemos emplear la construcción hold your horses (literalmente, "sujeta tus caballos").  El Cambridge Advanced Learner's Dictionary nos indica que se emplea "para decir a alguien que se detenga y considere con cuidado su decisión u opinión acerca de algo"  ("used to tell someone to stop and consider carefully their decision or opinion about something").

Disponemos además de varias alternativas como cool your jets (que incorpora la temperatura en paralelo a la expresión española), take a pill (similar a nuestro sardónico "se te ha olvidado tomarte la pastilla") o chill (que significativamente podemos traducir como "enfríate").

Ejemplos prácticos:
  • No te calientes, deja que te explique todos los detalles. Hold your horses, let me give you all the details.
  • No te lo ha dicho con mala intención, no te calientes. He didn't mean it, cool your jets.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Ni puta gracia

Nos ocupa hoy una expresión española de uso muy frecuente en la oficina moderna y traducción singularmente difícil a la lengua de Shakespeare.  Nos referimos a la construcción "ni puta gracia", enésimo ejemplo del empleo de una palabra malsonante para reforzar nuestro mensaje.

En este sentido, conviene subrayar inicialmente la enorme diferencia existente entre "no hacer gracia" y "no hacer ni puta gracia", que va más allá de lo meramente enfático. Nótese que en el primer caso incluso decimos con frecuencia "no me hace mucha gracia" dejando claro que se trata de un desagrado suave, casi imperceptible. Cuando una cosa no nos hace ni puta gracia, sin embargo, nos molesta sobremanera o, más bien, "nos toca los cojones", por continuar en parecido registro.

Podemos intentar trasladar al inglés esta construcción y su énfasis malsonante introduciendo vocablos de esta naturaleza en expresiones más inocuas.   En este sentido, conviene recordar que en inglés las palabras malsonantes (especialmente el omnipresente fucking) pueden usarse casi con cualquier valor gramatical.

Así, podemos decir, por ejemplo, I don't fucking get the joke o I don't think it's fucking funny.  Conviene notar, una vez más, que el uso de palabras malsonantes en lenguas distintas de la nativa es siempre peligroso y comporta el riesgo de sonar ridículo o excesivamente grosero.   Cuando decimos tacos en otra lengua es casi imposible medir bien el tiro, como observa con agudeza Milan Kundera en una de sus obras.

Creemos, por ello, que en este caso es más apropiado elevar el tono de nuestro discurso y adentrarnos en el fascinante mundo del understatement, uno de los territorios más intrínsecamente británicos.  Nos referimos al arte de expresar nuestros pensamientos o sentimientos mediante una referencia muy parcial y contenida a los mismos pero que deja, sin embargo, clara su profundidad y hondura.

En este caso, nuestra sugerencia sería utilizar la expresión I am not amused (que podemos traducir simplemente como "no me entretiene" o "no me hace gracia"), acompañada por un gesto a medio camino entre el desagrado y el abierto desdén.

La expresión es célebre por haber sido pronunciada, supuestamente en más de una ocasión, por la reina Victoria de Inglaterra, quien lógicamente decía más bien we are not amused, utilizando el plural mayestático.  Expresaba así su desagrado hacia comentarios que escuchaba o representaciones a las que asistía con una contundencia notable a pesar de la apariencia inocua de la frase.  La reina Victoria ocupó el trono entre 1837 y 1901, en el período de mayor esplendor económico y cultural del Imperio Británico, época verdaderamente admirable en muchos sentidos.

Ejemplos prácticos:
  • La verdad es que su correo no me hizo ni puta gracia. To be perfectly honest, I was not amused by his e-mail.
  • Cuando me enteré de que tenía que ir yo a Bilbao a resolver el tema, no me hizo ni puta gracia. When I found out that I had to go to Bilbao to sort things out, I was not amused.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Ni puta idea

La profusión de indocumentados en la oficina moderna es un fenómeno conocido cuya intensidad y persistencia constituyen uno de sus grandes misterios.  Resulta inexplicable como personas ayunas de todo conocimiento práctico para el desarrollo de sus funciones no sólo no son desenmascaradas por sus superiores sino que, en ocasiones, consiguen incluso que les sean encomendadas responsabilidades mayores.

Esta excepción española al conocido Principio de Peter, que postula que los empleados ascienden en la organización hasta alcanzar su nivel de incompetencia, tiene probablemente su origen en la forma en que se reparten los puestos de responsabilidad en nuestras empresas, donde prevalece el clientelismo sobre la capacidad.

El Diccionario de la Real Academia Española acoge la expresión "no tener ni idea" y le asigna el significado de "desconocer por completo algo".   El Diccionario de Uso del Español de María Moliner, además de ofrecernos una definición similar, observa que "se usa frecuentemente en expresiones como "ni la más remota idea" o, vulgarmente, con calificativos como "puta" o "zorra""

En la expresión que nos ocupa hoy la utilización del adjetivo "puta", además de incorporar el énfasis malsonante tan habitual en nuestro discurso, actúa para modificar la naturaleza de la ignorancia o el desconocimiento pues es, obviamente, muy diferente no tener ni idea a no tener ni puta idea.  La ignorancia en el primer caso puede ser inocente y, en muchos casos, inevitable pero en el segundo se torna inexcusable y por ello merece nuestro reproche.

A la hora de trasladar al inglés esta expresión,  no recomendamos traducirla literalmente y utilizar la frase I have no bloody/fucking idea, aunque la misma sea perfectamente aceptable e inteligible.  En todo caso, y como siempre que transitamos estos terrenos, hay que extremar la prudencia gramatical para evitar los errores a los que somos tan propensos los hispanohablantes.

Sin embargo, si queremos mantener en inglés el tono malsonante, lo mejor es recurrir al uso de la forma what the fuck que tratamos con alguna extensión en la entrada dedicada a las expresiones españoles "qué coño" y "qué cojones".  Ilustramos su uso en este contexto con el primero de los ejemplos más abajo.

Mucho más idiomático resulta enfatizar esa completo desconocimiento con el elegante adjetivo foggy (literalmente neblinoso, en referencia la niebla) en su forma superlativa foggiest.  Esta última es tan potente semanticamente que permite incluso eliminar la propia palabra idea.  Alternativamente, podemos emplear también la construcción not to have a clue (que podría traducirse como "no tener ni una pista").

Ejemplos prácticos:
  • Cuando habló en el comité, todos se dieron cuenta de que vuestro jefe no tenía ni puta idea de lo que estaba diciendo.  When he spoke at the committee, everyone noticed that your boss didn't know what the fuck he was talking about.
  • En cuanto empezó a hablar su abogado, me di cuenta de que no tenía ni puta idea de fiscalidad portuguesa. As soon as their lawyer started to talk, I noticed he didn't have the foggiest (idea) about Portuguese taxation.
  • Se notó que no tenía ni puta idea de lo que le estaban preguntando. It was clear that he didn't have a clue about what they were asking.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Colgarse medallas


Pocas actitudes enervan más a las personas de bien que trabajan en la oficina moderna que la inmoderada tendencia de algunos de sus compañeros a "colgarse la medalla" de algún logro o éxito sin haber participado en su consecución o, al menos, sin haberlo hecho en la medida exigible a su responsabilidad o capacidad.

El Diccionario de Uso del Español de María Moliner recoge nuestra expresión de hoy, tanto con el verbo "colgarse" como con "ponerse", y muy precisamente la define como "atribuirse los méritos ajenos cuando algo sale bien".  Aunque hoy en día solemos asociar las medallas con los logros deportivos, lo cierto es que el término designa genéricamente cualquier "distinción honorífica o premio que suele concederse en exposiciones, certámenes, competiciones deportivas", por utilizar la definición que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia Española.  De hecho, la expresión parece remitirnos más bien a las condecoraciones militares, concedidas por el valor demostrado en el campo de batalla.

Se atribuye a John F. Kennedy la atinada observación de que el éxito tiene muchos padres pero el fracaso es huérfano.  Ciertamente, cuando en la oficina moderna se alcanza algún logro o éxito, no escasean los ventajistas que quieren sumar su nombre a la lista de artífices del mismo, generalmente sin haber contribuido en absoluto a su consecución.  No es infrecuente que los mismos que pretenden beneficiarse del éxito ajeno una vez obtenido hayan asistido antes con desdén a los afanes por alcanzarlo, sin mover un dedo en la dirección necesaria.

En inglés, podemos referirnos a este abominable comportamiento con la explícita expresión to take credit for someone else's work.  Además de sus usos técnicos en los ámbitos contables y académicos, el principal significado de la palabra credit es equivalente al que asignamos en castellano a la palabra "mérito".  Hablamos por tanto de "atribuirse el merito por el trabajo ajeno", precisamente lo que expresamos cuando hablamos de "colgarse la medalla".

Resulta, sin embargo, preferible el uso de la más sencilla to take credit for que ya incorpora un cierto escepticismo sobre los méritos verdaderamente contraídos, especialmente cuando el contexto incorpora las connotaciones que buscamos.  Así puede constatarse en la definición que para esta locución verbal nos ofrece el McGraw-Hill Dictionary of American Idioms and Phrasal Verbs: "to allow people to believe that one has done something praiseworthy, whether or not one has actually done it"  ("dejar que los demás piensen que hemos hecho algo meritorio, lo hayamos hecho realmente o no").

Ejemplos prácticos:
  • El becario había hecho todo el trabajo pero ella se colgó la medalla cuando el jefe dijo que era exactamente lo que necesitaba para la reunión.  The intern did all the work but she took credit for it when the boss said it was precisely what he needed for the meeting.
  • Se negaron a convocar elecciones anticipadas para colgarse la medalla de la esperada recuperación global en la segunda mitad del año.  Al final les salió el tiro por la culata y la oposición ganó por goleada.  They refused to call a snap election so that they could take credit for the expected global recovery in the second half of the year.  In the end they were hoist by their own petard and the opposition won in a landslide.

martes, 3 de noviembre de 2015

Son lentejas

La oficina moderna es propensa a plantearnos situaciones ante las que sólo cabe la aceptación, resignada o no, pues nada podemos hacer por evitar sus implicaciones o consecuencias.   Mucho menos por exponer nuestras objeciones o solicitar que se revisen los parámetros bajo los que se tomaron las decisiones de las que traen causa estas situaciones, posturas éstas que se sitúan casi en el terreno de la resistencia a la autoridad.

Nos encontramos, en definitiva, frente a la conocida política de los hechos consumados, a los que algunos pedantes se refieren innecesariamente con su forma francesa fait acompli.  De forma mucho más castiza, habitualmente utilizamos la expresión "son lentejas" para referirnos a estas situaciones, sintetizando una más larga y explícita construcción ("son lentejas, si quieres las tomas y si no las dejas"), de evidente origen popular.

El Diccionario de Uso del Español de María Moliner recoge la expresión, de la que indica que es una "frase con la que se manifiesta que algo es de cierta manera y no hay posibilidad de que cambie, por lo que el interesado sólo puedo aceptarlo tal como es o rechazarlo".  Como puede observarse estamos ante una forma ocurrente, basada en una rima fácil, de decir "te guste o no" o, más llanamente, "esto es lo que hay".

Existe en inglés una expresión con idéntico valor aunque sin referencia gastrónomicas: to like it or lump it.  En la excelente pagina www.phrases.org.uk la encontramos definida de la siguiente manera: "said of an unpleasant outcome that one has no choice but to accept - one can either endure it willingly or endure it with suffering" ("se dice de una situación desagradable que uno no tiene otra opción que aceptar; lo puede soportar de buen grado o sufridamente").   El lector interesado podrá consultar en la misma página el origen de la expresión y el sentido preciso del verbo to lump en este contexto.

Más sencillo aún resulta recurrir en este contexto a la construcción take it or leave it (equivalente literal a nuestro "lo tomas o lo dejas"), especialmente cuando nos referimos a una oferta que estamos presentando.

Ejemplos prácticos:
  • Thatcher les dijo a los mineros que eran lentejas y ya sabemos que no solía rectificar.  Thatcher told the miners that they could like it or lump it and we all know that she was not for turning.
  • No están dispuestos a seguir aceptando los presupuestos de sistemas como "son lentejas".  They are no longer prepared to "like it or lump it" with the IT budget.
  • No vamos a perder más tiempo con esto.  Nuestra oferta final es de cincuenta mil euros al año y son lentejas.  Let's not waste any more time on this. Our final offer is fifty thousand euros per annum; you can take it or leave it.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Cortina de humo

No escasean los ejemplos de expresiones propias de la estrategia militar que se han incorporado por analogía al vocabulario de la oficina moderna, quizá por la facilidad con que las relaciones allí se tornan dialécticas.  Hace algún tiempo tuvimos, por ejemplo, ocasión de referirnos a la política de tierra quemada, muy habitual entre quienes cambian de función o de empresa.

De forma quizá no tan evidente, la cortina de humo tiene también su origen en el mundo de las armas.  Efectivamente, la misma constituye una argucia militar para ocultar al enemigo los movimientos de las tropas u otros elementos bélicos.  El humo puede ser producido por mecanismos específicos (como granadas u otros) o por la combustión de los motores de vehículos o navíos.

El Diccionario de la Real Academia Española recoge el origen militar de la expresión y ofrece como significado de la misma el siguiente: "masa densa de humo, que se produce artificialmente para dificultar la visión".  Por extensión, el DRAE también nos indica que la expresión se utiliza para referirse a cualquier "artificio de ocultación".  El Diccionario de Uso del Español de María Moliner nos ofrece una observación genérica sobre esta construcción que puede resultarnos incluso más útil: "se usa en sentido figurado para referirse a algo que se utiliza para ocultar otra cosa".

Son innumerables los elementos y las tácticas que se emplean en la oficina moderna con el objeto de ocultar los aspectos sombríos de la realidad, que con frecuencia son los más.  No nos referimos a los artificios contables o a los malabarismos técnicos de los abogados, sino más bien al arte de distraer la atención de organizaciones enteras, de manera que pasen desapercibidos errores de bulto, cuando no auténticos desmanes corporativos que sólo se descubren, en su caso, cuando sus responsables ya han conseguido transitar hacia la siguiente estación en su meteórica carrera profesional.

Debido quizá a su origen en el universal arte de la guerra, existe en inglés un equivalente literal de nuestra expresión (smoke screen, que podemos encontrar escrito junto o separado) que podemos emplear en el mismo sentido.

Sin embargo, disponemos también de una expresión muy idiomática y de curioso origen.  Se trata de red herring (arenque rojo), expresión que el Cambridge Advanced Learner's Dictionary define como "a fact, idea or subject that takes people's attention away from the central point being considered" (un hecho, idea o asunto que distrae la atención de las personas del punto central del que se trata).

La expresión tiene, al parecer, su origen en la antigua práctica británica de utilizar arenques en salazón en el proceso de adiestramiento de los perros de caza.  El fuerte olor de los peces era utilizado para confundir a los sabuesos y enseñarles a distinguir el auténtico rastro.  La construcción se incorpora al inglés ya en el siglo XVII, época en que la práctica cinegética estaba mucho más extendida en las Islas Británicas que en la actualidad.

Ejemplos prácticos:
  • El asunto de la ubicación fue una cortina de humo perfecta para evitar discutir asuntos aún más sensibles como el reparto de los ingresos.  The location issue was the perfect smokescreen to avoid discussing even touchier matters such as the distribution of revenues.
  • Las razones esgrimidas para aprobar la nueva ley con tanta prisa son las habituales sobre la lucha contra el terrorismo global y el crimen organizado, pero son meras cortinas de humo.    The reasons given for passing the new law in such a haste are the usual ones about the fight against global terrorism and organised crime, but this is just a red herring.