lunes, 30 de noviembre de 2015

Andar con pies de plomo

La prudencia, hermana de la sensatez pero también de la cautela, es cualidad que suele adornar a las personas de éxito en la oficina moderna.  Más sorprendente resulta la frecuencia con la que, en estos tiempos, encontramos a verdaderos pusilánimes en puestos ejecutivos, contrariamente a lo que dictaría cualquier lógica empresarial.  Efectivamente, en estos tiempos calculadores y ventajistas, el exceso de prudencia, que puede muchas veces confundirse con la propia cobardía, parece estar mejor considerado que otras actitudes más decididas.

El Diccionario de la Real Academia Española hace equivaler la locución adverbial "con pies de plomo" con "despacio, con cautela y prudencia".  Otras fuentes coinciden en considerar la precaución, la cautela y la prudencia como los elementos definitorios de este comportamiento, que generalmente encontramos en compañía de verbos de movimiento como "andar" o "ir".

Existe una curiosa construcción que podemos emplear para trasladar al inglés nuestra expresión de hoy, especialmente cuando la misma va a referida a personas ("andarse con pies de plomo con alguien").  Se trata de to treat/handle with kid gloves que podría traducirse como "tratar con guantes de (piel de) cabra".  El Cambrdge Dictionary of Idioms la define como "to be very polite or kind to someone because you do not want to make them angry or upset" ("ser muy educado o amable con alguien porque no queremos enfadarle o incomodarle").

Los guantes hechos de piel de cabrito eran, al parecer, especialmente suaves y dieron origen a la expresión en el siglo XVIII, con el sentido de tratar con delicadeza o sumo cuidado.  La construcción adquirió progresivamente algunas connotaciones negativas y se extendió su uso para referirse a las personas que se andan con excesivos remilgos en su labor.

Nos encontramos aquí muy próximos al sentido de una de las más singulares expresiones españolas: "cogérsela con papel de fumar" (que también podemos encontrar en construcciones negativas como "no cogérsela ni con papel de fumar").  En un antiguo artículo, Amando de Miguel cita la definición que de la expresión contiene el Diccionario del Insulto de Juan de Dios Luque y otros: "ser excesivamente formalista, puntilloso y exquisito; dícese también del legalista o pseudopuritano que hila muy fino porque tiene excesivos remilgos en comprometerse o arriesgarse".  Aclaremos, para los no familiarizados con la expresión, que lo que se coge es, efectivamente, el pene al que, por algún motivo, en el lenguaje vulgar solemos referirnos con términos de género femenino.

En todo caso, tal como se explica en www.phrases.org.uk, esas connotaciones se perdieron al cruzar la expresión el charco (o la más lírica "laguna" que emplearíamos en inglés) y hoy su valor es más neutro y equivalente, por tanto, a nuestro "andar con pies de plomo".

Ejemplos prácticos:
  • Lleva muchos años y su mayor habilidad es saber cuando hay que andarse con piel de plomo. He is an old hand and his main skill is in knowing which situations to handle with kid gloves.
  • Ignoró tu recomendación de andarse con pies de plomo con él e hizo comentarios que podían interpretarse como una crítica a su gestión de la crisis.  She ignored your advice to treat him with kid gloves and made comments that could be construed as critical to his management of the crisis.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Mira quién fue a hablar

Abordamos hoy un giro de gran utilidad para contestar a la persona que realiza un comentario crítico o desdeñoso hacia alguna actitud o comportamiento ajenos, haciéndole notar que ella no es precisamente un ejemplo en los aspectos en cuestión.

En efecto, el Diccionario de la Real Academia Española recoge la frase "mira quien habla", hoy generalmente sustituida en el lenguaje coloquial por "mira quien fue a hablar", indicando que se emplea "para reprochar a alguien el mismo defecto que él censura en otro, o con que se le advierte que no debe hablar en determinadas circunstancias o de cierta materia".

Es innecesario añadir que la oficina moderna es pródiga en circunstancias en que esta expresión resulta útil o incluso imprescindible. No es menos cierto que en muchas de ellas, especialmente cuando el receptor potencial de la misma es a la vez superior jerárquico del emisor, la frase debe permanecer elíptica tras una mirada de simple asombro.

El inglés nos ofrece una pluralidad de posibilidades para expresarnos en estas situaciones, lo que confirma que las mismas no son exclusivas de nuestro ámbito cultural, como podremos comprobar más abajo. La más literal, look who's talking, resulta incluso más pueril que la castellana y además nos recuerda programas televisivos que, pese a su carácter abominable, han cruzado fronteras con aparente impunidad e incluso éxito para sus creadores.

Un paso más adelante se encuentra it takes one to know one, de difícil traducción literal (algo así como "uno reconoce a los que son como él") pero que incorpora de manera bastante precisa la idea que buscamos. Si añadimos un ladrón a la locución (it takes a thief to know a thief, que también podemos encontrar con catch en lugar de know) nos encontramos con el equivalente de nuestro "cree el ladrón que todos son de su condición", versión algo más agresiva de nuestra expresión de hoy pero con idéntico sentido.

Ejemplos prácticos:
  • - No puedo soportar a Miguel; es un auténtico lameculos. - Mira quién fue a hablar, tú parece que vives en el despacho del jefe. - I can't stand Miguel; he is a real brown noser. - It takes one to know one, you don't go out of the boss' office for days.
  • No deja a nadie ir a seminarios en el extranjero porque cree que sólo van por la juerga. Cree el ladrón que todos son de su condición. He doesn't let anyone attend seminars abroad because he thinks they go there just to party. It takes a thief to know a thief.

Sin embargo, la expresión más pintoresca e idiomática para expresar esta idea es the pot calling the kettle black (que podría traducirse como "el cazo diciéndole a la tetera que está negra") que se usa con la misma significación.  El Cambridge Advanced Learner's Dictionary apunta precisamente que se trata de algo que se dice para indicar que alguien no debe criticar a otro por un defecto que él mismo tiene ("something that you say which means someone should not criticize another person for a fault that they have themselves").

Ejemplo práctico:
  • - Se queja de que la gente no quiere tener reuniones los viernes por la tarde. - Mira quien fue a hablar; él se pira temprano los viernes siempre que puede. - He is always complaining about people refusing to schedule meetings on Friday afternoons. - That's the pot calling the kettle black; he leaves early on Fridays whenever he can.

Curiosamente, las fuentes consultadas (incluída Wikipedia, en un interesante artículo que incluye las formas para expresar este concepto en múltiples lenguas) sitúan el origen de esta última expresión nada menos que en el Quijote cervantino y su incorporación a la lengua inglesa en la traducción de la obra que realizó Thomas Selton en 1620.

Efectivamente, el capítulo LXVII de la segunda parte del Quijote contiene este intercambio que ilustra a la perfección el concepto que hoy nos ocupa:

- No más refranes, Sancho - dijo don Quijote -, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo en refranes y que te vayas a la mano en decirlos; pero paréceme que es predicar en desierto, y "castígame mi madre, y yo trompógelas".
- Paréceme - respondió Sancho - que vuesa merced es como lo que dicen: "Dijo la sartén a la caldera: Quítate allá, ojínegra". Estáme reprehendiendo que no diga yo refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos.

La frase de Sancho fue trasladada al inglés por Shelton así:
- ‘Methinks, sir,’ said Sancho, ‘you are like what is said that the frying-pan said to the kettle, “Avaunt, black- brows”; you reprehend me for speaking of proverbs, and you thread up yours by two and two.’

sábado, 28 de noviembre de 2015

Hacer la vista gorda

En los últimos tiempos, algunos medios de comunicación otrora silentes han empezado a llamar la atención sobre la muy deficiente supervisión que el Banco de España realizó sobre las cajas de ahorro en los años previos al colapso y la nacionalización de muchas de ellas.  Sólo desde alguna intencionalidad política hoy inextricable puede entenderse esta repentina alarma por una negligencia tan prolongada y conspicua que permitió desmanes de todo tipo, incluído el latrocinio en no pocos casos.

El Diccionario de la Real Academia Española define la locución verbal "hacer la vista gorda" como la acción de "fingir con disimulo que no se ha visto algo". Es notable la presencia central en el concepto del disimulo, definido exquisitamente en otro lugar por el DRAE como "arte con que se oculta lo que se siente, se sospecha, se sabe o se hace", en términos dignos del mejor Javier Marías.

Podemos preguntarnos inicialmente si nuestro "hacer como que no vemos" es un acto generoso frente a terceros o, más bien, un intento de evitar las consecuencias que para nosotros tendría ver y actuar en relación con lo que vemos. En la oficina moderna concurren, sin duda, las dos motivaciones pero nos atrevemos a apuntar que abunda más la segunda pues no es sino una más de las formas que adopta en nuestras empresas la proteica y omnipresente elusión de la responsabilidad. Si hacemos la vista gorda, ¿ quién podrá asegurar que en realidad vimos y no actuamos ?

En inglés existe una expresión con un significado muy similar, to turn a blind eye to something (literalmente algo así como "mirar con el ojo ciego o tuerto").  El Cambridge Advanced Learner's Dictionary la define como "ignorar algo que sabes que está mal" ("to ignore something that you know is wrong")

Como tantas expresiones inglesas, esta frase tiene al parecer su origen en un episodio de la rica historia naval de la Gran Bretaña.  Efectivamente en 1801, cuatro años antes de abrazar la gloria y la muerte en Trafalgar, Horatio Nelson se negó en la batalla de Copenhague a seguir las instrucciones de retirarse que le transmitían mediante banderas desde la nave de Sir Hyde Parker, el admirante de la flota en aquel momento. Nelson, que había perdido un ojo en Córcega en 1774, optó por seguir combatiendo, diciendo a uno de sus subordinados: "You know, Foley, I have only one eye - and I have a right to be blind sometimes... I really do not see the signal" ("ya sabes, Foley, que sólo tengo un ojo y tengo derecho a ser ciego en ocasiones; la verdad es que no veo la señal").

En los últimos tiempos, y quizá por influjo del inglés, se ha popularizado en nuestro idioma emplear también en este contexto la construcción "mirar para otro lado", equivalente literal del to look the other way de la lengua de Shakespeare.  El valor de esta locución en ambos idiomas es también idéntico: ignorar algo malo o desagradable en lugar de intentar revertir la situación.

Ejemplos prácticos:
  • Son responsables de lo que pasa pero claramente algunos hacen la vista gorda.  They are responsible for what goes on but quite clearly some have been turning a blind eye.
  • El poderío militar iraquí se construyó con el apoyo de algunas potencias occidentales mientras que otras hicieron la vista gorda ante las actividades de sus traficantes de armas.  Iraq's military might was built with the encouragement of some Western powers, while others turned a blind eye to their arms merchants' activities.
  • Cuando el Madrid juega en casa, la gente aparca donde le da la gana y la policia hace la vista gorda. When Real Madrid plays at home, people park wherever they please and the police turn a blind eye.
  • A toro pasado, hubiera sido mejor mirar para otro lado cuando nos dimos cuenta de las transferencias sospechosas.  With hindsight it would have been better if we had looked the other way when we first noticed the suspicious money transfers.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Con la gorra

Terminamos hoy la breve serie que hemos dedicado a frases que utilizamos para expresar la facilidad de una tarea y que se inscribe en nuestro sincero pero intermitente afán de evitar que estas páginas entren en la deriva sombría hacia la que parecen tender, reflejando quizá el carácter siniestro de la oficina moderna.

Hoy nos detenemos en la expresión "con la gorra" que el Diccionario de la Real Academia Española define lacónicamente como "fácilmente, sin esfuerzo".

Dado que el uso impropio de nuestra lengua no conoce apenas límites, conviene que no confundamos esta expresión con la similar "de gorra" que quiere decir simplemente "gratis, sin pagar", segun el Diccionario de Uso del Español, que también alerta sobre el hecho de que generalmente existe un cierto abuso en esta conducta. En este sentido, cuando se usa la incorrecta expresión "por la gorra", no se hace sino unir "por la cara" y "de gorra" para denotar lo mismo que propiamente expresa esta última.

En inglés la expresión más útil para expresar la idea que hoy buscamos es, sin duda, hands down (que podemos traducir literalmente como "con las manos bajas" o más libremente como "con las manos en la espalda" o "con las manos en los bolsillos").  Generalmente, nos encontramos con esta locución adverbial tras los verbos to win o to beat.

Ejemplos prácticos:
  • Teniendo en cuenta sus tiempos de entrenamientos, los Red Bulls deberían haber ganado la carrera con la gorra. Considering their practice times, the Red Bulls should have won the race hands down.
  • Después de ver las ofertas económicas de nuestros competidores, pensamos que les superaríamos con la gorra y conseguiríamos el mandato.  After we saw our competitors' economic proposals, we thought we would beat them hands down and get the mandate.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Tirar a pichón parado

En nuestra serie de entradas dedicadas a la facilidad de determinadas tareas, hoy dedicaremos nuestra atención a la expresión "tirar a pichón parado", de evidente origen cinegético y de significación transparente en ese contexto. Nada puede ser más fácil que abatir un pichón cuando éste está posado y evitamos la complicación de acertarle en movimiento.

En este sentido, conviene notar que no son pocos quienes utilizan una versión degenerada de esta expresión ("tirar a balón parado"), quizá por la ubicua presencia del balompié en nuestras vidas. La imagen futbolística es manifiestamente errónea, al menos en el sentido en que habitualmente se emplea. Efectivamente, ni siquiera para los jugadores más técnicos es sencillo marcar a balón parado, especialmente en estos tiempos en que los árbitros permiten a los jugadores que forman la barrera colocarse donde mejor les parece.

El mundo futbolístico sí nos aporta, sin embargo, una expresión útil en el campo semántico en que nos movemos esta semana, el de la sencillez de alguna actividad.  Nos referimos a decir que algo estaba "para empujarla", refiriéndonos, claro está, a la pelota dentro de la portería, una vez vencida la resistencia de defensas y portero.

En todo caso, y dado que la caza es actividad extendida en todas las culturas desde tiempo inmemorial, no sorprende que la lengua inglesa ofrezca una expresión de origen y formulación muy similares a los de la construcción que hoy nos ocupa. Para connotar la facilidad con la que algo puede conseguirse, en inglés podemos decir que es a sitting duck (que podría traducirse como "un pato posado").  Conviene advertir, sin embargo, que la expresión inglesa subraya sobre todo la indefensión de quien es atacado o criticado mientras que la construcción española se centra más bien en la situación de ventaja de quien precisamente ataca o critica.

Ejemplos prácticos:
  • Teniendo en cuenta la baja popularidad de Obama en 2010, los republicanos tiraron a pichón parado en muchos escaños demócratas. Given how unpopular Obama was in 2010, many Democrats became sitting ducks for the Republicans.
  • Después de que su cotización se desplomara por los problemas de financiación, comprar la compañía era tirar a pichón parado para los tiburones financieros.  After its share price collapsed because of refinancing problems, the company became a sitting duck for corporate raiders.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Estar a huevo

La constante presencia de los huevos en nuestro lenguaje no tiene, como es sabido, origen ornitológico ni gastronómico sino que es consecuencia de la acepción que los relaciona con los testículos.  Efectivamente, un sinnúmero de expresiones en nuestra lengua pueden emplearse de forma indistinta con las tres palabras (pelotas, huevas, cojones) con las que, en orden creciente de zafiedad, nos referimos a las gónadas masculinas

En todo caso, nada tiene que ver con esta acepción la expresión que hoy nos ocupa, "estar a huevo".  Esta construcción trae causa más bien en el hecho de que, en el pasado, las gallinas eran tan abundantes y producían tantos huevos que el valor de estos era muy reducido.

Así, el Diccionario de la Real Academia Española recoge la expresión y la define en su primera acepción como "dicho de vender o costar, muy barato". Más relevante para nuestros intereses hoy es la segunda acepción, en la que haciendo equivaler esta locución con "a tiro", le asigna el significado de "al alcance de los deseos o intentos".  El Diccionario de Uso del Español, por su parte, ofrece las equivalencias a "asequible, posible".  Recuerda el María Moliner también que en México la expresión tiene un sentido muy distinto pues allí se emplea para indicar que algo se hace "a la fuerza, no voluntariamene".

En todo aso, el uso moderno de "a huevo" en España se refiere más bien a poder obtenerse con facilidad, sin necesidad de realizar un gran esfuerzo. Generalmente, además, se trata de algún asunto o tarea que antes no tenía esta condición y que, por causas sobrevenidas o por el mero paso del tiempo, se ha "puesto a huevo" o se ha "quedado a huevo".

Esta misma idea puede expresarse en inglés con la locución to be there for the taking (algo así como "estar ahí para que lo cojan") y la más infrecuente to be yours for the taking.  El Cambridge Idioms Dictionary nos indica que las empleamos para referirnos a algo que es muy fácil de hacer o de conseguir.

Ejemplos prácticos:
  • Con el euro como estaba, conseguir el contrato estaba a huevo. Given where the euro was trading, the contract was there for the taking.
  • Con los equipos que han caído eliminados en la primera eliminatoria, la Copa se ha puesto a huevo este año. If you look at the teams that are out after the first round, this year the Cup is there for the taking.
  • No niego que él estuviera capacitado pero cuando Pedro y Alberto se fueron, el puesto se puso a huevo.  I am not saying he was unqualified but when Peter and Albert left, the job was there for the taking.

martes, 24 de noviembre de 2015

Estar chupado


El lector habitual de estas páginas podría llegar a pensar que todas las tareas que se ejecutan en la oficina moderna requieren un esfuerzo hercúleo para ser completadas, inscribiéndose las más de las veces el desempeño profesional en la categoría de lo heroico.  Sin embargo, como observábamos hace unas fechas al referirnos a la expresión "blanco y en botella", la realidad es que nuestros quehaceres también incluyen tareas mucho más sencillas, a las que vamos a dedicar nuestra atención prioritaria esta semana.

Iniciamos nuestro recorrido en la expresión "estar chupado" que, aunque resulta algo pueril, sigue escuchándose en nuestras oficinas con alguna frecuencia.  Nos referimos aquí, lógicamente, a la segunda acepción que recoge el Diccionario de la Real Academia Española, es decir, la asociada con la facilidad de una tarea o actividad.

Señalemos, antes de seguir adelante, que la primera acepción de "chupado", que hace referencia a la extremada delgadez o extenuación de una persona, puede expresarse precisamente en ingles con el adjetivo skinny (algo así como "pellejudo"), más idiomático que thin. Los periplos del autor por Hispanoamérica le obligan también a alertar al lector de que "estar chupado" equivale para muchos hispanohablantes a nuestro "estar cocido", dado que chupar tiene allí en general un significado equivalente a beber, con el alcohol como objeto omitido en todo caso.

Si bien no es muy frecuente que encontremos labores extremadamente sencillas o fáciles en nuestro desempeño profesional, puede que ocasionalmente se nos encomienden, en un intento de demostrar nuestra inutilidad. Estemos, en todo caso, atentos ante encargos que puedan parecer "chupados" a primera vista pues no es infrecuente que tras esa apariencia inocua se encuentre, en realidad, un marrón de dimensiones apocalípticas.

Disponemos de numerosas opciones para incorporar al inglés este idea, que además de "estar chupado", podemos expresar en castellano con la muy similar construcción "estar tirado" o, más desusadamente hoy, "ser pan comido" ("ser muy fácil de conseguir", según el DRAE).

En primer lugar, tenemos dos expresiones de origen norteamericano con referencias a los pasteles.  Efectivamente podemos equiparar alguna tarea o labor a un cakewalk, una especie de paseo acompañado por música, cuyos pasos más meritorios recibían el premio de un pastel.  La expresión tiene hoy el valor de "algo fácil de conseguir" ("something easily accomplished", según The American Heritage Dictionary of the English Language).

Igualmente, podemos emplear a piece of cake ("un trozo de pastel", literalmente) en este contexto para referirnos a algo muy fácil de hacer.  Con parecida estructura, pero en un registro sensiblemente más zafio aunque aceptable, tenemos la construcción a piece of piss, más común en las oficinas británicas.  Para el no nativo, la expresión requiere además una cierta concentración en la pronunciación correcta y diferenciada de sus dos elementos principales.

En una línea más convencional podemos utilizar child's play (el equivalente literal de nuestro "juego de niños") o la británica doddle.  También podemos hacer referencia a la sopa de pato (duck soup), inmortalizada en el título de la película de los Hermanos Marx que conocemos en nuestro idioma como "Sopa de Ganso".

La opción más idiomática y evocadora, y probablemente la más aconsejable especialmente si la utilizamos en sentido negativo (como en nuestro ejemplo), es a walk in the park. Las connotaciones idilícas de un relajado paseo por el parque reflejan a la percepción lo que pretendemos expresar. Es además frase que se presta al lucimiento personal en la pronunciación, al incorporar dos palabras como walk y park, que pese a su aparente sencillez marcan la diferencia cuando los hispanohablantes se aventuran en el inglés.  Por extensión, también podemos decir con el mismo sentido que algo no va a ser un picnic.

Ejemplos prácticos:
  • Después de conseguir que el jefe de riesgos lo aprobara el resto del proceso fue pan comido. Once we got it approved by the risk manager, the rest of the process was a cakewalk.
  • Me dijo que el examen del CFA III estaba chupado. Menudo gilipollas. He told me the CFA III examination was a piece of piss. He's such a wanker.
  • Convencerles para que acepten el nuevo calendario no va a ser nada fácil. Getting their approval for the new timetable will be no walk in the park.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Vender la moto


De forma improvisada y algo caótica, hemos dedicado a lo largo del tiempo varias entradas a expresiones relacionadas con los muchos engaños, consumados o tentativos, que tienen lugar cada día en la oficina moderna.  La serie nos acerca hoy a una expresión de indudables relevancia e interés y que nos resulta esquiva desde hace tiempo.  Hoy, gracias a una sugerencia de uno de nuestros más ilustres comentaristas, creemos estar en disposición de acometer definitivamente su análisis y ensayar su traslado a la lengua inglesa.

Nos referimos, claro está, a "vender la moto", locución verbal de uso frecuente en nuestras oficinas pues, como se verá, viene a describir un conjunto de conductas muy extendidas en el ambiente laboral y aún fuera de él.   No resulta, en todo caso, evidente la razón por la que recurrimos precisamente a la moto en este caso aunque es cierto que también podemos escuchar la variante "vender la burra".

Para esclarecer el sentido preciso de la expresión, partamos de la definición que nos ofrece el Diccionario Akal del Español Coloquial: "engañar a alguien, intentar convencerle de que se le ofrece lo mejor".  Efectivamente, en muchas ocasiones es el engaño el elemento principal que subyace cuando usamos esta expresión.  Podemos, así, decir de alguien que "le vendieron la moto" con un sentido muy parecido al de otras expresiones que hemos tratado aquí como "le dieron gato por liebre" o "se la metieron doblada".  Nótese que, en este contexto, el reproche va más bien dirigido al comprador (que "se dejó" vender la moto) que al artero vendedor.

Disponemos en inglés británico de una expresión que también se refiere a la venta y que podemos emplear con un sentido muy parecido al descrito.  Se trata de to sell a pup, que podríamos traducir como "vender un cachorro".  El Cambridge Advanced Learner's Dictionary define esta locución como "engañar a alguien para que compre algo que no tiene valor" ("to deceive someone into buying something which has no value").  Una vez más nos encontramos con la antigua práctica mercantil de intentar hacer pasar un animal (el gato) dentro de una bolsa por otro (la liebre).

En el mismo diccionario encontramos también una referencia a otra expresión parecida, to sell someone a bill of goods, algo así como "vender una lista de mercancias".  El McGraw-Hill Dictionary of American Idioms la define como "hacer creer a alguien algo que no es cierto; engañar a alguien" ("to get someone to believe something that isn't true; to deceive someone").

Volviendo a la definición que ofrecíamos más arriba para la locución española, debemos hacer notar que la misma puede emplearse en ocasiones con un sentido algo distinto, que subraya más bien la insistencia para convencer a alguien de la bondad de alguna cosa o propuesta.  Nótese que decimos "convencerle de que se le ofrece lo mejor", sin entrar en si lo es o no.  No se incide aquí, por ello, tanto en que las cosas no sean en realidad como se presentan sino más bien en las artes y los esfuerzos empleados precisamente en doblegar la voluntad ajena.

Connotaciones parecidas tiene la construcción inglesa to talk someone into something, cuyo significado principal es simplemente convencer a alguien para que haga algo pero que puede emplearse en este contexto.  Igualmente podemos recurrir a la construcción to sell someone on something, de sentido parecido.

Señalemos finalmente que existen en la oficina moderna personas que han hecho de la actividad que hoy nos ocupa su seña de identidad.  Son los llamados "vendemotos", auténticos profesionales de doblegar voluntades ajenas, con técnicas muy depuradas y propósitos casi siempre oscuros que han dado lugar incluso a cierta literatura teórica.  Aunque estamos seguros que no son una especie endémica de nuestro país o cultura, reconocemos nuestro fracaso a la hora de encontrar un equivalente en inglés.  Ahí dejamos el guante.

Ejemplos prácticos:
  • Cuando se incorporó a su nuevo trabajo, se dió cuenta de que le habían vendido la moto porque la empresa casi no tenía ingresos recurrentes.  When he started at his new job, he realized he had been sold a pup because the company hardly had any recurring income.
  • Los políticos intentan vendernos la moto de que los bajos tipos de interés harán que la economía se recupere por sí sola pese al programa de austeridad.  Politicians are trying to sell all of us a bill of goods, that low interest rates will allow the economy to strengthen on its own in spite of the austerity programme.
  • Se las apañó para vender al jefe la moto de contratar dos becarios pese a que se suponía que las contrataciones estaban congeladas.  She managed to talk the boss into hiring two interns even though hiring was supposed to be frozen.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Dar una cabezada

Entre las muchas desgracias que la modernidad ha traído a nuestro país, ninguna quizá ha sido más lamentable que la práctica extinción de la siesta, especialmente necesaria en el período estival donde se duerme generalmente poco y mal por la noche. Esta inveterada costumbre española, que en otros tiempos nos hizo la envidia de Europa, ha quedado hoy reducida en el mejor de los casos a los fines de semana, e incluso entonces se practica de manera vergonzante.

Lejos quedan los días de aquellas legendarias siestas de "pijama, padrenuestro y orinal" a las que se refiría Camilo José Cela. También se atribuye al escritor gallego la definición de la siesta como el "yoga ibérico", singularmente afortunada aún cuando nuestros vecinos portugueses son a nuestro lado sólo meritorios aficionados en esta suerte.

El valor universal de la siesta queda acreditado en las recomendaciones que nuestro admiradísimo Winston Churchill ofrecía al respecto:

"Hay que dormir en algún momento entre el almuerzo y la cena, y hay que hacerlo a pierna suelta: quitándose la ropa y tumbándose en la cama. Es lo que yo siempre hago. Es de ingenuos pensar que porque uno duerme durante el día trabaja menos. Después de la siesta, se rinde mucho más. Es como disfrutar de dos días en uno, o al menos de un día y medio".

Desgraciadamente tan sabias palabras no han tenido en los últimos tiempos el necesario eco en nuestra sociedad y así nos luce el pelo en la oficina moderna: ojeras, déficit de atención, consumo compulsivo de cafeína que deriva en transtornos del sueño, cuando no directamente de la personalidad, etc.

En este contexto, no es de extrañar que algunos, especialmente los que gozan del privilegio del despacho, en ocasiones se den alguna cabezada furtiva en la oficina. Tampoco que nuestros autobuses y vagones de metro sean escenario de espectaculares giros de cabeza que ponen a prueba la flexibilidad de las vértebras cervicales de los "cabeceadores".

Conviene subrayar que el elemento determinante de la cabezada es precisamente que la misma se produce cuando uno no está en la posición natural de dormir (acostado, tumbado o, en expresión vulgar muy descriptiva, echado).

Efectivamente, el Diccionario de la Real Academia Española define esta cabezada como "movimiento o inclinación que hace con la cabeza quien, sin estar acostado, se va durmiendo". Así pues, podemos decir que nos vamos a "echar una cabezada" en el sofá pero no cuando nos dirigimos con una sonrisa en los labios hacía la cama y, menos aún, cuando bajamos la persiana.

En inglés tenemos varias expresiones para referirnos a las cabezadas. La más tosca es simplemente short nap (siesta corta), donde no queda claro en todo caso si nos acostamos o no. Nuestra segunda propuesta, a cat-nap (una siesta de gato; también escrito separado), sí que connota que la cabezada no se da en la cama y por lo tanto es más próxima al concepto que buscamos.  Es sabido que los gatos, además de tener siete vidas, duermen de pie, lo que da una idea de lo breve de su sueño.

Finalmente, la más evocativa es, sin duda, to take forty winks (algo así como dar cuarenta parpadeos o guiños) que incorpora directamente lo breve del sueño.  La expresión es más utilizada en los Estados Unidos y puede emplearse también con los verbos to catch (quizá el más frecuente), to have e incluso to grab.

Ejemplos prácticos:
  • Me eché una cabezada después de comer y volví a la oficina fresco como una lechuga. I took a cat-nap after lunch and went back to the office as fresh as a daisy.
  • Cuando estaba en la universidad, me echaba una cabezadita hacia las 9 y me bastaba para estar levantado toda la noche. When I was in college, I used to catch forty winks around 9 and that was enough to keep me up all night.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Quemar las naves

Resulta significativo que muchas de las expresiones de origen bélico que se han incorporado al vocabulario de la oficina moderna estén más enfocadas en la destrucción generada por los combates que en el propio fragor de los mismos.  Quizá tenga que ver con el hecho de que muchos de los directivos de la oficina moderna, si bien no descienden precisamente de la pata del Cid, sí parecen compartir suficiente ADN con Atila como para que no vuelva a crecer la hierba allá por donde pasan.

Nos ocupa hoy la expresión "quemar las naves", también centrada en la destrucción pero, en este caso, con un alcance más limitado y una finalidad muy distinta de la que normalmente asociamos con los estragos propios de la guerra.

El valor táctico de quemar o hundir las propias naves ha sido conocido y empleado por todas las culturas que han hecho de la navegación parte esencial de su expansión geográfica o, al menos, de su desarrollo económico a través del comercio.  Las finalidades perseguidas son variadas e incluyen impedir que los barcos caigan en poder enemigo (una variante marinera de la política de tierra quemada) o bloquear puertos o rutas.

El objetivo que hoy nos interesa es, sin embargo, otro bien distinto.  Se trata de destruir las propias naves para eliminar la posibilidad de retroceder, indicando el compromiso con la consecución de los propósitos que animaron nuestro viaje.

El referente histórico que encontramos de forma recurrente en las fuentes aconteció en Yucatán en 1519.  Allí, recién iniciada su campaña mexicana, Hernán Cortés ordenó hundir (no quemar) su pequeña flota para terminar con las intrigas dentro de su expedición y eliminar toda tentación de embarcarse de vuelta a Cuba.  Poco de heroico había en el comportamiento de Cortés, cuyas acciones previas ya hacían imposible su retorno a Santiago sin ser acusado de haber traicionado la confianza del gobernador de la isla.  En todo caso, el hundimiento de sus naves hizo de la conquista del territorio azteca y del establecimiento allí de una nueva colonia española la única estrategia posible para sus hombres.

El Diccionario de la Real Academia Española hace precisamente referencia a este suceso (al que se refiere de forma precisa como "destrucción" pues, como hemos visto, no hubo incendio) antes de definir la expresión "quemar las naves" como "tomar una determinación extrema", sin hacer mención alguna al objeto perseguido con tal acción.  Mucho más esclarecedora resulta, en este sentido, la definición ofrecida por el Diccionario de Uso del Español: "privarse en algún asunto de la posibilidad de retroceder o desistir".

Existe en inglés una expresión casi idéntica (to burn one's boats, más infrecuentemente podemos encontrarla con ships) que viene a transmitir la misma idea.  El Cambridge Idioms' Dictionary nos ofrece para esta locución verbal el siguiente valor:  "to do something that makes it impossible for you to change your plans and go back to the situation you were in before" ("hacer algo que convierte en imposible cambiar los planes y retornar a la situación inicial").

Quizá por su menor tradición marinera, en los Estados Unidos es más común encontrar una variante de tierra adentro de esta expresión: to burn one's bridges.

Ejemplos prácticos:
  • Quemé mis naves al negarme a trabajar en su equipo de investigación en 2009 así que, cuando la nombraron jefa de la división, no tuve otra opción que marcharme.  I had burned my boats by refusing to join her research team back in 2009 so when she was appointed head of the division, I had no option but to resign.
  • No quería quemar las naves demandándoles por despido improcedente antes de saber si estaban dispuestos a negociar mi indemnización.  I didn't want to burn my bridges by filing for unfair dismissal before finding out whether they were open to negociate my compensation.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Andarse con paños calientes

Cabría pensar que la selección natural conduciría a que encontráramos en los puestos más elevados de nuestras organizaciones empresariales a profesionales con muy desarrolladas capacidades en lo tocante a tomar decisiones e implementarlas.  No en vano nos referimos precisamente a estos directivos con el término "ejecutivo", que el Diccionario de la Real Academia Española hace equivaler, en este contexto, a "persona que desempeña un cargo de alta dirección en una empresa", por extensión de su sencillo significado primario, "que ejecuta o hace algo".

Sin embargo, por razones que merecerían un estudio sociológico de cierta ambición intelectual, es más frecuente encontrar en los despachos de las empresas españolas personas proclives a dilatar al máximo la toma de decisiones, hasta el punto de evitar esta actividad en la medida de lo posible.

La marcada tendencia de muchos jefes, más mediocres que malvados, a primar la lealtad sobre la capacidad a la hora de seleccionar a sus colaboradores está, sin duda, detrás de esta singular situación.  Más importante aún resulta, sin embargo, la comodidad con la que se puede sobrevivir en una empresa española sin tomar decisiones y los peligros que, por el contrario, entraña adoptarlas.  No puede afirmar el autor que esta patología sea estrictamente española pero sí que la misma es inconcebible en el mundo empresarial que llamamos anglosajón.

Este orden de cosas hace que, con frecuencia, sea necesario intentar resolver situaciones críticas que se han enconado precisamente por no haberlas abordado antes.  La incapacidad para adoptar las decisiones necesarias para resolver, de una vez por todas, las cuestiones conducen a que, en realidad, nos encontremos más bien ante lo que llamamos "andarse con paños calientes".

El Diccionario de la Real Academia Española contiene para "paños calientes" una primera acepción más infrecuente ("diligencias y buenos oficios que se aplican para templar el rigor o aspereza con que se ha de proceder en una materia") para después ofrecernos la que hoy nos resulta relevante, "remedios paliativos o ineficaces".  Ambas expresiones evocan la imagen de cuidados médicos superficiales que alivian temporalmente pero no curan la dolencia del paciente.

Disponemos de varias alternativas en inglés para referirnos a estas medidas que resultan ineficaces por insuficientes.  Podemos emplear la muy descriptiva palabra half-measures (con o sin guión pero siempre en plural) que incorpora de manera muy precisa y sencilla todos los elementos que intentamos expresar.   El Cambridge Advanced Learner's Dictionary la define como "actions which only achieve part of what they are intended to achieve" ("acciones que sólo consiguen parte de lo que intentan alcanzar").  Más compleja resulta la construcción half-hearted measures pues aquí se pone abiertamente en duda la convicción y el esfuerzo puestos en las mismas.

Muy cercana conceptualmente a nuestra expresión, aunque ciertamente más moderna, resulta la construcción band-aid measures (que podría traducirse por "medidas tirita").  Nótese además que esta imagen también esta presente en nuestras expresiones "poner parches" o "parchear" que en muchas ocasiones empleamos coloquialmente con parecido sentido a "andarse con paños calientes".

Ejemplos prácticos:
  • La magnitud de las desviaciones de gasto en la primera fase hace que quizá sea demasiado tarde para andarse con paños calientes y que la única solución sea cancelar el proyecto.  The size of the cost leakage in the first phase may make it too late for half-measures, leaving cancelling the project the only option.
  • La crisis de la zona euro no se va a arreglar con paños calientes; se necesitan reformas estructurales.  The Eurozone crisis requires more than just band-aid measures; structural reforms are called for.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Dar yuyu


La palabra yuyu (también escrita juju en otros idiomas) tiene su origen en África Occidental y procede probablemente de una derivación de la palabra francesa joujou ("juguete"). El término hace referencia a los poderes mágicos que se atribuyen a un objeto, generalmente un fetiche de algún tipo, aunque el término también se puede utilizar para referirse al propio objeto. El yuyu, que suele emplearse únicamente por los hechiceros, puede tener naturaleza buena o mala y no está relacionado directamente con lo que habitualmente llamamos vudú.

Como otros conceptos de origen antropológico, como tabú o tótem, el término se ha incorporado a nuestro lenguaje de forma un tanto caprichosa y carente de rigor. Así, hoy decimos en castellano coloquial que algo "nos da yuyu" cuando nos inspira un fuerte temor de naturaleza cercana a lo irracional. El Diccionario de la Real Academia Española no recoge el término pero el de María Moliner sí le asigna ese valor de "miedo, aprensión".

Este concepto de "dar duyu" lo podemos trasladar al inglés con la locución verbal to give someone the creeps que también podemos utilizar para expresar frases españolas como "dar escalofríos".  Conviene notar, para nuestras lectores anglófonos, que no es habitual emplear en castellano la expresión "dar yuyu" referida a personas.

Ejemplos prácticos:
  • Después de lo que le pasó a vuestra secretaria, me da yuyu cruzar por ahí. After what happened to your secretary, crossing the street there gives me the creeps.
  • Nunca me gustó la vieja escuela, los ratones y esas cosas siempre me han dado yuyu, pero la verdad es que me dio pena cuando la tiraron.  I didn't much like the old school, mice and such like have always given me the creeps, but I did feel sorry when they tore it down.

De forma más sorprendente, también decimos que a alguien "le ha dado un yuyu" cuando ha sufrido un desmayo o, en general, cualquier indisposición súbita que le haya provocado una pérdida del conocimiento. La relación de este significado con los fetiches africanos resulta improbable o, al menos, incierta.

En este caso, la construcción más adecuada para expresar la idea en inglés es to black out, aunque podemos también utilizar otras como to pass out o to faint. Notese que la unión de black y out tiene otros valores útiles en inglés como censurar y que el término blackout es con el que nos referimos habitualmente a un apagón.

Ejemplo práctico:
  • No sé si fue por ese régimen que hace pero le dio un yuyu en la reunión y la tuve que llevar a su casa. I don't know if it was because of that diet of hers but she blacked out during the meeting and I had to drive her home.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

La cabra tira al monte


El lector habitual de estas páginas estará, a estas alturas, familiarizado con el pesimismo antropológico que destilan muchas de las entradas.  Lo cierto es que es difícil mantener un saludable nivel de idealismo cuando en la oficina moderna se asiste diariamente a comportamientos humanos que se sitúan entre lo simplemente lamentable y lo abiertamente abominable, frisando en no pocas ocasiones la categoría de lo asombroso.

Pocas observaciones traducen ese pesimismo de forma más radical que la muy conocida "el hombre es un lobo para el hombre", que un amigo del autor gusta de proponer como tema de conversación a los postres de las comidas.  La frase es, al parecer, originaria del autor latino Tito Macio Plauto, quien la emplea en su obra "Asinaria" con un sentido bien edificante: "lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro".  Ya en el siglo XVII, el filósofo inglés Thomas Hobbes la recogió y popularizó en su seminal obra "Leviatán", ejemplificando con ella el egoísmo consustancial a la especie humana a partir del que construye su teoría del Estado.

Aunque esta frase sigue siendo actual en nuestras empresas, en las mismas escuchamos con más frecuencia otra construcción muy diferente pero con la que comparte referencias zoológicas y una visión sobre la condición humana eminentemente pesimista.  Se trata de la atinada observación de que "la cabra tira al monte", basada en la tendencia de estos animales a volver a sus orígenes montaraces a la menor ocasión, incluso después de haber vivido una existencia doméstica.

En sentido figurado, queremos con esta frase destacar la incapacidad de la mayor parte de las personas para controlar su querencia a hacer el mal o, al menos, a conducirse de manera inapropiada o dañina para las sensibilidades o los intereses ajenos.  En particular, recurrimos a la misma para indicar nuestro convencimiento de que, en una circunstancia que repite otras del pasado, las personas reincidirán en comportamientos execrables, aún cuando de su experiencia y conocimiento cabría esperar otra cosa.

Dado que la esencia del concepto radica en querencias innatas, no sorprenderá que la lengua inglesa no abandone las referencias animales para expresar la misma idea.  No encontramos en la misma, sin embargo, referencias a lobos o cabras sino a un animal muy distinto y ciertamente más exótico.  Efectivamente, decimos en inglés que "un leopardo no puede cambiar sus manchas" (a leopard cannot change its spots) para indicar esa imposibilidad de conducirse en contra de las propias tendencias.

El Cambridge Idioms Dictionary nos indica que esta expresión, que conoce otras formas similares, se emplea para indicar que la personalidad de alguien, especialmente si es mala, no cambiará nunca, incluso si sostiene que lo ha hecho ("something that you say which means that a person's character, especially if it is bad, will not change, even if they pretend it has").

El origen de este aforismo es incluso más antiguo que el referido más arriba para "el hombre es un lobo para el hombre".  En el bíblico Libro de Jeremías, profeta que vivío entre los siglos VI y VII antes de Cristo, nos encontramos la siguiente pregunta, que reproducimos en una de las traducciones más modernas y políticamente correctas:

 "¿ Puede el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas ? Así vosotros, ¿ podréis hacer el bien estando acostumbrados a hacer el mal ?"

Apropiado colofón para una entrada que ha pretendido asomarse, bien que amablemente, a uno de los vericuetos de la condición humana.

Ejemplos prácticos:
  • Después de la bronca que se llevó el año pasado con el tema, esperaba que esta vez hiciera una propuesta de bonus razonable pero está claro que la cabra tira al monte.  After the dressing-down he got last year over the issue, I expected him to come up with a reasonable bonus proposal this time but it seems a leopard cannot change its spots.
  • Cuando nació su hija pareció que iba a sentar la cabeza de una vez pero pronto volvió a sus viejas costumbres.  La cabra tira al monte.  When his daughter was born, it seemed that he would settle down at last but he soon went back to his old habits.  A leopard doesn't change its spots.

martes, 17 de noviembre de 2015

Más chulo que un ocho

La chulería es concepto difícil de aprehender como demuestra que el habitualmente preciso Diccionario de la Real Academia Española sólo sea capaz de proponernos estas dos definiciones desvaídas; "cierto aire o gracia en las palabras o ademanes" y "dicho o hecho jactancioso".

Además, el concepto también está unido íntimamente a lo madrileño pues por chulo (o chulapo) se conocía también a un individuo de las clases populares capitalinas.  En estos tiempos en que la llamada globalización ha uniformado las tradiciones locales y nacionales, el concepto ha quedado ya reducido al ámbito de lo pintoresco o algo peor, especialmente después de que Esperanza Aguirre adoptara la costumbre de vestirse de chulapa en algunas verbenas.

Sin embargo, no es menos cierto que, como ocurre con otros conceptos inefables (la gilipollez, por ejemplo), resulta más sencillo identificar la chulería cuando nos encontramos frente a la misma lo cual facilita notablemente nuestra labor.

La actualidad del concepto no ofrece discusión pues con mucha frecuencia en estos tiempos nos enfrentamos a la jactancia y la falta de consideración hacia los demás que caracterizan el comportamiento chulesco. No es sólo en la carretera o en cualquier tipo de cola, contextos en los que la falta de educación hispana alcanza excelsa expresión, sino que la oficina moderna es también ocasionalmente escenario de actuaciones abominables caracterizadas por la chulería de alguno de sus protagonistas, generalmente los de mayor rango jerárquico.

Cuando alguien se consagra en esta suerte, bien por la habitualidad de su conducta chulesca o por la escala o intensidad de la jactancia demostrada, se dice que es "más chulo que un ocho". La locución aparece recogida en el DRAE con el valor de ser "muy arrogante, desenvuelto o presumido". Como puede inferirse de la definición, la misma puede utilizarse en varios registros, desde el abiertamente denigratorio (cuando hacemos hincapié en la arrogancia) hasta el encomiástico (pues ser desenvuelto tiene una connotación claramente positiva).

La expresión parece tener su origen en una antigua línea de tranvía de Madrid que unía la Puerta del Sol con San Antonio de la Florida, a orillas del Manzanares. Esa zona era y es uno de los últimos reductos del casticismo madrileño y por ello entre los viajeros de esa línea se contaban hasta tiempos relativamente recientes muchos chulos y chulas, lo que dio lugar a la asociación.

Se deducirá fácilmente de todo lo anterior que no resulta sencillo expresar en inglés una idea tan escurridiza y llena de matices. Es cierto que disponemos de una palabra (cocky) que incorpora a su significación la petulancia del chulo y que podemos utilizar en general para trasladar al inglés al mismo. Nótese además que la expresión inglesa utiliza la imagen del gallo (cock) que también está presente en nuestra lengua en la forma "ponerse gallito", de parecido significado.

Sin embargo, si buscamos algo más idiomático y próximo a la expresión que hoy nos ocupa sólo encontramos la pintoresca pero raramente usada locución comparativa as cocky as the king of spades (que podemos traducir libremente como "más chulo que el rey de picas").  El McGraw-Hill Dictionary of American Idioms and Phrasal Verbs define esta locución como "jactancioso, excesivamente orgulloso" ("boastful; overly proud")

Ejemplo práctico:
  • Se presentó en su despacho y le pidió explicaciones, más chulo que un ocho. He went straight to his office and demanded an explanation, as cocky as the king of spades.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Vacas flacas

En estos tiempos digitalizados y aparentemente inéditos, resulta sorprendente en ocasiones comprobar la actualidad de imágenes o conceptos con siglos de vigencia a sus espaldas.  La sucesión de períodos de expansión y recesión en la actividad económica, por ejemplo, es realidad conocida desde tiempo inmemorial y parece casi tan inmutable como la del día y la noche, por mucho que nuestros gobernantes se empeñen en vano en combatirla.  Mucho más útil sería que se centrasen en mitigar sus efectos y, en muchos casos, que repasaran con tesón sus apuntes sobre los estabilizadores automáticos y las políticas anticíclicas en general.

En todo caso, si terminábamos el año pasado glosando las dificultades que viven los españoles para "llegar a fin de mes", no es aventurado apuntar que el ejercicio que ahora comienza va a prolongar el ya dilatado período de "vacas flacas" que vive nuestro país. Parece, por ello, oportuno que nos detengamos hoy en indagar el origen y sentido de esta última expresión, proponiendo después algunas equivalencias en la lengua inglesa.

Retomando nuestro apunte inicial, la referencia a las vacas famélicas es tan antigua que tiene su origen en el Antiguo Testamento, en concreto en el capítulo 41 del Libro del Génesis.  El faraón egipcio tiene una serie de sueños de apariencia premonitoria que no sabe descifrar.  En uno de ellos aparecen a orillas del Nilo siete hermosas vacas que son seguidas después por siete vacas flacas y feas que las devoran.  Otro sueño reproduce la misma historia pero esta vez protagonizada por siete espigas de trigo.

El hebreo José, uno de los hijos de Jacob, conocía cierta fama en Egipto por su habilidad para interpretar los sueños.  Tras fracasar en indagaciones anteriores, el faraón le llama a su presencia para que le explique lo soñado.  José, luego de aclarar que es sólo por gracia de su Dios que tiene esta capacidad, le advierte de que su sueño es efectivamente premonitorio.  Las siete vacas y las siete espigas anticipan que Egipto vivirá siete años de abundancia, con copiosas cosechas, que serán seguidos de siete años de escasez, caracterizados por la sequía y el hambre.

No contento con ello, José le da a continuación toda una lección de macroeconomía al faraón egipcio.  Efectivamente, en los versículos 33 al 36 del capítulo citado le aconseja que, para administrar su imperio, busque un hombre prudente y sabio, perfil al que, como sabemos, no se adaptan precisamente los responsables económicos actuales.  Apunta después que los gobernadores de cada territorio deberán recoger y conservar una quinta parte del trigo producido en los años de abundancia para que pueda mitigar la hambruna cuando lleguen los siete años de escasez.

Ocioso resulta subrayar lo atinado de esta política y su contraste con la seguida, por ejemplo, en España durante los prolongados años de excesos inmobiliarios.  Conviene apuntar, en todo caso, que el faraón tuvo la inteligencia de encomendar al propio José la puesta en práctica de las medidas aconsejadas y que no le envió al Fondo Monetario Internacional de la época.  También que José empezó sus andanzas en la corte egipcia en la cárcel y las terminó como mano derecha del faraón, mientras que otros están destinados a recorrer el mismo camino en sentido contrario a poco que la Justicia actúe con un mínimo de rigor.

En inglés encontramos también en este contexto referencias a la delgadez pero las vacas han desaparecido, siendo sustituidas por simples referencias temporales.  Utilizamos, más bien, expresiones como lean times o lean years para referirnos a períodos caracterizados por la escasez o las dificultades económicas.  El McGraw-Hill Dictionary of American Idioms, por ejemplo, define lean years como un "período futuro de bajos ingresos o beneficios" o "período futuro en el que habrá escasez de bienes y sufrimiento" ("a future period of lowered income or revenues; a future period when there will be a shortage of goods and suffering").

Las prudentes enseñanzas de José que arriba detallábamos se reflejan también en una construcción inglesa que puede resultar interesante mencionar aquí.  Se trata de to save for a rainy day (literalmente, ahorrar para un día de lluvia) que el Cambridge Advanced Learner's Dictionary nos define simplemente como "conservar un dinero para un momento futuro en el que lo podamos necesitar" ("to keep an amount of money for a time in the future when it might be needed").  La expresión es bien antigua y de origen británico lo que, dado el clima que sufren las islas, le confiere un matiz ciertamente más prudente o pesimista que nuestro "para un imprevisto".

Ejemplos prácticos:
  • El sector ha vivido otras épocas de vacas flacas pero esta vez la situación de la mayor parte de las empresas es desesperada.  The industry has had other lean times but this time the situation for most companies is hopeless.
  • Antes teníamos beneficios todos los años; ahora dependemos de las subvenciones para sobrevivir a las vacas flacas.  We used to make a profit every year; now we have to rely on subsidies to see us through the lean times.
  • Mucha gente pensaba que las vacas flacas del final del mandato de Zapatero eran fruto de sus errores y que, una vez en el poder, Rajoy arreglaría todos los problemas en dos días.  Many people believed that the lean years at the end of Zapatero's tenure were the result of his mistakes and that Rajoy, once in power, would solve all the problems overnight.
  • Ahorrar para un futuro incierto y pagar las deudas son ahora las principales prioridades de las familias.  Saving for a rainy day and paying off debts are now the top priorities for families.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Cada maestrillo tiene su librillo

Ilustración de Pilar Chauca
El respeto a la diversidad es uno de esos valores etéreos y, las más de las veces, algo fatuos que se han incorporado a la llamada cultura empresarial en las últimas décadas.  Generalmente, y por influjo quizá de otras latitudes más multiculturales, se declina en relación con el respeto a las personas de otras razas, lenguas, creencias o inclinaciones sexuales.

Mucho más relevante para la convivencia es aceptar a los demás cómo son y admitir que puedan existir formas de pensar o hacer las cosas muy distintas de las que nosotros favorecemos.  Se trata del "respecto al individuo" en sentido amplio que proclamaban los principios corporativos de una multinacional en la que el autor trabajó hace ya algunos años.

Nuestra cultura no es ajena a esta sensibilidad.  Existe en el castellano un adagio antiguo, "cada maestrillo tiene su librillo", al que solemos recurrir para recetar tolerancia a los demás, especialmente en momentos en que ha habido cambios en su entorno frente a los que se pretende oponer resistencia o, al menos, ciertas reservas.  También empleamos esta expresión para reivindicar, precisamente, nuestro derecho a hacer las cosas como mejor nos parezca, en el bien entendido de que nuestra aproximación es efectiva.

La construcción más cercana para expresar una idea similar en inglés es bastante curiosa.  Se trata de there's more than one way to skin a cat (que podría traducirse como "hay más de una manera de despellejar un gato").   El Cambridge Idioms Dictionary nos indica que esta expresión se emplea para indicar que existe más de un modo de conseguir algo.

Sorprende esta aparición de la crueldad animal en el léxico inglés, mucho más cuando indagamos en su origen y comprobamos que, efectivamente, la expresión apareció en el siglo XIX con referencias más o menos humorísticas a la forma de matar un gato.  Simpático animal al que, hasta hora, sólo habíamos encontrado en situaciones menos comprometidas, haciendo sonar su cascabel o, todo lo más, siendo mecido en lugares exiguos.

Ejemplos prácticos:
  • No me gustó como abordó la reestructuración del equipo pero al final parece que consiguió que todo cuadrara.  Debe de ser cierto lo de "cada maestrillo tiene su librillo".  I didn't like the way he went about restructuring the team but it seems he managed to work things out.  There's more than one way to skin a cat, as they say.
  • Ya sé que tu prefieres que no le adelante al cliente nuestra propuesta antes de la reunión pero cada maestrillo tiene su librillo.  I know you would rather not send the client the proposal before the meeting but there's more than one way to skin a cat.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Joder la marrana


Nos detenemos hoy en esta singular expresión de contundente sonoridad y origen poco conocido.  Aclaremos, de entrada, que la misma no tiene ninguna connotación zoofílica, ni siquiera lúbrica, por si alguien ha aterrizado en esta página buscando prácticas de bestialismo pues, como sabemos bien, hay gente pa' to.

Tampoco hay en la misma asomo alguno de racismo, por más que en las épocas más oscuras de nuestro pasado el término marrano se asociara a los judíos que, después de convertirse al cristianismo, seguían practicando su fe.  Esta acepción es, sorprendentemente, la primera que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia Española, antes incluso que la que hace equivaler el término a cerdo.  De hecho, el DRAE asocia primeramente el término con el vocablo árabe muharram que se relaciona con el anatema religioso.  Parece pues que fue un vocablo relacionado con la impureza religiosa el que terminó aplicándose a los cochinos y no, como podría pensarse, al revés.

En todo caso, y afortunadamente, nada tiene que ver con estos asuntos el sentido del término "marrana" en la frase que nos ocupa.  El DRAE ofrece una segunda acepción, derivada en este caso del francés merrain.  En tres definiciones distintas, nuestro diccionario de cabecera nos remite a piezas de madera que juegan un papel estructural en diversos ingenios mecánicos, como pozos, prensas de aceite o norias hidraúlicas.

"Joder la marrana" sería así, originalmente, la acción de estropear una pieza esencial para el funcionamiento de algo.  Por extensión, el Diccionario de Uso del Español de María Moliner asigna, de forma genérica, a esta locucíón el valor de "molestar, fastidiar" que es con el que habitualmente lo empleamos en la oficina moderna.  Siendo más específicos, solemos utilizar esta expresión para referirnos a la acción de poner, de forma deliberada, problemas o impedimentos a algo que, por lo demás, discurría con normalidad o con el beneplácito general.

Aunque existen varias construcciones inglesas que nos pueden resultar útiles para expresar esta idea, ninguna aporta el aspecto malsonante de la que hoy nos ocupa.  Hay, sin embargo, una muy similar conceptualmente y que amerita por ello nuestra especial atención hoy.  Se trata de la locución verbal to throw/put a spanner in the works, que podría traducirse como "lanzar una llave inglesa dentro de la maquinaria".  El Cambridge Advanced Learner's Dictionary define la expresión como "to do something that prevents a plan or activity from succeeding" ("hacer algo que evita que tenga éxito algún plan o actividad").

El autor ha descubierto con entusiasmo en www.phrases.org.uk que fue, al parecer, su admirado P.G. Wodehouse quien acuñó la expresión en su obra de 1934 "Right Ho, Jeeves", una de las primeras novelas de la inmortal serie protagonizada por Bertie Wooster y su mayordomo.   Según apuntan Linda y Roger Flavell en su "Dictionary of Idioms and Their Origins", la frase no es sino una derivación de to throw a monkey wrench into the machinery, empleada en los Estados Unidos desde principios del siglo XIX.  Monkey wrench es un término que designa también una especie de llave inglesa.

Existe, en todo caso, otra expresión pintoresca y apropiada en este contexto. Se trata de to upset the apple cart (algo así como "estropear el carro de las manzanas"), que aparece definida en el diccionario de Cambridge como "to cause trouble, especially by spoiling someone's plans" ("causar problemas, especialmente estropeándole a alguien sus planes").

Ejemplos prácticos:
  • Que se haya hecho tanto esfuerzo para que los sindicatos participaran refleja la opinión de recursos humanos de que su capacidad para joder la marrana sigue siendo notable.  That so much effort has gone into getting the unions on board is a tribute to the view within human resources that their capacity for throwing a spanner in the works is still considerable.  
  • La revisión del plan estratégico iba sobre ruedas hasta que los de fiscal jodieron la marrana con sus dudas sobre la nueva estructura en Luxemburgo.  The strategic review meeting was running smoothly until the tax guys threw a spanner in the works questioning the new Luxembourg structure.
  • Siempre pasa lo mismo: cuando crees que has conseguido tener todo en orden, llega alguien a joder la marrana.  It's always the same: just when you think you have got everything whipped into shape someone comes along to upset the apple cart.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Mosca cojonera

La presencia de la mosca en el moderno vocabulario profesional es ciertamente abundante.  Entre las referencias zoológicas de nuestro discurso, sólo puede compararse quizá con la cabra, onmipresente a través del concepto "cabrear" que ya hemos tratado en otra ocasión.

Además de la clásica "estar con la mosca detrás de la oreja", tenemos las sencillas y utilísimas "estar mosca" y "mosquearse" y la muy idiomática "por si las moscas", que siempre ha resultado concepto particularmente fértil para los aficionados al fromlostiano.

En la oficina moderna existe además una especie de mosca particularmente molesta pero, por desgracia, muy extendida.  Se trata de la "mosca cojonera", expresión de contundente sonoridad y preciso significado, por más que el Diccionario de la Real Academia Española guarde pudoroso silencio sobre la misma.  El Diccionario de Uso del Español de María Moliner, sin embargo, sí contiene la expresión y le asigna el valor de "persona que incordia o molesta".

Se atribuyen así a determinadas personas atributos propios de la mosca, molesta tanto en su variedad doméstica como en la que encontramos en el campo, especialmente en zonas donde existe ganado.  No está acreditado que las moscas presenten fijación genital alguna, probablemente porque a Freud no se le ocurrió la hipótesis.  Cabe, por ello, aventurar que el uso del adjetivo "cojonera" es un ejemplo más de nuestra tendencia a aderezar con palabras malsonantes nuestro discurso para dotarle de mayor sonoridad o énfasis.  Especialmente en casos de expresiones denigratorias como el que nos ocupa.

Nos encontramos, por otro lado, en territorios muy cercanos a los del "tocapelotas", género al que ya dedicamos una entrada hace algún tiempo.  Puede apuntarse, sin embargo, que en la "mosca cojonera" la característica que destaca es la persistencia más que la intensidad del incordio, mientras que en el caso del "tocapelotas" es este segundo aspecto el que generalmente destaca.  La molestia que genera la mosca cojonera es llevadera y, por ello, nos referimos a ella casi con desdén.

En muchas ocasiones podremos trasladar al inglés esta idea con la construcción a pain in the neck o su versión más contundente a pain in the ass/arse, a las que nos referimos al tratar en su momento el tema del "tocapelotas".  Si, por el contexto o lo nimio de la molestia, queremos rebajar el tono de la expresión podemos recurrir también a la más suave a pebble in the shoe (algo así como "una china en el zapato").

Ejemplos prácticos:
  • Realmente no se merecía el ascenso pero fue tal mosca cojonera que al final se lo concedí.  He really didn't deserve the promotion but he was such a pebble in my shoe that in the end I gave it to him.
  • El comité de presupuestos es insufrible desde que se incorporó Antonio que es una auténtica mosca cojonera.  The budgeting committee is unbearable since Anthony joined it; he is such a pain in the neck.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Harina de otro costal

El Diccionario de la Real Academia Española define la expresión "ser harina de otro costal" como "ser muy ajeno o diferente de otra cosa con que es comparado". El Diccionario de María Moliner, por su parte, lo recoge de manera quizá más precisa: "no ser aplicable a [una cosa] la misma actitud o consideración que a otra que se ha dicho".

Ya que pasamos por esta casilla, quizá no esté de más comprobar que un costal es, según el DRAE, un "saco grande de tela ordinaria, en que comunmente se transportan granos, semillas u otras cosas".  Así, nuestra construcción de hoy parece originar en el afán de no mezclar harinas de distinta clase o calidad, probablemente en el proceso de la panificación.

Por extensión, utilizamos en castellano esta expresión para distinguir enfáticamente una cosa de otra, subrayando que las dos no son en absoluto comparables. Generalmente nos vemos obligados a recurrir a esta locución cuando nos la intentan colar, pretendiendo que aceptemos algo a partir de nuestra aquiescencia con otra cosa que se nos presenta como equivalente aunque en nuestra opinión no lo es.

En inglés disponemos de varias opciones para expresar esta idea que, como sin duda habrá deducido el lector avisado, es muy útil en la oficina moderna. La más sencilla (to be another story) resulta algo desvaída pero puede utilizarse de manera efectiva.  Igualmente podemos recurrir a construcciones como to be another thing o to be another matter, muchas veces acompañadas de algún elemento enfático (quite, entirely, altogether, etc,)

Mucho más idiomática y, por ello, recomendable resulta la expresión to be a horse of another/a different colour que, además, incorpora sutilmente la referencia al intento de hacer pasar una cosa por lo que no es.  La expresión es más utilizada en los Estados Unidos pese a que tiene una dilatada historia en la lengua inglesa, apareciendo con el mismo sentido incluso en la obra de Shakespeare Twelfth Night, bien que en una formulación hoy desaparecida (a horse of that colour).

Aún más interesante resulta otra curiosa expresión muy utilizada en inglés británico, to be a different kettle of fish.  Si bien hoy la palabra kettle se emplea casi únicamente para referirse a la tetera donde hervimos el agua, en el pasado hacia referencia a cualquier recipiente empleado para cocinar.   La expresión kettle of fish se aplicaba originalmente a los almuerzos campestres de los habitantes del sur de Escocia en el siglo XVIII, caracterizados precisamente por las fuentes de pescado hervido que se preparaban al borde del río.  El pescado se consumía con las manos, presumiblemente con cierto desdén por cualquier consideración higiénica.  Surgen así expresiones como to be a fine kettle of fish o a pretty kettle of fish para referirse de manera genérica a situaciones incómodas o complicadas, sentido con el que aún se emplean hoy día. Entrado ya el siglo XX aparece la construcción to be a different kettle of fish para referirse a un asunto diferente al que se estaba hablando, no necesariamente con connotaciones negativas.

Ejemplos prácticos:
  • Aceptaría un trabajo en Lisboa o Londres sin dudar pero Barcelona es harina de otro costal. I would accept a job in Lisbon or London without hesitation but Barcelona is a horse of a different colour.
  • Los dos primeros niveles son ya bastante difíciles pero las preguntas de desarrollo del tercer examen son harina de otro costal.  While the first two levels are difficult enough, the essay questions in the level three examination are an entirely different kettle of fish.
  • Una cosa es tener buenas ideas de inversión pero gestionar una cartera con este mercado es harina de otro costal.  Having good investment ideas is one thing but running a portfolio in this kind of market is a different kettle of fish altogether.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Subirse al carro

Es indudable que una de las habilidades profesionales más útiles para desarrollar una exitosa carrera en la oficina moderna es la capacidad para subirse al carro con destreza y sin asomo de sonrojo.

El Diccionario de la Real Academia Española recoge esta locución verbal, asignándole el genérico significado de "aprovechar una situación favorable para sacar partido de ella".

El Diccionario de Uso del Español de María Moliner nos ofrece, por su parte, una definición más precisa y ajustada al sentido con que solemos emplearla en el ámbito laboral: "incorporarse a una actividad ya en marcha, adherirse a un acontecimiento, etc., para obtener un beneficio".  En esta misma línea, el Diccionario Akal del Español Coloquial apunta que la expresión significa "aprovechar el buen momento de una situación para conseguir éxitos para uno mismo".

Acotado su significado, conviene destacar que esta actividad requiere de dos comportamientos complementarios e imprescindibles para el éxito final.  De un lado, está el saber no ponerse delante del carro cuando este empieza a moverse lentamente o, con más frecuencia, elegir cuidadosamente delante de qué carros se quiere poner uno, pues estos se mueven de manera aleatoria.  Después es importante elegir adecuadamente en que momento subirse al carro, teniendo en cuenta que debemos cerciorarnos previamente que la dirección del mismo es la correcta y, a la vez, no subirnos una vez que haya alcanzado una velocidad tal que hiciera nuestro abordaje imposible o peligroso.

La expresión inglesa más útil para referirnos a este comportamiento ventajista utiliza precisamente la misma imagen: to jump on the bandwagon.  La definición que nos ofrece el Cambridge Advanced Learner's Dictionary nos confirma la precisión de la equivalencia: to become involved in an activity which is successful so that you can get the advantages of it yourself (unirse a una actividad exitosa de manera que pueda uno beneficiarse de la misma).

La expresión tiene al parecer su origen en los carros que transportaban los circos itinerantes en el siglo XIX.  En uno de ellos viajaba la banda de música tocando, con el objetivo de atraer al público.  Después, los políticos americanos en campaña utilizaron también esta técnica en sus giras y fue en este contexto donde se acuño la expresión con el valor que hoy conocemos.

Ejemplos prácticos:
  • Han sido la última empresa en subirse al carro de Android pero seguro que pronto habrá muchas más.  They are the latest company to jump on the Android bandwagon but I am sure there will be many more soon.
  • No sé por qué coño les criticas: ellos fueron los que lanzaron esto y no se han apuntado al carro como todos los demás.  I don't understand why the fuck you criticize them: they were the ones who got this started and didn't jump on the bandwagon like everyone else.

martes, 10 de noviembre de 2015

Cagarla

No es frecuente que el Diccionario de la Real Academia Española contemple variantes que incorporen pronombres al verbo con significados específicos y diferenciados de su valor principal.

Sin embargo, al tratar el verbo "cagar", tras su significado básico, expresado de forma bastante remilgada como "evacuar el vientre", el DRAE pasa a referir sus usos para denotar desprecio ("me cago en la vecina del tercero") o enfado ("me cago en la leche", "me cago en la mar") para terminar abordando nuestra expresión de hoy.

"Cagarla" significa para el DRAE "cometer un error difícil de solucionar". Como suele ser habitual en estos terrenos, el Diccionario de Uso del Español de María Moliner aporta una definición más colorista: "se usa para expresar que el error que alguien ha cometido o la contrariedad que se ha producido traerá malas consecuencias".

Como puede observarse, son tres los elementos que concurren en la expresión. No se trata únicamente de que se haya cometido un error sino que el mismo es trascendente (traerá consecuencias negativas) y prácticamente irreparable (no podemos hacer nada ya por evitar esas consecuencias que se ciernes sobre nosotros).

A la hora de trasladar al inglés este concepto de gran utilidad laboral tenemos opciones en inglés más o menos elegantes (to mess up) y otras más comunes y cercanas al sentido de la expresión española aunque ciertamente malsonantes por referirse a actos lúbricos (to fuck up o to screw up) o los órganos generalmente intervinientes en el mismo (to cock up o to balls up).

Si queremos incluir la referencia a las heces en la expresión, el Diccionario Oxford Español-Inglés nos recuerda que también disponemos en esta lengua de la construcción to be in the shit o incluso to be up shit creek, con su evocadora referencia al "arroyo de la mierda".

Ejemplos prácticos:

  • Llevamos trabajando en esto tres meses. No la cagues ahora. We've been working on this for three months. Don't fuck it up now.
  • La operación estaba casi cerrada pero los abogados se las apañaron para cagarla. The deal was almost done but the lawyers somehow managed to screw it up.
  • La cagamos, Luis. We´ve cocked it up, Lew.
  • Ahora sí que la hemos cagado. Now we are really in the shit.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Seguir en sus trece

En estos tiempos, ser intransigente (o no "bajarse del burro", expresión que tratamos en otra ocasión) no es considerado un defecto del carácter o la personalidad, sino más bien todo lo contrario. A quien se aviene a "consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, para acabar con una diferencia" (por utilizar la definición que para transigir nos ofrece el Diccionario de la Real Academia Española) se le considera un pusilánime cuando no un traidor o, al menos, un pobre de espíritu.

En la oficina moderna, una de las cualidades que adorna al profesional de éxito es mantenerse en sus trece a toda costa. En no pocas ocasiones esta actitud alcanza incluso la negación de la evidencia y otras conductas tradicionalmente asociadas con la alteración de las facultades de percepción de la realidad. Con frecuencia, este proceder se adorna con frases autojustificativas del tenor de "hemos de ser consistentes" y con invocaciones a antiguas presentaciones estratégicas.

El Diccionario de la Real Academia Española recoge las expresiones estarse, mantenerse o seguir en sus trece y las atribuye los valores de "persistir con pertinacia en algo que ha aprendido o empezado a ejecutar" y "mantener a todo trance su opinión". En esta última línea, el Diccionario de Uso del Español de María Moliner define la expresión como "sostener obstinadamente una afirmación o una actitud o propósito".

La expresión tiene su origen en la actitud adoptada a principios del siglo XV por Benedicto XIII, el Papa Luna, representado en nuestra imagen de hoy. El aragonés Pedro Martínez de Luna accedió al papado en Avignon en 1394, sucediendo a Clemente VII, quien había protagonizado el llamado "Cisma de Occidente" y dado origen a un breve período con dos Papas enfrentados, uno en Avignon y otro en Roma. Cerrada la cuestión tras el Concilio de Constanza en 1417, el Papa Luna terminó sus días en el castillo de Peñíscola sin apearse de su dignidad papal, simbolizada por los "trece" de su nombre. Como curiosidad, y dado que la Iglesia nunca reconoció a los Papas cismáticos como tales, el "auténtico" Benedicto XIII no ocupó la sede romana hasta más de tres siglos después (1724-1730).

El inglés no utiliza conceptos de tanta raigambre histórica para expresar esta idea sino más bien otros cuyo origen podemos encontrar en los campos de batalla. Efectivamente, en inglés utilizamos la locución to stick to one's gun, que el Cambridge Idioms Dictonary nos define como "to refuse to change your ideas although other people try to make you change them" ("negarse a cambiar de idea pese a que otras personas intentan que lo hagamos"). La imagen es la del soldado que sigue disparando al enemigo a pesar de todo.

Igualmente podemos emplear las expresiones to hold or to stand one's ground que el mismo diccionario, nos define como "to refuse to change your opinions or behaviour, even if other people try to force you to do this" ("negarse a cambiar de opinión o comportamiento, incluso si otras personas intentan obligarnos"). Aquí, sin abandonar el terreno bélico, la referencia es, más bien, al combatiente que defiende su terreno, sin dar un paso atrás.

Ejemplos prácticos.
  • Te participo que pienso seguir en mis trece pase lo que pase. I want you to know that I intend to stick to my guns come what may.
  • Después de que María le explicara la situación, su decisión de mantenerse en sus trece no fue demasiado sensata. After Mary explained the situation to him, his decision to stand his ground was not particularly sensible.

domingo, 8 de noviembre de 2015

El quinto coño

Dedicamos hoy nuestra atención a un concepto tan singular como "el quinto coño" y sus posibles equivalencias en inglés.

No cabe duda de que la expresión tiene su origen en la menos malsonante "el quinto pino", a la que el Diccionario de la Real Academia Española define sencillamente como "lugar muy lejano". La misma fuente recoge también "el quinto infierno", con los significados de "lugar muy profundo o muy lejano".

La expresión “el quinto pino” es relativamente reciente pues tiene, al parecer, su origen en el Madrid decimonónico. En la larga avenida que hoy configura los paseos del Prado y de Recoletos y el inicio del de la Castellana existían cinco pinos de gran tamaño, el último de los cuales cercano a la zona donde hoy se ubican los Nuevos Ministerios. Esta localización, hoy céntrica, se encontraba verdaderamente alejada en aquel entonces y de ahí surgió la expresión, que se extendió por España por su uso por parte de los periodistas y escritores que residían en la Villa y Corte.

Abandonemos la historia capitalina y volvamos a nuestra sonora expresión. Cuando para referirnos a un lugar alejado utilizamos "el quinto coño" en lugar de expresiones más neutras como las apuntadas, incorporamos a la propia lejanía la connotación de que no nos resulta agradable ir a ese lugar o estar en él. Y lo hacemos, como es frecuente en castellano, recurriendo a "coño" o "cojones" para incorporar esa significación al tiempo que dotamos a nuestra locución de una sonoridad contundente.

Paralelamente, en inglés tenemos también expresiones más o menos neutras como the middle of nowhere, que el Cambridge Advanced Learner's Dictionary define simplemente como un lugar "alejado de pueblos y ciudades y donde vive poca gente" ("far away from any ​towns and ​cities and where few ​people ​live"), aunque sí indica su uso reprobatorio.  Más interesante resulta the back of beyond, utilizada especialmente en el Reino Unido para referirse también a "un lugar alejado de cualquier ciudad grande" ("a ​place ​far away from any ​big ​town", según el CALD).

También disponemos de the arse end of nowhere, eminentemente británica en su uso, que incorpora plenamente las connotaciones negativas y malsonantes de "el quinto coño" y que se asemeja mucho formalmente a otra expresión de uso también frecuente en nuestra lengua, "el culo del mundo".

Ejemplos prácticos:
  • Tuve que ir hasta el quinto pino para encontrar mi disfraz para la fiesta. I had to go to the back of beyond to find my costume for the party.
  • Antes trabajaba cerca de Cibeles pero nuestra nueva oficina está en el culo del mundo. I used to work near Cibeles but our new offices are in the arse end of nowhere.
  • Tuve que llevar a mi hija a un cumpleaños en el quinto coño y al final me pasé la tarde en el coche. I had to drive my daughter to a birthday party in the arse end of nowhere and I ended up spending the afternoon in the car.

sábado, 7 de noviembre de 2015

No te calientes

Los calentones en la oficina son muy desaconsejables.  Y no nos referimos aquí a los de naturaleza lúbrica, que también, como bien observan algunos conocidos refranes de dudoso gusto pero probada sabiduría.  Nuestro comentario va más bien dirigido a los súbitos enfados o, más en general, a cualquier reacción irreflexiva ante los eventos que nos acontecen en el desempeño de nuestro trabajo.

El Diccionario de la Real Academia Española contiene entre sus definiciones para "calentar" la siguiente: "excitar, exaltar, enardecer".  Además, contempla el uso pronominal del verbo ("calentarse") con el valor de "enfervorizarse en la disputa o porfía".  El propio calentón, por cierto, aparece recogido en el Diccionario de Uso del Español de María Moliner como "calentamiento brusco e intenso", definición que resulta bastante genérica.

Es, en todo caso, útil para describir esos momentos en los que, debido a la gravedad o la reiteración de los despropósitos a los que asistimos o de los que somos víctimas, se nos sube la sangre a la cabeza en la oficina y corremos el riesgo de perder el autocontrol.  En esa circunstancia, lo peligroso no es tanto llegar a cometer alguna barbaridad, salvo que la misma lleve aparejada el derramamiento de sangre, sino más bien llegar a decir en un momento de enajenación lo que verdaderamente pensamos.  Esta actuación resulta de todo punto inexcusable pues habitualmente supone verter sobre nuestros superiores o nuestros compañeros juicios de valor críticos, cuando no abiertamente ofensivos.

Es, por ello, recomendable en la oficina moderna mantener siempre la calma e intentar que nuestros compañeros hagan lo propio.  Para ello, empleamos expresiones como las que nos ocupa, que animan al oyente a reconsiderar su enfado o excitación, de manera que los mismos no vayan a más y puedan conducir a excesos verbales de los que luego deba arrepentirse.

A la hora de pedir esa calma de una forma más o menos coloquial, el inglés nos ofrece varias expresiones de sentido muy similar a la española. Además de la más elemental (calm down), podemos emplear la construcción hold your horses (literalmente, "sujeta tus caballos").  El Cambridge Advanced Learner's Dictionary nos indica que se emplea "para decir a alguien que se detenga y considere con cuidado su decisión u opinión acerca de algo"  ("used to tell someone to stop and consider carefully their decision or opinion about something").

Disponemos además de varias alternativas como cool your jets (que incorpora la temperatura en paralelo a la expresión española), take a pill (similar a nuestro sardónico "se te ha olvidado tomarte la pastilla") o chill (que significativamente podemos traducir como "enfríate").

Ejemplos prácticos:
  • No te calientes, deja que te explique todos los detalles. Hold your horses, let me give you all the details.
  • No te lo ha dicho con mala intención, no te calientes. He didn't mean it, cool your jets.