martes, 15 de octubre de 2013

Echarse al barro

El desempeño profesional en la oficina moderna exige controlar bien los tiempos y tener un repertorio amplio que permita adaptar nuestra actuación a lo que resulte más aconsejable en cada momento para avanzar nuestros intereses o, al menos, sobrevivir un día más.  La prudencia y el mal llamado sentido común aconsejan comportamientos muy diferentes en función de múltiples variables, lo que nos demanda un aquilatado análisis de personalidades complejas y circunstancias tan cambiantes como el clima otoñal británico.

En general, un cabal entendimiento de los intrincados mecanismos de las grandes organizaciones suele aconsejar decantarse por líneas de actuación caracterizadas por contemporizar y hacer lo que, en términos taurinos, se conoce como faenas de aliño.   Sin embargo, en ocasiones nos vemos exigidos a conducirnos de manera muy diferente, abordando con decisión y aun agresividad a aquellos que nos importunan con sus pretensiones o sus actitudes.  Las más de las veces, nos vemos obligados a entrar en esta fase por sentirnos amenazados por nuestros interlocutores, aunque no faltan actuaciones de esta naturaleza que nacen impulsadas más bien por un desusado "ataque de dignidad", cuyo carácter tardío suele acentuar su ridículo.

Decimos entonces que "nos echamos al barro" con el sentido de abandonar toda pretensión de decoro y entrar en una fase en la que todo está permitido.  Subyace en esta construcción la idea de que se ha intentado evitar precisamente mancharse con el barro hasta un punto en el que ello se hace inevitable y nos obliga a rebozarnos en la suciedad de la que prentendíamos escapar.  Esta inevitabilidad no obsta, sin embargo, para que sintamos una cierta liberación al poder abandonar el decoro y el disimulo para defender sin reservas nuestra posición.

El concepto puede trasladarse al inglés de manera bastante precisa empleando la locución verbal to take the gloves off, literalmente "quitarse los guantes".  El McGraw-Hill Dictionary of American Idioms and Phrasal Verbs asigna a esta expresión el valor de "to stop being calm or civil and show an intention of winning a dispute by any means" ("dejar de conducirse de manera calmada o educada y mostrar la intención de ganar una disputa por cualquier medio").

La referencia es aquí, obviamente, a los guantes de boxeo que amortiguan la potencia de los golpes y minoran así el daño en el rostro del adversario.  Las reglas del boxeo moderno, codificadas en 1866 por John Graham, fueron después esponsorizadas por el Marqués de Queensberry, a cuyo nombre quedaron para siempre unidas, dignificando así una existencia bastante poco edificante.  Aunque en estos tiempos el boxeo nos sitúa inevitablemente en registros abiertamente sórdidos, en su día sus reglas se asociaban con los más altos estándares de la caballerosidad y el fair play.  De ahí que la acción de quitarse los guantes se identifique con situar la disputa en terrenos donde la bajeza y la abyección son los elementos dominantes.

Ejemplos prácticos:
  • Una vez que nos amenazaron con demandarnos, nos echamos el barro y comenzamos a sacar todos los correos electrónicos que nos habían mandado reconociendo que los retrasos eran culpa suya.  Once they threatened to sue us, we took our gloves off and started to produce all the e-mails they had sent to us admitting their responsibility in the delays.
  • Después de que no me ascendieran este año, la verdad es que no tengo ya nada que perder.  Me voy a echar al barro.  After they didn't promote me this year, I have nothing to lose.  The gloves are off.

viernes, 11 de octubre de 2013

Como un toro de los toriles

Muchos meses llevamos sin pisar la arena de los cosos taurinos por la que tantas veces nos hemos paseado figuradamente en estas páginas.  Ingenuamente pensaba incluso el autor que había dado por concluida la larga y variopinta serie de entradas dedicadas a los términos relacionados con la tauromaquia, recogida en un blog específico.

Sin embargo, una entrada reciente en English Idioms, una excelente página de facebook dedicada a ilustrar el uso de expresiones inglesas, nos ha ofrecido la oportunidad de prolongar nuestra serie con una singular y colorista expresión que podemos escuchar en la oficina moderna con cierta frecuencia y que, pese a ello,  había escapado hasta ahora nuestra atención.

Efectivamente, decimos que alguien "salió como un toro de los toriles" cuando queremos indicar que abordó alguna tarea de forma desabrida, atacando a diestro y siniestro sin demasiado criterio e impulsado por una rabia descontrolada.  Evocamos la imagen del astado que, después de haber pasado unas horas en los toriles (las dependencias de la plaza donde permanece en los momentos previos a la lidia), sale finalmente al ruedo, haciendo gala de la bravura y la furia que pronto se verán domeñadas en el ruedo.

La construcción por la que opta el inglés para expresar la idea no es muy diferente conceptualmente aunque, como cabría esperar, nada tiene que ver con el mundo taurino, tan propiamente hispano.  La locución verbal to come out swinging (que podríamos traducir en este contexto como "salir arreando") procede del mundo boxístico y dibuja la imagen del púgil que comienza la pelea lanzando puñetazos de forma agresiva y desaforada.  La definición que nos ofrece el Wiktionary ilustra su uso figurado de forma singularmente precisa: "to initiate an encounter or interaction by behaving in an unrestrainedly aggressive, confrontational, or accusatory manner" ("comenzar un encuentro comportándose de manera desatadamente agresiva, beligerante o inquisititoria").

Ejemplos prácticos:
  • Una cosa es ir a la reunión de presupuestos a dar batalla; otra diferente es salir como un toro de los toriles y poner a todo el mundo en nuestra contra.  It is one thing to put up a fight in the budget meeting; it is quite another to come out swinging and turn everyone against us.
  • Pensé que era un tema olvidado pero, en cuanto dije que Ana podía ser una buena candidata para el puesto, se puso como un toro saliendo de los toriles.  I thought it was water under the bridge but as soon as I mentioned Ana as a possible candidate for the job, he came out swinging.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Tener más cara que espalda +


Nos referíamos en otra entrada a la expresión "tener cara" y a sus diferentes variantes, haciendo notar que la extensión e intensidad de esta actitud en nuestros tiempos nos obliga, en no pocas ocasiones, a tener que distinguir las actuaciones más conspicuas de aquellas otras más habituales u ordinarias.

En este sentido, cuando intentamos calificar estas conductas para enfatizar su naturaleza excesiva podemos hacer referencia a dos aspectos diferentes como son la dureza de la cara ("tener la cara muy dura") o su extensión ("tener mucha cara"). Nótese que sólo nos podemos a la dureza cuando nos referimos específicamente a la cara y, por ello, únicamente disponemos de la segunda alternativa cuando optamos por utilizar alguna de las variantes de la expresión.  Así decimos "tiene mucho rostro" o "tiene mucho morro" pero no "tiene el rostro muy duro" o "tiene la jeta muy dura".

El superlativo de la extensión de la cara suele expresarse en castellano con la descriptiva locución "tener más cara que espalda", que pone en relación la extensión de dos partes del cuerpo de naturaleza desproporcionada. Cuando, por el contrario, optamos por el superlativo de la dureza de la cara solemos decir "tiene la cara más dura que el cemento" o, de forma más pedante, "tiene el rostro pétreo".

Para trasladar al inglés estos idiomáticos superlativos podemos utilizar la expresión británica to have more front than Brighton, que podriamos traducir, literalmente, como "tener más fachada que Brighton.  Se hace referencia aquí a la noble sucesión de edificios que ofrece en su frente marinero la bella localidad del sur de Inglaterra.   La localidad de Blackpool, en el norte de Inglaterra, rivaliza con Brighton a la hora de acoger las tediosas conferencias anuales de los partidos políticos británicos al principio del curso y también aparece en ocasiones en esta frase.

Existen también otras variaciones sobre la misma idea (to have more front than...), siendo la más extendida en el Reino Unido la que se refiere a la fachada de Harrods, los grandes almacenes londinenses que ocupan una manzana entera en Knightsbridge y son uno de los iconos de la capital británica.  Menos glamour tiene Sainsbury's, una cadena de supermercados británica, pero también la encontramos en frases con esta estructura.  La misma construcción se emplea en Australia, to have more front than Myers, que hace referencia, al parecer, a la fachada de unos grandes almacenes de Melbourne.

Ejemplos prácticos:
  • Este gobierno tiene más cara que espalda. This government has more front than Brighton.
  • No me esperaba otra cosa de ella; tiene más cara que espalda. I didn't expect less from her, she has more front than Harrods.
  • Hay que quitarse el sombrero ante ellos; tienen más cara que espalda. You really do have to take your hat off to them. they've got more front than Blackpool.

lunes, 7 de octubre de 2013

Tener cara +

"Tener cara" es una de las actitudes que mejor caracterizan la conducta de muchas personas, tanto dentro como fuera de la oficina moderna.  Otras sólo ofrecen este registro en momentos puntuales en los que decimos que "le echan cara".

El Diccionario de la Real Academia Española ofrece, entre las muchas acepciones que recoge para la palabra "cara", la que la hace equivaler a "desfachatez", definida en otro lugar como "descaro, desvergüenza".  Referencias a la desfachatez encontramos también en las entradas dedicadas a "morro" y "jeta", vocablos que también empleamos con el mismo sentido, como también el más alambicado y pedante "rostro".  La propia pluralidad de estas expresiones nos alerta sobre el hecho de que, como apuntábamos, nos enfrentamos a comportamientos muy extendidos y que merecen un generalizado reproche social.

Podemos decir incluso que estamos ante una actitud que define la personalidad de algunos sujetos, a los que aplicamos con justicia el sonoro nombre de "caradura".  El DRAE recoge este término con el valor de "sinvergüenza, descarado", vocablo este último que define de forma muy precisa en otro lugar como "que habla u obra con desvergüenza, sin pudor ni respeto humano".

La palabra "caradura" es, en todo caso, de uso tan reiterado que corre el riesgo de convertirse en una descalificación menor.  Por ello, el autor confiesa que cuando se enfrenta a ejemplares de verdadera categoría tiende a diferenciarlos con la adición del adjetivo "superlativo" y a calificarlos así como "caradura superlativo".  Es un recurso expresivo parecido a cuando decimos "gilipollas integral", especie muy diferente del gilipollas común como es sabido.

En inglés disponemos de numerosas palabras que pueden emplearse con parecido significado pero que precisan de algunos matices. Cheeky (más frecuente en los Estados Unidos) y sassy (en el Reino Unido) tienen un significado cercano a nuestro "descarado" pero hoy, lejos de connotar la censura de un comportamiento desvergonzado, tienen un valor más cercano a "atrevido", con frecuencia en un sentido positivo, especialmente en el caso de sassy.

Sin embargo, si podemos utilizar la referencia a los carrillos (cheeks) de una forma inequívocamente denigratoria si la empleamos en expresiones como it takes a lot of cheek (algo así como "se necesita tener cara") o también what a cheek ! ("¡ qué morro !"). En este tipo de construcciones no es infrecuente, especialmente en los Estados Unidos, utilizar la palabra nerve en lugar de cheek.

Las opciones, como apuntábamos, no terminan en estas expresiones.  Podemos emplear también la palabra front, apoyándonos en el valor que la aproxima a nuestra "fachada", en construcciones como las apuntadas y en otras más coloristas que exploraremos en una entrada específica.

Apuntemos finalmente que también podemos emplear uno de esos curiosos términos procedentes del yiddish que la abundante emigración de judios centroeuropeos a los Estados Unidos incorporó al inglés durante el siglo XX.  Se trata de chutzpah, cuyo significado preciso se sitúa en algún punto intermedio entre el descaro y la insolencia.

Ejemplos prácticos:
  • El muy cabrón tuvo la cara de llamar diciendo que estaba malo después de que todos le viéramos salir de la fiesta borracho como un piojo. The old sod had the nerve of calling in sick after everyone saw him leaving the party pissed as a fart.
  • Quisieron construir el museo como les dio la gana y ha sido un fracaso. ¡ Qué cara pedir ahora dinero publico para mantenerlo abierto ! They wanted to build the museum as they pleased and it has been a failure. What a cheek to ask now for public money to keep it open !
  • Se necesita tener cara para decir que la respuesta adecuada a una crisis financiera es relajar la regulación. It takes a certain chutzpah to say the appropriate response to a financial crisis is to loosen regulations.

martes, 17 de septiembre de 2013

Echar la culpa +

Termina el verano y se acerca el último trimestre del ejercicio, época singularmente sombría en la oficina moderna tras las alegrías estivales.  Nos adentramos en la auténtica temporada alta para una de las actividades que definen el desempeño laboral de los profesionales de éxito.  Se trata, como el lector avisado ya habrá advertido, de echar la culpa a otros de que los objetivos se hayan convertido en inalcanzables o, más genéricamente, de todo lo que haya ido mal durante el año.

Es importante señalar que, en general, este ejercicio carece en los ambientes laborales de todo rigor jurídico y hasta intelectual.  No se distinguen gradaciones en la culpabilidad pues se trata únicamente de encontrar quien cargue con el muerto y resulta indiferente que se trate del propio asesino o de uno que pasaba por allí.  Tampoco se extiende el concepto a terrenos más sofisticados, como la culpa in eligendo o la culpa in vigilando, que podrían comprometer a los responsables jerárquicos más allá de lo deseable, situando la función directiva en terrenos incompatibles con el ejercicio que habitualmente se hace de la misma.

Es difícil, en todo caso, exagerar la importancia laboral de este ejercicio de elusión de la propia responsabilidad.  No sólo afecta al posicionamiento de cara a la retribución variable u otros incentivos, que en muchas empresas se reparten al final de este trimestre, sino que, en no pocas ocasiones, puede resultar determinante para la propia supervivencia laboral del individuo.

Por ello, es imperativo emplearse a fondo durante el otoño en conseguir que la responsabilidad de los incumplimientos presupuestarios y demás fracasos corporativos se sitúe lo más lejos posible. Los grandes maestros en esta suerte consiguen hacerlo de manera preventiva pero la idiosincrasia española suele conducir más bien a conductas reactivas que sólo se desatan cuando el individuo se siente acorralado. Esta tendencia conduce en ocasiones a violentos comités llenos de acusaciones cruzadas y frases punzantes, que complementan las más frecuentes murmuraciones de pasillo y cuarto de baño.

En inglés podemos utilizar las expresiones to blame someone o to put the blame on someone, de sentido literal muy parecido a la construcción que nos ocupa.  Nótese que la preposición a emplear en la segunda fórmula antes del objeto directo es siempre on.

Resulta, por otra parte, mucho más gráfico e idiomático utilizar en este contexto la locución verbal to point the finger at someone, literalmente "señalar con el dedo a alguien", que incorpora muy bien el sentido dramático que suele caracterizar esta conducta.   En ocasiones podemos encontrar también la palabra finger-pointing para referirnos precisamente al acto de echar la culpa a alguien por algo (" the act of blaming someone for something", según el American Heritage Dictionary of the English Language).

Ejemplos prácticos:
  • Se pasó toda la reunión echando la culpa a todo el mundo por los retrasos en el proyecto como si el no hubiera estado allí cuando se tomaron las decisiones. He spent the meeting blaming everyone for the delays in the project as if he wasn't there when the decisions were taken.
  • Después de la cagada de julio, el comité mensual se ha convertido en un foro para echarse la culpa unos a otros durante una hora. After the July balls-up, the monthly committee has turned into an hour-long finger-pointing session.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Pasar olímpicamente

A estas alturas de la cuestión, es difícil para el madrileño medio no tener una actitud cuando menos ambivalente sobre los sucesivos proyectos olímpicos de la ciudad y sus invariables fracasos.   A la ilusión por albergar tan magno acontecimiento se contrapone el cinismo ante la contrastada inutilidad de nuestros dirigentes, tanto electos como hereditarios, y una situación económica que convierte en imprudentes los alardes de otro tiempo.

Sin embargo, hay que reconocer que el reciente batacazo de nuestra candidatura ha evidenciado que las capacidades del país para hacer el ridículo a nivel planetario no han sufrido merma alguna con el cambio de gobierno y las nuevas prioridades de nuestras políticas exterior y económica.  Cuando uno tiene alcaldesas como ésta, es mejor que nadie se entere.

En todo caso, el autor nunca ha tenido demasiado claro por qué se asocia precisamente el olimpismo con una forma de desprecio que, si bien parece dotado de una cierta elegancia, rebasa con creces los límites de la displicencia o el desdén. Quizá los aristocráticos principios que animaron al Barón Pierre de Cobertin a impulsar el nacimiento del olimpismo moderno, evidenciados en su singular lema "lo importante es participar", expliquen esta asociación en nuestro idioma.

Lo cierto es que el Diccionario de la Real Academia Española recoge entre de los significados de olímpico los adjetivos "altanero" y "soberbio".  El Diccionario de Uso del Español, por su parte, opta por otros dos adjetivos para definir esta actitud: "altivo" y "despectivo".

Así, la construcción "pasar olímpicamente de algo" viene a expresar tal nivel de desinterés por el asunto o la persona en cuestión que, en los tiempos malhablados que vivimos, ha sido sustituido en el lenguaje coloquial por otras expresiones más contundentes como "me la suda" o "me importa tres cojones". Así, "paso olímpicamente" se ha convertido ya en una frase en la que lo remilgado prevalece sobre la intención chulesca que debería ser su esencia.

En todo caso, creemos que la construcción que proponíamos en su día en la entrada que dedicamos a la españolísima expresión "me la suda" (I couldn't care less) es también la más aconsejable en este contexto.  En ocasiones, podemos encontrar la expresión con el mismo sentido pero en la forma positiva (I could care less) pero esta fórmula tiene poca lógica gramatical y parece ser más bien un error que se ha extendido, especialmente en los Estados Unidos.

Por otra parte, si el objeto de nuestro olímpico desdén es una persona, optaríamos por utilizar un verbo que incorpore ese desprecio, como to despise que expresa tan sobradamente la idea que no precisa complementarse con adverbio alguno.

Ejemplos prácticos:
  • Aunque intentó que pareciera que le interesaba nuestra propuesta, noté en su cara que pasaba olímpicamente del tema. He pretended to be interested in our proposal but I saw in his face that he could't care less about it.
  • Tenemos que esperar su respuesta pero, si te digo la verdad, paso olímpicamente de lo que opine.  Le guste o no, vamos a tirar para adelante.  We need to wait for his response but I couldn't care less what he thinks, to be honest.  Whether he likes it or not, we will go ahead.
  • Le gustaba desde el principio pero ella pasaba olímpicamente de él. He fancied her from the start but she despised him.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Sieso

Llevamos un tiempo sin dedicar nuestra atención a alguno de los tipos humanos característicos que pueblan nuestras oficinas y, más genéricamente, nuestra vida social.  Aunque la prolongada crisis y el bajo tono general que se ha extendido en los últimos tiempos han reducido ésta al mínimo, lo cierto es que todavía perviven algunos eventos corporativos donde tenemos la ocasión (calificarlo de suerte quizá resultaría excesivo) de conocer mejor a nuestros compañeros y jefes.

Suele ocurrir, en estos casos, que descubrimos que personas que en la oficina parecen más o menos normales (en un sentido estadístico, al menos), presentan rasgos de personalidad singulares que, en no pocas ocasionen, rayan en los terrenos de la psicopatía.  Con la edad, una de las facetas que más frecuentemente se descubre en estas circunstancias es la capacidad de determinadas personas para hablar con profusión y sin pausa sobre algún tema de nulo interés para sus oyentes.  Solemos emplear coloristas expresiones como "soltar una chapa" o "poner un disco" para referirnos a estos comportamientos.

Sin embargo, no es tampoco infrecuente que estos eventos nos permitan identificar las nulas capacidades sociales de alguno de nuestros colegas, incapaces de sostener una mínima conversación o de demostrar cierto interés en lo que ocurre a su alrededor.  Empleamos para referirnos a estos especímenes el término "sieso" que el Diccionario de Uso del Español nos define como "antipático, seco", indicando que puede emplearse como adjetivo o como sustantivo.  Lo más frecuente, en este sentido, es que lo encontremos en expresiones despectivas de sentido categórico ("ese es un sieso") similares a las que empleamos con otros términos denigratorios ("es un cantamañanas", "es un sobrado", etc.).

El término comporta un cierto reproche a la escasa empatía que muestra el individuo en sus relaciones sociales o, más específicamente, a su incapacidad para expresar entusiasmo u otros sentimientos positivos.  Cuando el foco de nuestro comentario esté más bien en el carácter aburrido de la persona empleamos otros términos como "parado", "muermo" ("persona o cosa tediosa y aburrida", según el DRAE) o incluso el más colorista "marmolillo" que, en puridad y según el mismo diccionario, hace más bien referencia a la escasa capacidad intelectual del individuo.

El inglés, por su parte, recurre a una curiosa imagen para expresar una idea similar.  Efectivamente, evocamos un pez frío (a cold fish) para referirnos a "una persona que no resulta muy amistosa y que no muestra sus emociones" ("a person who does not seem very friendly and does not show their emotions", según el Cambridge Idioms Dictionary) o, más generícamente, a "una persona distante y sin sentimientos" ("a person who is distant and unfeeling", según el McGraw-Hill Dictionary of American Idioms and Phrasal Verbs).

Ejemplos prácticos:
  • Cuando trabajamos juntos, podía estar toda la tarde sin hablar una palabra.  Era super siesa.  When we worked together, she could spend the entire afternoon without talking to anyone.  She was such a cold fish.
  • Me sorprendió que fuera tan sieso porque conocía a su hermana de la universidad y era muy simpática.  Y guapa, o a mi me lo parecía.  I was surprised he was such a cold fish because I knew his sister from college and she was really charming.  And pretty, if you ask me.