Lo cierto es que la corona de laurel era empleada ya en la Grecia antigua para distinguir a las personas que habían alcanzado algún logro o triunfo de singular importancia. Así, se otorgaba desde luego a los vencedores en la batalla pero también en los Juegos Olímpicos y otros eventos deportivos, e incluso a los poetas más apreciados. Aunque en nuestra lengua el término "poeta laureado" resulta ciertamente rancio si no anacrónico, en el Reino Unido sigue existiendo un puesto oficial con esa distinción, aunque evidentemente ya no se dedica a escribir odas de exaltación de la Familia Real, lo cual sería difícil en todo caso, salvo en una línea puramente humorística.
La mitología griega sitúa el origen de esta práctica en la desventurada relación entre Dafne y Apolo, glosada por Ovidio en "La Metamorfosis". Convertida su adorada Dafne en un laurel, Apolo jura amarla eternamente y que las hojas de ese árbol adornen la cabeza de los triunfadores. Según el mito, es también la eterna juventud de Apolo la que dota a las hojas de laurel de su carácter perenne.
Además de en nuestros parques y jardines y como condimento culinario, el laurel pervive en nuestra vida cotidiana en una expresión de cierto uso en la oficina moderna. Nos referimos a "dormirse en los laureles", que el Diccionario de la Real Academia Española define como "descuidarse o abandonarse en la actividad emprendida, confiando en los éxitos que ha logrado". De forma similar, el Diccionario de Uso del Español asigna a esta locución el valor de "abandonarse o cesar en un esfuerzo después de haber conseguido un triunfo".
La conducta que se describe es, desgraciadamente, muy habitual en nuestras empresas. Confiados por haber alcanzado alguna meta parcial, generalmente no demasiado importante, muchos son los que relajan sus esfuerzos, esperando ya el reconocimiento de sus logros. Ponen así en peligro la consecución de los objetivos finales y, las más de las veces, condenan al fracaso los esfuerzos propios y ajenos por esa displicencia sobrevenida.
La expresión inglesa que podemos emplear en este sentido es casi idéntica a la española. Se trata de to rest on one's laurels (literalmente, "descansar en los laureles"), definida por el Cambridge Dictionary of Idioms como "to be so satisfied with your own achievements that you make no effort to improve" ("estar tan satisfecho con tus logros que no haces ningún esfuerzo por mejorar").
Cuando transitamos estos terrenos, especialmente en el contexto deportivo, podemos encontrarnos con una irónica expresión británica que puede resultarnos útil para enfatizar nuestro mensaje. Efectivamente, en inglés podemos decir to snatch defeat from the jaws of victory (que podría traducirse como "arrancar la derrota de las fauces de la victoria", revirtiendo el orden que parecería lógico) para indicar que conseguimos fracasar en una situación en la que parecía imposible hacerlo.
Ejemplos prácticos:
- Después de pasar a la selección final con la mejor oferta, se durmieron en los laureles y acabaron perdiendo el contrato. After they made the short list with the best offer, they rested on their laurels and ended up losing the contract.
- Sus cifras de ventas del primer trimestre han sido impresionantes pero espero que ahora no se duerma en los laureles. El año pasado también empezó muy bien y acabó incumpliendo objetivos. His sales figures for the first quarter were very impressive but I hope he doesn't rest on his laurels now. Last year he also started very well and ended up missing the targets.
- Ganábamos 3-0 en el minuto veinte pero nos dormimos en los laureles en la segunda parte y perdimos 3-4. Siempre encontramos una forma de perder aunque parezca imposible. We were 3-0 up after 20 minutes but in the second half we rested on our laurels and lost 3-4. It seems we always manage to somehow snatch defeat from the jaws of victory.
