viernes, 17 de enero de 2014

Desnudar a un santo para vestir a otro +

Vivimos tiempos de cierta austeridad, caracterizados por toda suerte de recortes: sociales, salariales, de plantilla y, si hacemos caso a algunos, incluso de derechos.  Estos últimos han conocido tal expansión conceptual en nuestra historia reciente (los contenidos en la reforma del Estatuto de Cataluña son un buen ejemplo) que casi resulta imposible que no tengan en algún momento que conocer cierta restricción.

No es menos cierto que, las más de las veces, se recorta lo fácil y se elude abordar las reformas verdaderamente necesarias que más contribuirían a resolver o, al menos, mitigar los problemas de fondo.  En este contexto, no es infrecuente que nuestra resistencia a determinadas propuestas se manifieste en identificarlas con el concepto que nos ocupa, "desnudar a un santo para vestir a otro" o con otro relacionado que ya tratamos en estas páginas en otro momento, "el chocolate del loro".

El Diccionario de la Real Academia Española define la expresión "desnudar a un santo para vestir a otro" como "arreglar una cosa estropeando otra". Algo más precisa resulta la definición que propone María Moliner en el Diccionario de Uso del Español: "quitar una cosa a alguien o de algún sitio donde todavía hace falta para darla a otra persona o ponerla en otro sitio".

Efectivamente, con frecuencia los ajustes de las plantillas suponen el desplazamiento de personas de unos departamentos a otros supuestamente más críticos o estratégicos. Este último adjetivo, incidentalmente, suele emplearse en la oficina moderna para justificar los mayores despropósitos pues abre la puerta a una dimensión desconocida donde la razón en todas sus formas parece estar proscrita.

El caso es que generalmente este desplazamiento sólo supone desnudar un santo (los departamentos que ven reducidos sus efectivos pero no su carga de trabajo) para vestir a otro (las áreas que reciben recursos adicionales para asegurar la realización de tareas con frecuencia estériles cuando no abiertamente absurdas). El problema simplemente se desplaza pero no se resuelve.

La expresión inglesa equivalente, to rob Peter to pay Paul (literalmente, "robar a Pedro para pagar a Pablo") está mucho más próxima de lo que puede parecer a las resonancias religiosas de la frase española que nos ocupa. La temprana aparición de la frase en inglés a finales del siglo XIV y la existencia de expresiones latinas semejantes que se referían a San Pedro y a San Pablo hacen pensar que es, efectivamente, a los apóstoles a los que se hace referencia en esta construcción que, por otro lado, también existe en alemán y en francés.

Ejemplos prácticos.
  • Sus últimas propuestas consisten simplemente en desnudar a un santo para vestir a otro; dudo mucho que se consiga algún ahorro real. Her latest proposals consist simply of robbing Peter to pay Paul. I doubt that any real savings will result.
  • ¿ Cómo pretenden financiar los nuevos programas sociales si siguen desnudando un santo para vestir a otro para equilibrar el presupuesto cada año ? How do they expect to fund the new social programmes if they keep robbing Peter to pay Paul in order to balance the budget every year ?

martes, 7 de enero de 2014

Porculero

Un colega mexicano del autor está asombrado por la moderna costumbre española de rematar muchas frases, especialmente aquellas que enuncian la solución a un problema o, más genéricamente, algún plan de acción, con la coletilla "y a tomar por culo".  El hermano del autor fue incluso expulsado hace años de su colegio por rematar una conversación con un profesor con esta inofensiva coda que fue, quizá inevitablemente, malinterpretada por el docente.

Ilustran estas anécdotas la frecuencia con la que recurrimos en el habla coloquial a referencias a la sodomía, en sus variantes activa ("dar por culo") o pasiva ("tomar por culo"), sin importarnos que su implícita aceptación social probablemente sitúa muchas de estas expresiones fuera de la cada vez más reducida esfera de la corrección política.

En todo caso, el uso de las mismas sigue en auge e incluso aparecen variantes que refinan en alguna medida el concepto, dotándole de perfiles menos agresivos, al menos en lo formal.  El muy descriptivo y hoy algo tosco "encular" aparece recogido incluso en el Diccionario de la Real Academia Española, aunque únicamente en su sentido literal.  Hace tiempo le sucedió el más imaginativo "porculizar", que podemos escuchar declinado en nuestras oficinas siempre en sentido figurado y generalmente en tono de amenaza o advertencia ("como no lleguemos a los objetivos de ventas, nos van a porculizar con el bonus").

Más recientemente, se ha popularizado el uso del adjetivo "porculero", un neologismo que puede emplearse para referirse tanto a personas como a cosas.  En el primer caso, su valor es cercano al de "tocapelotas", perfil humano que ya hemos tratado específicamente.  Se trata de esos personajes, por desgracia bastantes numerosos, cuya actividad se centra, generalmente de manera intencionada, en importunar a quienes le rodean.  Decimos generalmente porque no faltan tampoco casos en que es el sujeto pasivo quien, poseído de una incipiente manía persecutoria, interpreta todas las acciones o palabras de alguien como orientadas a irritarle o fastidiarle.

Apuntemos que el concepto resulta mucho más suave que el resto de pobladores de este campo semántico.  Obsérvese la notable diferencia entre emplear el hoy poco habitual "porculizador", que connota un ánimo agresivo y siniestro, y "porculero", que se centra más bien en las molestias que se ocasionan.  Quizá un ejemplo ilustre la cuestión: "El nuevo jefe tenía una fama de porculizador terrible; por donde había pasado había recortado plantillas y costes a lo bestia.  Sin embargo, aquí lo que se ha dedicado es a pedirnos todo tipo de informes porculeros pero no ha dado mucha guerra".

Quizá por ello su uso se ha extendido también al ámbito de las cosas, tal como ilustramos en el ejemplo anterior.  Nunca calificaríamos un informe, una llamada de teléfono o un determinado proyecto como "tocapelotas" (aunque sí podemos decir que "nos tocan las pelotas") pero sí podemos referirnos a ellos como "porculeros" si nos importunan o irritan.  Esta extensión ha contribuido, sin duda, a la popularización de este vocablo y a que no falte quien ya abogue en las redes sociales por su incorporación al DRAE.

La expresión inglesa que resulta más útil en este contexto también incorpora el culo pero lo hace, como casi siempre, de manera más sutil.  Se trata, como el lector avisado ya habrá sin duda adivinado, de la locución a pain in the ass/arse que, además de sus dos versiones principales, conoce otras formas más o menos remilgadas que incorporan referencias más elegantes al propio culo (backside, butt) o, directamente, otras alternativas (neck).  Todas ellas hacen referencia, según el Cambridge Advanced Learner's Dictionary, a "una persona o cosa que resulta muy molesta" ("someone or something that is very annoying").

Ejemplos prácticos:
  • Había oído que era bastante gilipollas pero no se metía mucho en el día a día.  No me esperaba que fuera tan porculero.  I had heard he was an asshole but didn't get much involved in day-to-day issues.  I never expected him to be such a pain in the ass.
  • Ya está retirado y debería llevar una vida tranquila pero tiene una hija adolescente que es super porculera.  He is retired now and should be leading a quiet life but he has a teenage daughter who is a real pain in the arse.
  • Me tuve que quedar en la oficina hasta tarde para terminar un informe que, al final, resultó ser muy porculero por todos los cambios regulatorios.  I had to stay late in the office in order to finish a report that turned out to be a pain in the arse because of all the regulatory changes.
  • Los verbos irregulares españoles son muy porculeros para la mayoría de los extranjeros.  Spanish irregular verbs are a real pain in the neck for most foreigners.

domingo, 5 de enero de 2014

Dar por culo +


Ya dirigimos nuestra atención a esta, en otro tiempo, innombrable actividad en la entrada que dedicamos hace algún tiempo al manido verbo "putear".  En aquella ocasión nos centrábamos en el uso figurado más o menos directo de esta expresión, con el sentido general de fastidiar.  Subyace en el mismo, como puede observarse, una cierta connotación homofóbica que no obsta para su uso generalizado en la oficina moderna, como luego ilustraremos.

Centramos hoy nuestra atención en una construcción que también emplea este concepto pero con un giro algo diferente.  Nos referimos, en este caso, a cosas o situaciones que nos resultan singularmente desagradables o molestas, hasta el punto de que decimos de las mismas que "nos dan por culo".  Podemos, como siempre en estos casos, incorporar el artículo antes de "culo" para mayor énfasis.

Como apuntábamos, corremos el riesgo de adentrarnos en terrenos políticamente incorrectos, peligro que podemos fácilmente evitar diciendo más bien que determinadas cosas "nos tocan los cojones" (o su versión monjil, "nos tocan las narices").  Los tocamientos genitales adquieren aquí una connotación negativa ciertamente debatible y que, al parecer, son independientes de la orientación sexual de cada cual.  Alternativamente, también podemos decir que esas situaciones molestas simplemente "nos joden".  El Diccionario de la Real Academia Española, de hecho, incluye en su segunda acepción para el verbo "joder" su equivalencia con "molestar, fastidiar" y, en estos tiempos, es mucho más habitual este valor que el original ("practicar el coito", actividad para la que en España empleamos habitualmente otro verbo).

Como se comprenderá fácilmente, dadas las circunstancias en las que se desarrolla el desempeño profesional en la oficina moderna, expresiones de este tipo están siempre en los labios de sus infelices moradores.  Cuando no nos da por culo el atasco matutino, nos lo da que la maquina del café vuelva a estar estropeada (o, más frecuentemente en la oficina moderna, jodida) o que al jefe se le haya ocurrido repasar el presupuesto precisamente hoy, que tenemos que salir pronto para ir a recoger a los niños.  Quizá por lo habitual de su uso, la frase no resulta tan grosera como su literalidad sugiere y se utiliza con cierta alegría incluso en contextos menos informales.

Disponemos en inglés de varias opciones para utilizar en este contexto, menos sonoras pero razonablemente efectivas.  En primer lugar, podemos recurrir al verbo to irk, definido por el Cambridge Advanced Learner's Dictionary como "to annoy someone" ("molestar a alguien").  El mismo significado encontramos para el verbo to peeve, que también podemos emplear en este sentido.  Nótese que ambos verbos son notablemente más formales que la expresión española y su valor está más próximo a nuestro "irritar".

Si queremos mantener un carácter moderadamente malsonante, probablemente debemos recurrir a otras construcciones como to piss off.  También pueden resultar apropiadas algunas de las otras expresiones que proponíamos en la entrada que, en su día, dedicamos precisamente a la locución verbal "tocar los cojones" como to cheese off o to tick off.

Ejemplos prácticos:
  • Lo que me da mucho por culo es que ahora pretenda que no tuvo nada que ver con la decisión inicial.  What really irks me is that he now pretends that he didn't have anything to do with the initial decision.
  • Me da por culo que siempre llegue media hora tarde.  It peeves me that she always shows up half an hour late. 
  • Lo que ya me toca los cojones es tener que cruzar Madrid para una reunión que seguro que va a ser una pérdida de tiempo. What really pisses me off is having to cross Madrid for a meeting that will surely be a waste of time.

viernes, 3 de enero de 2014

Sacarse la espina

Ilustración de Pilar Chauca
Hace ya muchos años, Sir Albert  Hammond, uno de los poquísimos gibraltareños a los que, siquiera remotamente, se podría calificar como ilustres, hizo muy popular a este lado de la verja aquello de "eres como una espinita que se me ha clavado en el corazón", versionando de manera atroz un tema de Los Panchos.

Al margen de consideraciones artísticas, siempre subjetivas y discutibles, la canción ilustra la extendida asociación de las espinas (de las rosas y no del pescado, aclaremos) al dolor, la molestia o el pesar.  De forma muy lírica, el Diccionario de Uso del Español recoge para espina la acepción de "pensamiento o sentimiento que atormenta o causa desazón".  En inglés también se emplea su equivalente (thorn) con idéntico sentido, como ilustra, en un terreno igualmente musical pero mucho más digno, la notable canción "The Boy With The Thorn In His Side" de The Smiths.  En ambos idiomas existe también el adjetivo correspondiente (espinoso/thorny) para referirse a un asunto "arduo, difícil, intrincado", por utilizar las equivalencias que propone el Diccionario de la Real Academia Española.

No sorprende, por ello, que resulte frecuente escuchar la locución verbal "sacarse la espina", definida en el DRAE como "desquitarse de una pérdida, especialmente en el juego".   Más inusual es encontrar la expresión empleada con el valor alternativo que propone María Moliner en el DUE ("desahogarse diciendo o haciendo algo de que ha estado reprimiéndose por alguna consideración") aún cuando el mismo puede resultarnos interesante más adelante.

La espina, o su diminutivo "espinita", aparecen también en otras construcciones habituales en la oficina moderna, como "tener clavada la espina".  En general, el sentido de estas expresiones hace mención a alguna tarea, preocupación o asunto que nos importuna durante un largo período de tiempo y con una intensidad moderada pero que sí provoca una gran satisfacción y alivio al desaparecer finalmente.  Por ejemplo, el autor tenía la espina clavada de publicar esta entrada desde hace muchos meses, especialmente para poder publicar la tercera de las excelentes ilustraciones que, hace tanto tiempo, dibujó Pilar Chauca para nuestro blog.

Existe en la lengua inglesa una locución verbal, to get something off one's back ("quitarse algo de la espalda"), que podemos emplear en ocasiones con el sentido de "sacarse la espina".  Existe también otra forma relacionada y más pintoresca (to get the monkey's off one's back) que también se emplea con un sentido parecido.  "El mono que se tiene en la espalda" (the monkey on one's back) equivale a un problema o asunto singularmente fastidioso o molesto y, en el origen de la expresión, hacía referencia únicamente a la adicción a alguna droga.

Mucho más frecuente en el lenguaje coloquial, especialmente en Estados Unidos, es encontrarnos con la construcción imperativa get off my back (literalmente, "bájate de mi espalda") cuyo valor está más allá de medio camino entre "déjame en paz" y "deja de tocarme los huevos".  El Cambridge Advanced Learner's Dictionary, más remilgado y preciso, nos indica que la locución to get off somebody's back se emplea para indicar a alguien que deje de criticarnos.

Indiquemos finalmente que existe una construcción similar que puede resultarnos útil para expresar ese desahogo al que se refería la definición del DUE ("desahogarse diciendo o haciendo algo que ha estado reprimiéndose por alguna consideración").  Se trata de to get something off one's chest que el CALD define como "hablarle a alguien sobre algo que te ha estado preocupando o haciendo sentir culpable durante mucho tiempo" ("to tell someone about something that has been worrying you or making you feel guilty for a long time").

Ejemplos prácticos:
  • El Atlético se sacó finalmente la espina ganando al Madrid en el Bernabéu.  By beating Real Madrid at the Bernabeu, Atletico finally got the monkey off their backs.
  • Me alegró de que haya aprobado por fin el CFA.  Tenía la espina clavada después de ser el único del equipo que suspendió el año pasado. I am glad he finally passed the CFA exam.  He's had that monkey on his back ever since he was the only one in the team who failed last year.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Sonar la flauta


A pesar de la generalizada ignorancia sobre su origen y sentido preciso, lo cierto es que las referencias al burro flautista y al sonido de su instrumento siguen siendo muy habituales en nuestras empresas.  No sorprende este hecho dada la tendencia de los modernos profesionales a criticar y menospreciar los méritos o logros ajenos con el propósito, apenas velado, de hacer así aumentar el valor de los propios.

La imagen del burro flautista se incorpora a nuestro acervo cultural a raíz de su aparición en una breve composición rimada del mismo título, publicada por Tomás de Iriarte en 1780 dentro de sus "Fabulas Literarias".  Se nos narra allí como un pollino encuentra una flauta abandonada en un prado y, resoplando junto a ella, consigue que la misma suene de forma melódica.  El borrico se jacta de lo bien que toca y se permite ponderar la calidad de lo que denomina "música asnal".  Ilustra así Iriarte la estulticia de los que se vanaglorian de logros que, en realidad, han conseguido "por casualidad", frase con la que termina cada uno de los párrafos para subrayar el mensaje.  No deja lugar a dudas el propósito de la fábula la moraleja con la que la remata:

"Sin regla del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad".

Por extensión, decimos que a alguien "le sonó la flauta" para, según el Diccionario de la Real Academia Española, "indicar que un acierto ha sido casual".  Se trata, pues, de quitar merito a ese acierto atribuyéndolo, no a la habilidad, capacidad o esfuerzo de su autor, sino más bien al azar o la suerte.  Se comprenderá, así, la utilidad de esta expresión en nuestras oficinas, en contextos competitivos que demandan que, además de exagerar nuestros propios méritos, dediquemos nuestros afanes a desprestigiar los de nuestros semejantes.

Es significativo, por otra parte, que nuestra cultura haya incorporado también una locución relacionada como es "por si suena la flauta".  Mª Leonisa Casado Conde la define en "¡ Se Dice Pronto !" como "por si acaso, por azar o por suerte, se cumplen nuestros deseos".   Sería extenso el catálogo de actuaciones con escasa probabilidad de éxito que se emprenden precisamente en la confianza de que sea la suerte las que nos saque del atolladero.  Casi podría decirse que, en el mundo interior de muchas personas, se ha roto el vínculo directo entre esfuerzo y consecución, dando paso a una azarosa relación donde la suerte y el voluntarismo van ganando protagonismo al tiempo que desaparece toda responsabilidad personal.

Para expresar tan idiomático concepto en inglés, no tenemos muchas opciones más allá de recurrir precisamente a la suerte y traducir "sonar la flauta" como to get lucky.  Dado que, generalmente, queremos subrayar no sólo el azar que ha contribuido al sonido de la flauta sino también la manifiesta inutilidad del agente podemos calificar la suerte y decir dumb luck, algo así como "suerte tonta" o, mejor, "la suerte del tonto".

Existe en los Estados Unidos una curiosa expresión que también puede resultarnos útil en este contexto.  Se trata de to catch lightning in a bottle, que podría traducirse como "meter un rayo en una botella".  El Merriam-Webster Dictionary define esta expresión, de aparición relativamente reciente, como "to succeed in a way that is very lucky or unlikely" ("tener éxito de manera muy afortunada o improbable").  Conviene notar que, generalmente, la expresión se emplea para subrayar más lo improbable o milagroso del logro alcanzado que el indudable papel que la fortuna ha tenido en su consecución.

Ejemplos prácticos:
  • No había estudiado mucho para el examen pero le sonó la flauta y se las apañó para aprobar.  He had hardly prepared the test but he got lucky and managed to pass.
  • La policia llevaba meses buscándola y, al final, la encontraron viva en una granja. No se sabe bien si fue un soplo o que les sonó la flauta.   The cops had been looking for her for months and, in the end, found her still alive in a farmhouse.  Nobody knows whether it was a tip-off or dumb luck.
  • A los Yankees les sonó la flauta en 2011 con los fichajes de dos lanzadores veteranos como Colón y García.  ¿ Les sonará otra vez este año ?  In 2011, the Yankees caught lightning in a bottle by signing veteran pitchers Colon and Garcia.  Can they do it again this year?

martes, 24 de diciembre de 2013

Pasarse por el forro

Dada la extensión con la que ayer nos explayamos en la entrada dedicada a "me la suda" y algunas expresiones similares, quizá no esté de más que complementemos la misma tratando hoy, de manera más sucinta, otras construcciones españolas muy relacionadas con aquellas.  Se trata de locuciones que expresan también desprecio y desdén por las opiniones o propuestas ajenas y que, si bien han caído en cierto desuso, nunca han abandonado el repertorio esencial de la oficina moderna.  Dado su sentido, muy similar al de "me la suda", pueden trasladarse también al inglés recurriendo a las expresiones que tratábamos ayer, tal y como ilustramos más abajo.

Empecemos con la que da título a nuestra entrada de hoy, quizá la más elegante al recurrir a un elemento elíptico, como en seguida veremos.  Efectivamente, decimos que alguien se pasó algo por el forro para indicar que no le prestó la mínima atención, despreciando totalmente la cuestión.  La expresión se refiere implícitamente a un elemento, el "forro de los cojones", que, si bien tiene un probable equivalente anatómico en el escroto, aporta aquí sobre todo el valor de su malsonancia.  De hecho, cuando queremos incrementar la contundencia de la expresión eliminamos toda elipsis ("se lo pasó por el forro de los cojones") o, directamente, la referencia al forro ("sus recomendaciones me las paso por los cojones").

Conviene señalar, para evitar confusiones, que nada tiene que ver este forro genital con el de la expresión "ni por el forro" que, más bien, hace referencia genérica a la parte exterior de alguna cosa.  Según el Diccionario de la Real Academia Española, la construcción equivale a "ni por asomo, ni lo más mínimo" y puede emplearse coloquialmente "para denotar que alguien desconoce completamente una ciencia o los libros que de ella tratan".

También resulta interesante otra construcción que, para expresar la misma idea, recurre a una imagen inesperada pero de connotaciones evidentes.  Se trata de "pasarse por el Arco del Triunfo" que evoca el amplio espacio que dibujan estas construcciones para referirse a las zonas a las que llamamos eufemísticamente "la entrepierna" y que, a efectos de esta expresión, tanto pueden referirse a las zonas genitales como al culo propiamente dicho.  Nótese, en este sentido, que también podemos encontrar la construcción "pasarse por la entrepierna" que, de hecho, aparece recogida en el DRAE con el valor de "expresar indiferencia".  Apuntemos, finalmente, que la construcción "pasarse por el culo", si bien puede emplearse, resulta algo pueril y es poco recomendable en ambientes profesionales.

Ya que transitamos por estos terrenos, es apropiado que nos refiramos también a la expresión "importar tres cojones" que se emplea igualmente para expresar indiferencia.  Ya nos hemos referido en alguna ocasión a la enorme complejidad semántica que rodea las referencias a los testículos en sus diversas formas (pelotas, huevos, cojones, por orden de malsonancia).  En su ya clásico artículo al respecto, Pérez Reverte observaba lo siguiente sobre el uso de la palabra cojones:

La unidad significa algo caro o costoso ("eso vale un cojón"), dos pueden sugerir arrojo o valentía ("con dos cojones"), tres significar desprecio ("me importa tres cojones"), y un número elevado suele apuntar dificultad extrema ("conseguirlo me costó veinte pares de cojones").

Ejemplos prácticos:

  • Le mandé varios correos sobre el tema pero se los pasó por el forro.  I sent him several e-mails on the issue but he couldn't care less.
  • Se pasa los procedimientos por el forro de los cojones cuando tiene que cerrar una operación complicada.  He doesn't give a fuck about procedures when he needs to close a complex deal.
  • Tenía instrucciones claras de no subir la oferta pero se pasó por el Arco del Triunfo lo que le dijimos y terminamos sobrepagando.   Espero que esta vez no se vaya de rositas. He had clear instructions not to raise the bid but he wouldn't give a toss about what we had to say and we ended up overpaying.  I hope this time he doesn't get away with it.
  • Ya sé que es la hija del dueño pero me importa tres cojones su opinión.  No tiene ni puta idea.  I know she's the owner's daughter but I couldn't give two hoots about her opinion.  She doesn't know what the fuck she's talking about.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Me la suda +

Como modesto y quizá inesperado regalo navideño a nuestros sufridos lectores, revisaremos hoy una expresión cuyo conocimiento preciso y empleo profuso resultan imprescindibles en nuestros días.

Efectivamente, nos encontramos ante una de las expresiones coloquiales más empleadas en la oficina moderna y, nos atrevemos a apuntar de forma más genérica, en la vida moderna.  Su popularidad deriva de la importancia de expresar de manera contundente nuestra indiferencia, real o fingida, frente a los muchos despropósitos a los que asistimos en el desempeño profesional y en nuestro devenir cotidiano.

Obsérvese que, al emplear esta construcción, queremos denotar no sólo que la cuestión nos resulta indiferente sino que la despreciamos intensamente, desprecio que se extiende hacia todo lo que tenga que ver con ella. Por ello, en el ambiente profesional no solemos utilizarla directamente ante el autor o generador de la misma, ante el que optaremos todo lo más por un más neutro "me da igual" o por "me importa un bledo/pimiento/pito".

Su recurrencia ha derivado en una amplia pluralidad formal ("me la sopla", "me la refanfinfla", "me la pica", "me la trae floja", "me la pela") aunque su variante más clásica y popular sigue siendo la que da título a nuestra entrada. Se hace necesario, en todo caso, explicitar, para instrucción de nuestros lectores extranjeros, que el objeto directo en todas las expresiones citadas no es otro que "la polla", el término vulgar con que habitualmente nos referimos al pene en España.  De hecho, podemos escuchar la expresión sin ningún tipo de elipsis ("me suda la polla") cuando se busca el énfasis añadido que siempre proporcionan las palabras malsonantes, especialmente cuando se emplean de manera innecesaria.  Tampoco es infrecuente subrayar nuestro desdén con construcciones chulescas del tenor de "estoy entre que me la suda y que me la pela".

Conviene notar que, a pesar de lo habitual del uso de estas construcciones, nuestros diccionarios guardan un remilgado silencio sobre las mismas.  La excepción es la entrada que a "refanfinflar" dedica el Diccionario de Uso del Español, que se limita a indicar que, efectivamente, la expresión "refanfinflársela algo a alguien" se emplea con el sentido de "dejarle totalemente indiferente, no importarle".  Este singular verbo conoce variantes formales que han merecido recientemente un detallado análisis en un muy recomendable artículo del académico de la Lengua Pedro Álvarez de Miranda en el Centro Virtual Cervantes.

Con carácter general, recomendamos trasponer este concepto al inglés mediante el uso de la elegante expresión británica I couldn't care less, que resulta sutil y, sin embargo, transmite un desprecio muy parecido al apuntado por las expresiones españolas. Pese a su apariencia formal, la expresión es bastante agresiva en inglés, matiz que pasa desapercibido cuando utilizamos esta lengua con otros no nativos, contexto en el que podemos emplearla con cierta alegría.   En los Estados Unidos, no es infrecuente, aunque sí gramaticalmente sorprendente, encontrar la expresión en su forma positiva (I could care less) pero con el mismo sentido.

Ejemplos prácticos:
  • A mi su opinión la verdad es que me la suda. To be honest, I couldn't care less about her opinion.
  • Me di cuenta de que lo que le estaba contando se la sudaba. I realized that he couldn't care less about what I was talking about.

Es necesario, sin embargo, ampliar nuestra paleta con otras expresiones más zafías y que incorporan vocablos más sonoros para aquellas ocasiones en las que el "me la suda" quiera ser más contundente y menos cargado de displicencia.

Todas ellas tienen en común utilizar el verbo to give en construcciones negativas con diferentes objetos directos que aumentan o disminuyen su contundencia.  La mayor parte de estas construcciones pueden emplearse con distintas variantes verbales (I don't give; I couldn't give; I wouldn't give) de forma más o menos indistinta.

En la zona más suave (muy próxima a nuestros "me importa un bledo" o "me importa un comino") está el I don't give a damn, hecho célebre por Rhett Butler en "Lo que el viento se llevó".




En esta línea, existe también un gran número de construcciones que incorporan, para ilustrar nuestra indiferencia, elementos a los que se atribuye poco valor o importancia.  Entre ellas, podemos destacar la muy habitual e idiomática I don't give a toss, la variante que incorpora hoot (en singular y también en pareja, two hoots) y otras más pintorescas y hoy algo anticuadas que se refieren al culo de una rata (a rat's arse) o la maldición de un vagabundo (a tinker's cuss y también a tinker's dam).  Muy curiosa resulta también la expresión I don't give a monkey's, cuyo origen se explora en este enlace que ilustra lo dinámico del lenguaje y que quizá no siempre hay que ponerse en lo peor.


La utilización de elementos malsonantes no es exclusiva, en todo caso, de nuestra lengua aunque la misma sea especialmente generosa en su empleo.  Así, en inglés también encontramos construcciones como I don't give a shit, I don't give a fuck o la muy curiosa I don't give a flying fuck.

Ejemplos prácticos:
  • Me la suda que no se lo hayan comunicado todavía. Es su problema. I don't give a toss if they haven't been told yet. It's their problem.
  • Me la suda que venga o no. I don't give a shit whether he comes or not.
  • El tema me la trae floja. I don't give a fuck about it.
  • En este momento al mercado se la sudan las revisiones de beneficios. At this point the markets wouldn't give a monkey's about earnings revisions.

Mención aparte merece una singular expresión británica que ha ganado popularidad en los últimos años, hasta el punto de que fue nombrada Word of the Year en 2006.  Se trata de la construcción Am I bovvered, cuyas sorprendentes dos uves ridiculizan la pronunciación de bothered y dotan a la expresión de una sonoridad incomparable.  La frase fue popularizada por la actriz Catherine Tate e incorporada al repertorio de su personaje Lauren Cooper, a quien podéis ver en acción en este extraordinario video que ilustra el empleo de la frase.